Los aspirantes a la gubernatura de Coahuila transitan por un camino minado. La mayoría de sus movimientos o declaraciones públicas encuentran rápidamente bombas mediáticas en contra. Todos, ya sea el aspirante “oficial” o los “broncos” y “corceles”, militen o no en los distintos partidos, han sido presas del “bullying” político coahuilense.
Pero la existencia del mecanismo que intenta apaciguar las aspiraciones electorales, no aplica igual para todos. Algunos, presumen privilegios; algunos, tal vez, cuenten con el mapa para ubicar los explosivos, y sepan perfectamente dónde pisar sin dañar susceptibilidades.
Es cosa sabida, aunque sólo sea por trascendidos o rumores, que la cúpula estatal del PRI no tiene ojos más que para un aspirante. En el PAN, por su parte, la estructura que integra los órganos de dirección nacional y local, es afín, en su mayor parte, al grupo de La Laguna, por lo que podría inclinarse por uno de los liderazgos de aquella región del estado. Sin embargo, en una consulta abierta a la militancia, el PAN es el partido de las sorpresas; sólo recordemos la irrupción de Felipe Calderón en el 2005, ganándole aquella contienda interna al “favorito”, Santiago Creel.
¿Será 2017 un año de sorpresas en las internas del PRI y del PAN? Este año, en el PRI hemos visto como algunos gobernadores han puesto cara de asombro al enterarse que el Comité Ejecutivo Nacional designó a un candidato distinto a su “favorito”. El PAN también ha mantenido la “línea” de su órgano de dirección nacional.
Es por ello que en Coahuila llama poderosamente la atención la interrogante relacionada con las oportunidades que tendrían el diputado federal, Javier Guerrero García, por el PRI, y el alcalde de Saltillo, Isidro López Villarreal, por el PAN, para representar a sus respectivos partidos en la contienda electoral de 2017.
Lo interesante de ambos, es que en el papel ninguno es poseedor del mapa de los explosivos, es decir, en apariencia, ninguno de los dos es el favorito de las dirigencias estatales de sus partidos –ojo, dije “estatales”−. Vamos, ni siquiera suenan como el plan B de cada instituto político –insisto, en el ámbito local−. Por el PRI repiquetea fuerte el coordinador de los diputados del PRI en San Lázaro, Armando Luna, como la alternativa de Miguel Riquelme. En el PAN, Gerardo García, alcalde de Monclova y el senador Luis Fernando Salazar, destacan cada vez más sobre Guillermo Anaya.
¿Dónde quedan entonces los proyectos de Isidro López y Javier Guerrero? Evidentemente ambos, empresario y político, junto a sus tropas –una menos nutrida que la otra−, extienden su avance sobre el campo minado. ¿Lograrán sortear cada unos de los artefactos colocados estratégicamente por sus opositores?
El empresario es, entre los panistas, el aspirante más visible. El hecho de gobernar la capital del estado, lo sitúa en una posición privilegiada, pero, a la vez, enfrenta los mayores obstáculos, con el riesgo de caer abatido −políticamente− por una de las peligrosas trampas que a diario encuentra en su camino. Curiosamente, algunos de sus correligionarios, son los que aguardan impacientes un duro tropezón del alcalde capitalino. Sus allegados repiten con frecuencia la frase: “lo que no mata, fortalece”.
En el otro extremo –no sólo profesional, también ideológico−, el político lagunero transita con mayor tacto y sobre un campo más despejado. Primero, los años y las batallas libradas, le han otorgado un radar que le permite avanzar con mayor cautela; debe tener bastante claro en qué momento y con qué intensidad movilizar a sus tropas. Segundo, su posición como diputado federal plurinominal, le permite congregarse por todo el estado, sin estar amarrado a un distrito o municipio como sus adversarios; luego, en el terreno federal, se mueve bastante bien y en ocasiones se deja ver con algunos generales.
Un campo se mina para restringir el movimiento del adversario, temiendo que la tropa sea más numerosa.
Su Opinión: [email protected]





