MIGUEL RIQUELME, EN BUSCA DE LA LEGITIMIDAD RUBÉN OLVERA MARINES

20 octubre 2017
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olvera123

El drama electoral de Coahuila está a punto de concluir. Al momento, las apuestas se inclinan por la validación del triunfo de Miguel Riquelme. Si los cafeinómanos saltillenses aciertan en sus conjeturas, y el Instituto Nacional Electoral desiste en su intento por engrosar los gastos de campaña del PRI, los tribunales electorales podrían estar validando el triunfo electoral que el ex alcalde de Torreón obtuvo en las urnas el 4 de junio.

Pero en el desenlace de la elección más competida de la historia de Coahuila, situamos una sátira singular: en el momento que los tribunales validen la elección, y Miguel Riquelme asuma la gubernatura, el verdadero drama político estará apenas comenzando.

Deletreando la famosa canción de Daft Punk, Get Lucky, “All ends with beginnings”, la legalidad otorgada a la elección del 4 de junio es apenas el comienzo, porque contrastará con el enorme déficit de legitimidad con el que el PRI y Riquelme iniciarán su gobierno. Una cuesta arriba que le costará un enorme esfuerzo escalar al nuevo gobernador. El margen que tendrá para regir los destinos de la entidad, será tan estrecho como ajustada fue la diferencia entre el PRI y el PAN en las pasadas elecciones.

De confirmarse el triunfo del PRI, Miguel Riquelme tendrá en sus manos una fotocopia de un escrito que le dará legalidad a su gobierno, un salvoconducto para transitar de aquí al primero de diciembre cuando tome protesta. Pero ese mismo día, por la tarde, la constancia que el nuevo gobernador portará celosamente en su cartera y que exhibirá en forma elegante en algún vistoso lugar de su despacho, de poco o nada le servirá. Se encontrará con un Congreso que le es adverso; su tierra, Torreón, otrora su bastión electoral, en manos del PAN; su equipo cercano, con el descrédito de no haber ganado ni uno solo de los distritos en Torreón; enfrente, el Frente, que de continuar unido en el Congreso en torno a temas cruciales como la rendición de cuentas y el combate a la corrupción, se convertirá en un pesado costal repleto de señalamientos, observaciones y críticas al gobierno del PRI, haciéndole todavía más pesada la pronunciada pendiente; y, por si fuera poco, a la mayoría de los votantes, al menos el 60% que no sufragaron por Riquelme, no les bastará la legalidad otorgada por los tribunales para conceder siquiera el beneficio de la duda a un partido que resultó ganador en medio de la controversia.

La legitimidad, la confianza ciudadana, no se gana con alegatos en los tribunales. Se construye con un buen gobierno.

Si Miguel Riquelme toma una lectura imprecisa del escenario, presuroso solicitará a su tesorero echar mano de los recursos públicos para buscar con programas y acciones vistosas, la ansiada legitimidad y estabilidad en su gobierno. Pronto se dará cuenta que el hueco financiero es tan grande como sus deseos de encontrar un buen secretario de Gobierno capaz de mantener en orden a la oposición.

Si lo encontrase, es decir, si opta por rodearse de funcionarios acuciosos y certeros en sus recomendaciones, escuchará de ellos una sencilla pero reveladora frase: “Es la política Miguel, sitúa tu atención en la política, nos desestimes la fuerza de la política”.

Y la política, nos enseñaron los clásicos que hicieron de ella una ciencia, dicta principios básicos cuando un gobierno entra en aprietos: romper con el pasado, castigar los excesos y renovar los afectos.

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