TORMENTA PERFECTA EN EL PAN
RUBÉN OLVERA MARINES
Cuando la navegación del PAN en Coahuila transcurría tranquila, sin sobresaltos, rumbo a la elección de 2017, sucede lo inesperado: la presencia simultánea de dos huracanes, ambos, a decir de las recientes encuestas, de proporciones similares. Me refiero a Guillermo Anaya e Isidro López, cuyo enfrentamiento está a punto de desencadenar lo que los ‘meteorólogos’ de la política identificarían como una ‘tormenta perfecta’.
El inconveniente es que en el PAN, después de la tempestad no llega la calma.
Los apellidos —Anaya y López— chocaron desde que el segundo decidió competir por la alcaldía de Saltillo. En ese momento, el panismo de La Laguna entendió que si Isidro López ganaba la contienda, se convertiría en un verdadero dolor de cabeza para las aspiraciones de Guillermo Anaya, Luis Fernando Salazar, Marcelo Torres, o cualquier otro panista lagunero que aguarde gobernar Coahuila.
Isidro López logró romper el consenso que existía al interior de Acción Nacional respecto a la figura de Guillermo Anaya como la única alternativa capaz de enfrentar a la maquinaria priista de los Moreira o del grupo que tome el control del PRI coahuilense en los próximos meses. Para los cercanos al saltillense, el lagunero tuvo su oportunidad hace cinco años; en cambio, un importante grupo de empresarios y ciudadanos —la mayoría saltillenses— que observan en la figura de Isidro López la opción del PAN para pelearle a los tricolores la gubernatura, presumen que es un buen momento para que un empresario, sin gran trayectoria política, gobierne Coahuila.
El primer convencido de este encomio es el propio Isidro López, de ahí que él mismo y sus allegados entonan el “caballo que alcanza gana” cuando, en algunos sondeos, el empresario se aproxima al abogado lagunero. Frente a la estructura burocrática del PAN coahuilense, que en su mayoría comulga con Anaya, el saltillense emplea el plural cuando se refiere al proceso interno de su partido “…hemos seguido trabajando los seis aspirantes…” Pero las formas se esfumarán pronto. En unas cuantas semanas el “nosotros” se convertirá en un firme “yo”. Isidro parece tomar vuelo, confianza, incluso le está invirtiendo, siente que rasguña, que araña de candidatura; pretende terminar con el dominio lagunero en las candidaturas del PAN de las últimas tres elecciones.
Sin embargo, para beneplácito de los analistas, en esta elección el PAN navegará sobre aguas en donde un huracán de categoría 4 está a punto de estrellarse con otro de categoría 5. Porque Guillermo Anaya —viejo lobo de mar— juzga que el PAN tiene ante sí una oportunidad inigualable —las encuestas así lo indican— para competir con ventaja por la gubernatura de Coahuila. Jalará con todas sus fuerzas de la cuerda para inclinar la balanza a su favor. El ex alcalde de Torreón considera que no es momento de otorgar ventaja al PRI; tenga usted por seguro que ni siquiera un breve instante ha pasado por su mente la idea de otorgarle a Isidro López la candidatura, hoy menos que nunca.
Una calma aparente esconde el carácter territorial, grupal, incluso generacional del PAN en Coahuila; un abanico de tonalidades, azul celeste, azul marino, azul verdoso, etc., etc., coexisten, pero no conviven, al interior del organismo político.
La tormenta se aproxima. La lógica del encasillado, del rompimiento, del “prefiero que gane otro a que lo haga mi adversario interno”, dibuja relámpagos y centellas en el horizonte panista. Entre más se extienda la tensión de esta lógica, más le costará a Acción Nacional volver a la calma. Y Ricardo Anaya que no se decide.
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