De nuevo el peso de la inseguridad ha vuelto a ser el eje alrededor del cual gravita la agenda nacional. Sucede que el pasado mes de octubre se registró como el más violento de los últimos veinte años desde que se lleva una estadística oficial. En tanto, las organizaciones de la sociedad civil no se hicieron esperar y alzaron la voz, demandando un mayor esfuerzo de las autoridades. Así se escuchó recientemente a la activista María Elena Morera, presidenta de Causa Común, cuando en presencia del Presidente Enrique Peña y de su equipo de seguridad, aseguró que “la violencia representa una emergencia nacional que pone en riesgo la estabilidad del país”.
Morera no se anduvo por las ramas, y en una especie de catarsis, que diversas organizaciones estarían dispuestas a replicar, afirmó que “La inseguridad la consideramos de proporciones bélicas, los asesinatos, las desapariciones, las violaciones a los derechos humanos, los secuestros, las extorsiones, los robos, ya se hicieron parte de la vida misma de los ciudadano”.
Una guerra habitual. Crímenes comunes. Calamidades cotidianas. La violencia no es, vivimos en ella. El crimen, las desapariciones, las extorciones y los robos, son algunos de los momentos habituales de nuestra vida diaria, tan rutinarios como tomar el café de la mañana. Ya sea en los medios, el vecindario, la familia, la escuela, el trabajo, la charla de la cena, asoma ella, burlona, comodina, impertinente, excedida.
No es el mes de “octubre rojo”. No fueron las palabras de Morera. No fue el reciente llamado del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio, para reformar el modelo de seguridad pública. Ni siquiera el presente sexenio tiene mucho que ver. Es ella, la violencia, manifestación fiel de la inseguridad, que regresa triunfante (tal vez nunca se fue), la que desplazará a otros temas (renegociación del TLCAN) de la agenda de gobierno, de aquí al final del sexenio. Ya lo está haciendo.
¿Por qué esperar otro mes como el de octubre u otra llamada de atención como la de Morera? Mejor actuar de una vez. Resolver, ya. Consensar de inmediato. ¿Acaso es mucho pedir a las autoridades y a los partidos?
El secretario de Gobernación puso la bola en juego, y frente a senadores declaró: “Ante esta a situación, es fundamental reformar un modelo (policial) que proviene del siglo pasado y que ya no responde a la realidad actual. Para pasar de un esquema que propicia la dispersión de fuerzas y la debilidad crónica, a otro que brinde mejores bases para construir policías locales sólidas, confiables y con mayor capacidad de respuesta”.
¿Mando mixto, único, certificación policial, policía militar, ejército y marina en las calles, coordinación interinstitucional y entre niveles de gobierno, profesionalización y mejores sueldos a los cuerpos de seguridad, legalización de narcóticos, prevención, reconstrucción del tejido social, nuevo sistema de justicia? Usted y yo qué sabemos si estas iniciativas, reformas o políticas públicas son de éste o del siglo pasado. Incluso al momento de necesitar apoyo, no distinguimos si el policía es local, estatal o federal; se recibe la ayuda y se agradece por igual. Y, por supuesto, se respeta la investidura y se valora y reconoce el riesgo de su labor. Seamos prácticos y directos: demandamos consenso, sensatez y efectividad a las autoridades y partidos. Apremia la reforma al modelo de seguridad y policial del país.
Desde allá, desde las alturas de las oficinas de gobierno, la inseguridad se percibe distinta. Estadísticas, sondeos, cálculo político. Todo es números. Nada apremia. Las reformas pueden esperar a los “tiempos” políticos. En cambio, en la población, las colonias, la escuela, el trabajo, las ciudades y los pueblos, el flagelo del crimen se manifiesta en personas desaparecidas, fosas clandestinas, asaltos, extorsiones, indiferencia de las autoridades, complicidades.
O los partidos se sientan a dialogar para lograr un gran acuerdo a favor de la seguridad o vienen las elecciones y los ciudadanos sabrán cobrar cuentas.
Y más todavía. Nadie puede jactarse de las estadísticas y cantar victoria en los temas de la inseguridad y la violencia. Lamentablemente está demostrado que, al menor descuido, siempre vuelven.
Tu Opinión:[email protected]





