*LA CIUDAD Y EL CIUDADANO.* POR: G.A.R.

29 mayo 2019
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LA NUEVA EFEMÉRIDE SALTILLENSE.

LA ANGUSTIA DE LA REGIÓN CENTRO.

LAS 100 UNIVERSIDADES ‘FANTASMAS’ DE LÓPEZ OBRADOR.

EL PROCESO DE COLONIZACIÓN SIGUE VIGENTE EN MÉXICO.

CIEN AÑOS DEL ECLIPSE QUE DIO LA RAZÓN A EINSTEIN.

ENCUENTRAN VIDA EN EL LUGAR MÁS INFERNAL DE LA TIERRA.

EL COUNTRY ES COMO UNA RELIGIÓN.

*LA CIUDAD.*
FECHA PARA RECORDAR.
28 de mayo de 2019. Saltillo define su esencia turística, más allá de la marca: vinos y dinos. Se integra la Ruta Vitivinícola y Paleontológica. De la prehistoria a la modernidad agroalimentaria.
El mayor incentivo para los emprendedores e inversionistas que quieren crecer y desarrollar proyectos y negocios de turismo.
Cubiertos en un sarape multicolor los fósiles del Cretácico, recordados con la ayuda de los espíritus de la vid, que se atesoran en el cristal, para esperar el momento de la convivencia y el disfrute,  entre los visitantes y los anfitriones.
La hora eterna de la hospitalidad.
Histórica iniciativa del Gobernador Miguel Riquelme y el Alcalde Manolo Jiménez.

*EL ESTADO.*
LA ETERNA LUCHA DE MONCLOVA Y LA REGIÓN.
Años y más años padeciendo la incertidumbre mundial de la industria del acero. Monclova y la región centro esperan la tranquilidad y la certeza en la permanencia y el sano funcionamiento de su mayor fuente de empleo.
Altos Hornos no se puede detener.

*El PAÍS.*
LAS 100 UNIVERSIDADES ‘FANTASMAS’ DE LÓPEZ OBRADOR.
La política universitaria en México se ha visto enfrentada al espejo de la precariedad. Después de haber promulgado en la reforma educativa la obligatoriedad del Estado de garantizar la educación superior, Andrés Manuel López Obrador tiene como desafío el brindar acceso universitario a 300.000 jóvenes mexicanos.

La única política del Gobierno para alcanzar ese objetivo hasta el momento ha sido la creación, en apenas cinco meses, de un centenar de universidades. La que podría ser la política más progresista en un país donde solo dos de cada 10 jóvenes tienen acceso a la universidad, según datos de la OCDE, se ha convertido en blanco de críticas por las carencias y la poca efectividad de la iniciativa.

Sin edificios o apiñadas en algún lugar pequeño, con planes de estudio diseñados en tiempo récord, con profesores elegidos en un mes y capacitados en una semana y, la mayoría, con carreras que no tienen acreditación oficial de la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Al menos 83 de las 100 universidades de López Obrador han abierto sus puertas ya, según ha anunciado este martes la directora del programa, Raquel Sosa.

La capacidad que tendrán las universidades, cuyos alumnos reciben una beca económica de 2.400 pesos mensuales (125 dólares), aún es incierta.

En un primer momento estaban previstas para 64.000 estudiantes, pero el Plan Nacional de Desarrollo (PND) estableció hace algunas semanas que atenderían a 32.000 personas. Es una cifra poco significativa en un sistema que en el último ciclo registró una matrícula de 3,8 millones de alumnos.

“Los números más optimistas dicen que, si funcionaran a su máxima capacidad, no subiríamos la cobertura ni un 1%”, señala Alma Maldonado, investigadora en Educación Superior del Instituto Politécnico Nacional (IPN). El Gobierno se ha puesto como meta 300.000 alumnos.

«Es como si creáramos otra UNAM en los pueblos más pobres», ha dicho López Obrador este martes en referencia a una de las universidades más importantes del continente. Es un objetivo ambicioso pues estos planteles tienen hoy 7.575 estudiantes. «En la medida que se tenga más dinero, se irá ampliando el programa», ha justificado.

El Gobierno ha destinado 1.000 millones de pesos (unos 52 millones de dólares) a las Universidades para el Bienestar Benito Juárez. Los datos de cómo funcionan sus programas son muy escasos.

