Desde la revolución México vivió de la mano del PRI un sistema donde los delincuentes y quienes los debían combatir pertenecían a un mismo amo, uno que en una suerte de rigurosa verticalidad imponía un orden perfecto, donde se impedía una escalada desproporcionada de violencia aunque las instituciones de seguridad estuvieran mal equipadas y mal entrenadas.
Tras la transición democrática del 2000 el orden entre delincuentes y fuerzas de seguridad se rompió, los primeros fueron lo suficientemente capaces de convertir sus organizaciones en compañías altamente rentables, que ante la incapacidad y aletargamiento de los segundos pronto expandieron sus líneas de negocio al grado de desplazar al Estado en diferentes zonas del país.
Durante semanas Gerardo Ortiz ha sido noticia, un cantante de banda con un amplio repertorio de narcocorridos, a quien la autoridad de Jalisco se ha dedicado a perseguir en una suerte de cacería de brujas después de la difusión de un video musical en que se señaló se hacía “apología del delito”. Ortiz es uno de los exponentes más importantes del incomprendido género, uno que se limita a relatar una acontecer diario que padece nuestro país.
Cierto es que nuestro país está muy lastimado por la violencia, pero esta no terminará con llevar cantantes a prisión, sino solo hasta que seamos capaces como sociedad de construir solidas instituciones de procuración e impartición de justicia.
La transición democrática del 2000 la construyó una generación de ciudadanos que estaban bastante hartos del viejo sistema caciquil del PRI, sin embargo, la generación de políticos que sobrevino de esa alternancia, en una complicidad atroz, ha sido incapaz de derribar ese pasado corrupto y construir un presente de instituciones democráticas que permitan un mejor porvenir para todos los mexicanos. Sí, los políticos son los enteros responsables, entre otros males, de la ola de violencia que atormenta a nuestro país, pero nosotros se los hemos permitido.
Una pregunta.
¿Seremos capaces como sociedad de construir ahora una alternancia institucional?





