MANOLO JIMÉNEZ, ¿LA ESPADA O EL CINCEL? RUBÉN OLVERA MARINES

17 noviembre 2017
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Los dedos de una mano son demasiados en comparación con el número de cuadros visibles que tiene el PRI de Coahuila para competir con decoro en próximas elecciones. Una de esas contadas representaciones es la figura del alcalde electo de Saltillo, Manolo Jiménez.

Jiménez no es ningún novato en política. A pesar de su juventud, ha ocupado cargos de exigencia, formándose un panorama de las artes de gobierno y un diagnóstico realista de las condiciones socioeconómicas de la capital coahuilense. Pero ninguno de los retos que ha enfrentado en su carrera, se compara con el desafío de gobernar una de las ciudades más competitivas del país; habitada por un electorado cada vez más exigente, dispuestos a cambiar de partido en el gobierno ante el menor desliz o penuria administrativa de los funcionarios.

La imagen de la alternancia en 2018, interrumpe las reflexiones de Manolo, que en su interior traza un proyecto de ciudad ambicioso y retador, imposible lograr con tan sólo un año de gobierno. Por lo que el regreso del PAN a la presidencia municipal, sea él o no el candidato del PRI para 2018, podría representar un descenso importante en la carrera del joven político saltillense.

La reelección se definirá en dos frentes: la política y su prima hermana, la administración. La política se le ha dado al priista. Supo, como pocos, aprovechar la escasa porosidad del actual grupo en el poder. Cuando en este año Saltillo parecía imposible de recuperar para el PRI, Manolo luchó por la candidatura, la obtuvo y ganó la alcaldía en forma contundente. Pero en el horizonte se vislumbran dos obstáculos difíciles de sortear. Enfrentará la competencia de dos pesos pesados de la política; tal vez, de los mejores alcaldes que ha tenido esta capital: Jericó Abramo, su compañero de partido, e Isidro López, del PAN. Ninguno de los dos oculta sus aspiraciones de regresar a la oficina del Boulevard Francisco Coss.

Competir con Jericó por la candidatura del PRI para la alcaldía de Saltillo en 2018 y, si las cosas se acomodan, en la constitucional con Isidro, implica un reto considerable, temporal y administrativo: ¡superar en seis meses, lo que sus antecesores hicieron en tres años!

Hay quienes tratan seducir al alcalde electo entonando el canto de las sirenas,  conduciéndolo hacia la confrontación, lo invitan a iniciar el ataque y sacar los ‘trapitos’ de sus antecesores.  Los más sensatos, le sugieren trazar una estrategia inteligente, haciendo política en la forma más sensata del término: cultivando un buen gobierno. Pero, ¿qué tantas posibilidades tendrá Manolo Jiménez de hacer lucir su gobierno con tan sólo seis meses en el cargo previos a la reelección, en una ciudad competitiva que exige obras y programas públicos de alto nivel, habitada por electores cada vez más rigurosos e informados y gobernada con antelación a Manolo por dos alcaldes que dejaron un buen sabor de boca?

Desenfundar la espada no es la estrategia que más se ajusta al tiempo y la circunstancia de Manolo Jiménez. En cambio, dedicar el poco tiempo que tiene disponible para atender con diligencia los temas urgentes que agobian a los saltillenses y que determinan directamente su calidad de vida (seguridad, transporte, movilidad, pavimentación y bacheo, foto multas, servicios municipales, infraestructura peatonal, espacios para la convivencia, tramitología para la apertura de nuevos negocios, entre otros), es la maniobra más recomendable para aspirar a la reelección o, al menos, para dejar huella en los electores de la capital.

Ciertamente, las tareas de gobierno, la talacha, el cincel, no llaman tanto la atención de los medios, como sí lo hacen las confrontaciones políticas. Pero en seis meses previos a la reelección o en un año si las circunstancias no se acomodan, la estrategia ganadora de Manolo Jiménez se revela diáfana, aunque exigente: gobernar como si continuara en campaña; presencia permanente en las colonias y cumplimiento estricto de cada uno de los compromisos de campaña.

El tiempo apremia, ¿la espada o el cincel? Manolo.

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