Solo se han publicado las carreras que ofrecen y las ciudades donde habrá sedes, pero aún no tienen domicilio fijo. La idea es que en el futuro funcionen de manera permanente en edificios construidos por vecinos en terrenos concedidos por campesinos o autoridades municipales.

«Estas comunidades nos han donado terrenos y espacios, nos están prestando locales para iniciar nuestras actividades», ha explicado Sosa durante la presentación.

La celeridad para llevar a cabo las propuestas ha sido una de las características del Gobierno de López Obrador. Esta no es la excepción. “Hacer una universidad no es levantar cuatro paredes, un techo y ponerle una puerta”, señala Hugo Casanova, director del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Levantar una institución universitaria implica un trabajo de años, explica. “Si fuéramos serios no diríamos que va a haber una universidad en unos meses. Lo que hay que esperar es que se pongan las bases para las instituciones”. El académico admite que la noticia fue recibida con optimismo en el ámbito educativo.

Otra alerta que ha encendido el programa es la falta de un plan integral de educación superior. “López Obrador no tiene una política educativa, tiene una política social en la cual la educación juega en términos de inclusión”, señala Manuel Gil Antón, profesor e investigador de El Colegio de México.

El presidente dijo que el objetivo del programa es reducir la actividad criminal. “Es mil veces mejor tener a los jóvenes estudiando o trabajando, que tenerlos en la calle”, afirmó el mandatario en marzo. Una fórmula que, según los académicos, no funciona como una ecuación lineal.

Las Universidades para el Bienestar Benito Juárez tienen su antecedente en las nueve escuelas del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), unas instituciones creadas por el partido del presidente y subsidiadas por los legisladores de la formación. Esos planteles han sido incorporados ahora a la lista del centenar, pero menos de la mitad tienen acreditación de la SEP.

Gustavo es estudiante de medicina desde hace tres años en el plantel de Tlalpan, en Ciudad de México.

Como la mayoría de los alumnos de las instituciones que comenzaron clases en mayo, no sabe si una vez que acabe la carrera tendrá un título acreditado y podrá ejercer. “Cuando empezamos nos dijeron que algunas universidades habían comenzado igual de mal o peor”, cuenta.

El programa, planteado por fuera de la SEP, será responsabilidad de Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y El Caribe (Crefal), un organismo internacional con sede en México creado para incentivar la cooperación de América Latina en materia educativa.

Los países miembros no aprobaron nunca la incorporación de este proyecto, algo obligatorio bajo su estatuto, según han afirmado representantes de Brasil, Ecuador y Uruguay a este periódico. Les fueron comunicadas las intenciones en diciembre, pero no lo habían debatido hasta mediados de mayo. Pese a eso, la Administración de López Obrador había anunciado con bombo y platillos que contaba con el respaldo del centro.

“No hay respeto por las instituciones ni por las formas. Crefal venía con un proyecto interno y lo desmantelaron para meterle las 100 universidades”, comenta Alma Maldonado.

La crisis generada en el organismo internacional a partir de este proyecto alertó incluso a un grupo de académicos latinoamericanos que envió una carta a finales del año pasado a López Obrador para manifestar su preocupación por el “riesgo de desplazar la agenda [del centro] y opacar su compromiso”. Pese a la irregularidad de la situación, ninguno de los países miembro se animó a alzar la voz.

El pase de la responsabilidad del programa a Crefal generó además polémica porque el organismo internacional, que estará a cargo del dinero de las universidades, no tiene obligación de acreditar sus gastos ante el Gobierno de México.

Sin profundizar en el tema, el secretario de Educación mexicano, Esteban Moctezuma, señaló este martes que el presidente firmará en los próximos días un decreto «para crear un organismo descentralizado para el manejo de las universidades». Mientras tanto y sin rendir cuentas, el proyecto de López Obrador se afianza. De momento, solo de manera precaria.

*CULTURA.*
EL PROCESO DE COLONIZACIÓN SIGUE VIGENTE EN MÉXICO.
La revista de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) desembarca en España con Ritmo, el número 848 de su nueva época. La publicación de referencia iberoamericana es un punto de encuentro del debate cultural multidisciplinar en el que caben todas las voces —a favor y en contra— y de todas las generaciones, explica en una entrevista su directora, Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973).

La escritora mexicana asumió en marzo de 2017 el reto de dirigir y renovar la publicación cultural más antigua de América Latina.

Un desafío que asumió con responsabilidad e ilusión para que la revista entrara de lleno en el siglo XXI, no sólo con un nuevo diseño, también con temáticas actuales, voces diversas y una extensión a formatos como el podcast, un programa de radio y de televisión.

El archivo digital gratuito revela que por su sus páginas han pasado autores como Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Fernando Pessoa, Elena Poniatowska y Juan Rulfo, entre muchos otros.

Nettel, autora de novelas como El huésped, finalista del Premio Herralde en 2005, quiere que el diálogo continúe a ambos lados del océano y desde todas las disciplinas: arte, ciencias y humanidades. Paul B. Preciado, Mariana Enríquez, Emiliano Monge o Enrique Vila-Matas toman el testigo con sus textos en esta edición con la que llegan a las librerías de Madrid y Barcelona.

Pregunta. La revista nace en 1930, como un boletín, a partir de 1946 se convierte en la Revista de la Universidad y ha tenido directores como Luis Villoro ¿Qué preocupaciones tuvo al asumir esta nueva etapa?

Respuesta. Era complicado porque la revista tiene una tradición muy grande y era un poco intimidante, pero por otro lado era un reto muy lindo.

A mí siempre me gustó hacer revistas y tengo todo el apoyo de la universidad, que me dijo «toma el proyecto en tus manos, renuévalo y haz lo que tú quieras» fue muy tentador. Ahora, ya sabía que me iba a quitar tiempo para la escritura y eso era lo que más miedo me daba.

P. ¿Cómo lo combina?

R. Es complicado, pero ahí voy.

P. Usted es la segunda mujer en el cargo, después de Julieta Campos. En la época del Me Too ¿qué reflexión hace?

R. Estamos en pañales en México respecto a la igualdad de género, aunque no solo en México por desgracia en todo el mundo. Hay feminicidios tremendos, nueve mujeres mueren al día por razones de género, es una barbaridad, para mí es importantísimo que haya paridad de género por lo menos en nuestras páginas y buscamos ese equilibrio siempre. Autoras hay, investigadoras hay, lo que pasa es que hay que invitarlas y hacerles saber que tienen el espacio.

P. ¿Cómo se planteó la renovación?

R. Quería que fuera pluridisciplinaria, que fuera un lugar de espacio y de encuentro entre estas diferentes disciplinas que convocara a los universitarios pero que no se quedara solamente en la universidad, y que fuera mucho más enfocada a los jóvenes, además de todas las generaciones, pero que llamara a los jóvenes.

P. ¿Qué factores tuvo en cuenta?

R. Esta revista había tenido épocas de mucho auge, sobre todo en los años 60, en la que había sido también multidisciplinaria y quisimos retomar esa época para que fuera de todos, no sólo de los que hacen literatura, ciencias sociales, sino que pudiéramos estar todos en contacto.

P. ¿Por qué incluir nuevos formatos como podcast?

R. Una de los aciertos de esta época es que ya no está considerada como una revista académica, ni institucional. Con una convocatoria muy abierta. La UNAM tiene muchas revistas especializadas pero esta es más una revista cultural que es lo que queríamos.

También salir de la universidad a las diferentes entidades que están en barrios mucho más modestos. Es la idea justo de la universidad en este momento, llevar la cultura a todas partes.

P. La llegada a España ¿es un intento de que ese diálogo se amplíe a ambas orillas?

R. Totalmente. Ya se amplía. Desde la nueva época publican con nosotros escritores españoles constantemente, Marcos Giralt Torrente, Paul B. Preciado… El diálogo ya existe desde esta nueva época. Incluso en el número actual hay una científica, Julieta Fierro, que habla sobre el ritmo de las estrellas pulsares.

P. En el número anterior Abya Yala (nombre indígena con el que se conoce el continente americano) usted decía que “a nadie se le ocurre negar que la historia moderna del continente está basada en un genocidio y el sometimiento de las culturas que vivían antes de la llegada de Cristóbal Colón”. El presidente de México ha instado a España a pedir perdón ¿Debería hacerlo?

R. Yo creo que ya a nosotros no nos debe interesar España en ese sentido, es mucho más urgente, importante, cómo nos tomamos nosotros nuestra historia y nuestra realidad, obviamente hubo un genocidio, murieron muchos indígenas en Argentina, en Chile, en México también. En todos lados. Hubo una masacre, no solo en el momento en el que llegaron los españoles, los colonizadores, sino a lo largo de estos 500 años y la sigue habiendo.

P. ¿De qué manera?

R. Una de nuestras colaboradoras, Yásnaya Aguilar, es una lingüista y escritora mixe de 38 años. Es también luchadora social, fue a hablar a la Cámara del Congreso por el problema de agua que hay en Oaxaca y la están amenazando de muerte.

Este tipo de cosas se siguen produciendo. Hay muchas lenguas que se están extinguiendo. La colonización no es algo que ocurrió y dejó de ocurrir con la independencia, sino que es algo que está ocurriendo todavía y todos los días, cuando llega el Gobierno oficial y dice vamos a hablar ahora español, sus lenguas no se van a hablar más…

P. ¿Cree que podría ser una forma de curar heridas?

R. Nosotros no necesitamos la validación ni el reconocimiento de nadie, si España quiere algún día reconocer que hubo un genocidio en América Latina pues bien, pero nosotros tenemos que arreglar nuestra cocina interna donde sigue habiendo colonización, los indígenas siguen siendo marginados y sigue habiendo invisibilización de estos pueblos.

*CIENCIA.*
CIEN AÑOS DEL ECLIPSE QUE DIO LA RAZÓN A EINSTEIN.

La Luna tapó el Sol en la isla africana de Príncipe. Arthur Eddington llevaba meses preparándose para el momento. Corría el 29 de mayo de 1919, hoy hace cien años, y durante casi siete minutos, el astrónomo británico pudo fotografiar un cúmulo de estrellas en la constelación de Tauro, visible en torno al eclipse.

Los datos que se recogieron ese día, hace exactamente un siglo, permitieron comprobar que la luz de astros lejanos se dobla al pasar junto al Sol, tal y como predijo cuatro años antes Albert Einstein, un físico alemán conocido solo en círculos expertos.

Ese año, recién acabada la Gran Guerra, la teoría de la relatividad general se impuso triunfante sobre la gravedad de Isaac Newton y el mundo conoció a Einstein. La ciencia ya nunca sería igual.

“La guerra había devastado la ciencia internacional”, explica el historiador de la Universidad de Nueva York Matthew Stanley. Durante el conflicto, Alemania estaba aislada, y cuando Einstein presentó su relatividad general a finales de 1915, pasó desapercibida fuera de Berlín.

“En 1918, Einstein dio unas charlas sobre relatividad en Suiza que se tuvieron que cancelar porque solo aparecieron dos asistentes”, cuenta Stanley. Una persona que sí supo de la revolucionaria teoría, gracias a la correspondencia con otro científico holandés, fue Eddington, entonces secretario de la Royal Astronomical Society en Inglaterra. Él reunía dos cualidades que determinaron el curso de la historia.

Primero, Eddington era una de las pocas personas en el mundo que entendió la relatividad general. Cuando otro científico le preguntó, años más tarde, si se consideraba uno de los tres únicos hombres que comprendía las ecuaciones de Einstein —el interlocutor se incluía a sí mismo en el cálculo—, él respondió, bromeando: “¡Me preguntaba quién podría ser el tercero!”.

Pero, además, Eddington pertenecía a la Sociedad Religiosa de los Amigos, y como cuáquero y pacifista, no participó en la guerra. “Era un internacionalista entregado”, explica Stanley, quien acaba de publicar un libro sobre la historia de la relatividad. “No solo le interesaban los resultados técnicos, sino las implicaciones para la ciencia internacional. Estaba dispuesto a investigar una teoría desarrollada por un físico alemán”.

Esto fue determinante porque las naciones seguían enfrentadas cuando Eddington y el Astrónomo Real de Reino Unido, Frank Dyson, plantearon la posibilidad de organizar dos expediciones simultáneas para observar el eclipse total de 1919.

Afortunadamente, la Primera Guerra Mundial terminó antes. Eddington y un acompañante, el relojero Edwin Cottingham, fueron a la isla de Príncipe (actualmente en la República Democrática de Santo Tomé y Príncipe), mientras que otros dos compañeros viajaron para observar el eclipse desde Sobral, en el norte de Brasil.

Cien años del eclipse que dio la razón a Einstein
De las 19 placas astrográficas que tomó Eddington, enfrentándose a nubarrones y mosquitos, solo dos resultaron bien enfocadas. Sus compañeros en Brasil tuvieron mejor suerte y regresaron con ocho placas de mayor calidad para el análisis.

El objetivo era comprobar si se producía la distorsión gravitatoria de la luz que predecía la teoría de Einstein. Según la relatividad general, el espacio y el tiempo forman un tapiz de cuatro dimensiones que se deforma ante la presencia de un objeto masivo, como nuestro Sol. La luz, igual que la materia, viaja por este tejido del universo, y su trayectoria parece desviarse allá donde esté deformado.

Fue Dyson quien reconoció la oportunidad que presentaba el eclipse de 1919 para poner a prueba la teoría: el Sol se interpondría entre la Tierra y un cúmulo de estrellas cercano al Sistema Solar, las Híades, y estas serían visibles porque la Luna, a su vez, pasaría delante del Sol y bloquearía sus deslumbrantes rayos.

En las fotografías, las estrellas que rodean el eclipse aparecen más separadas unas de otras en el cielo que de costumbre, por un fenómeno que ahora se conoce como efecto de lente gravitacional.

Curiosamente, las leyes de Newton que gobernaban la física desde 1687 ya predecían la atracción gravitatoria de la luz, pero en menor medida. Existía un gran interés en las nuevas teorías científicas del siglo XX porque la gravedad newtoniana no explicaba anomalías recién detectadas en la órbita de Mercurio.

La Relatividad General sí, al plantear la atracción gravitatoria no como un fenómeno instantáneo, sino como una consecuencia de la deformación espacial, que se propaga solo a la velocidad de la luz. Eddington calculó que, si la Relatividad General era correcta, durante el eclipse se observaría exactamente el doble de distorsión lumínica que siguiendo la gravedad newtoniana. Y así fue.

“En los días antes de la expedición, Eddington y Dyson montaron una campaña de relaciones públicas”, dice Stanley. “Presentaron el experimento como un duelo entre Newton y Einstein”. En noviembre de 1919, convocaron a la prensa para exponer sus resultados en una reunión especial de la Royal Society y la Royal Astronomical Society, en Londres.

“Revolución en la ciencia. Nueva teoría del Universo. Ideas newtonianas derrocadas”, proclamó el periódico The Times la mañana siguiente en un titular de tres renglones. “Luces torcidas en el cielo […] La teoría de Einstein triunfa”, decía el New York Times un día más tarde, cuando la noticia ya había cruzado el Atlántico por telégrafo.

Las observaciones del eclipse solar habían confirmado la Relatividad General, o así lo vio el público de la época. El filósofo austriaco Karl Popper sostenía que las teorías científicas no se pueden confirmar, simplemente se exponen a la refutación con sus predicciones.

Si es así, la relatividad general fue osada: por su cantidad de predicciones totalmente nuevas, se ha expuesto a la refutación una y otra vez en los últimos cien años.

Einstein ya habló de las ondas gravitatorias —perturbaciones del espacio-tiempo que viajan a la velocidad de la luz, detectadas por primera vez en 2015—, pero asumió que nunca existiría la tecnología necesaria para observarlas.
También su teoría predijo con exactitud la forma que debía tener el horizonte de sucesos de un agujero negro, algo nunca visto hasta el mes pasado.

En cierto modo, la robustez de la relatividad general es frustrante. La teoría explica el comportamiento del universo a gran escala, pero es irreconciliable con la mecánica cuántica, que gobierna el mundo de las partículas subatómicas.

Dice Stanley que entre los físicos, “existe la esperanza de que haya un fallo en la Relatividad General” porque “eso podría ser la pista hacia una teoría unificada”. Pero desde el eclipse de 1919 hasta la imagen de un agujero negro de 2019, Einstein sigue acumulando aciertos.

*MEDIO AMBIENTE.*
ENCUENTRAN VIDA EN EL LUGAR MÁS INFERNAL DE LA TIERRA.
Un equipo de científicos ha encontrado vida en uno de los desiertos más hostiles de la Tierra, la depresión del Danakil, en Etiopía. En este antiguo fondo marino, algunas de cuyas zonas están a 150 metros por debajo del nivel del mar, se alcanzan temperaturas de unos 50 grados centígrados.

La corteza terrestre es en este punto extremadamente delgada, apenas 15 kilómetros, y bajo ella se encuentra una enorme piscina de lava ardiente. El agua del mar se cuela por el subsuelo y produce un espectacular paisaje de piscinas y chimeneas termales de agua que brota a más de 100 grados y tiñe la tierra con colores espectaculares debido a los minerales y metales presentes en el terreno.

“Es el lugar más extremo que he encontrado en la Tierra”, explica Felipe Gómez, investigador del Centro de Astrobiología y autor principal del descubrimiento, que se publica hoy en la revista Scientific Reports. “No solo es el más caluroso que se conoce, sino también el más ácido, tanto que está por debajo de cero, fuera de la escala”, resalta.

Desde 2015 el equipo de Gómez ha estado investigando las surgencias hidrotermales de Dallol, en una zona del sur de Etiopía vecina con Somalia y Yibuti donde no vive nadie y en donde nadie había pensado encontrar el menor rastro de vida.

Los investigadores han analizado las paredes de las chimeneas de los géiseres. En 2017 descubrieron unas estructuras esféricas extremadamente pequeñas en torno a las que se había formado una especie de caparazón de minerales.

Los científicos realizaron análisis moleculares para determinar si había ADN activo en las muestras —un indicador de actividad biológica— y podían atribuirlo a alguna especie. “Hemos encontrado al menos dos especies de bacterias y arqueas probablemente nuevas”, explica Gómez.

“Una de ellas pertenece al grupo de las nanohaloarqueas. Se trata de organismos esféricos de unos 50 nanómetros, tres veces más pequeños que otras bacterias. Se recubren de minerales y acaban recubiertos por una capa de minerales como si estuvieran fosilizadas”, describe Gómez.

“Las nanohaloarqueas se describieron por primera vez en 2012, estudiando un lago hipersalino de Australia y, casi a la vez, en las salinas de Santa Pola [Alicante]”, explica Josefa Antón, microbióloga de la Universidad de Alicante.

“Se encuentran muy frecuentemente y con cierta abundancia en ambientes hipersalinos de todo el mundo pero no se han cultivado hasta la fecha”, resalta.

«Lo que más llama la atención es lo importantes que parecen ser unos microorganismos que prácticamente se acaban de descubrir y que resulta que están por todas partes y no los habíamos detectado, seguramente en parte por falta de herramientas. El ambiente que han estudiado es realmente extremo, por lo que puede ampliar los escenarios donde es posible que haya vida», añade la científica.

Es la primera vez que se encuentra vida en Dallol, aunque otros equipos la habían buscado antes. El hallazgo tiene grandes implicaciones para la búsqueda de vida en otros planetas.

“Este lugar es muy parecido a Marte en su origen, hace miles de millones de años, y también a la Tierra cuando se estaba enfriando el océano de lava que la recubría”, señala el investigador.

Una de las teorías más plausibles sobre el origen de la vida en la Tierra es que tuviera lugar en chimeneas hidrotermales, en este caso submarinas, en cuyo interior se podrían haber comenzado a ensamblar primero el ADN y luego las membranas protectoras para dar lugar a los primeros seres vivos.

“El hallazgo nos va a ayudar a buscar vida en Marte”, asegura Gómez, que forma parte del equipo científico de las misiones de exploración marciana de la NASA que lanzaron el Curiosity, así como del nuevo vehículo que la agencia desplegará en el planeta en 2020.

*MÚSICA-CINE.*
EL COUNTRY ES COMO UNA RELIGIÓN.
Durante mucho tiempo, Blaze Foley fue más un fantasma que un músico de carne y hueso.

Una leyenda de la que se oía hablar en cantinas de Texas, a la que se dedicaban canciones y a la que profesaban sincera admiración grandes del country como Johnny Cash, Willie Nelson, Kris Kristofferson o Townes Van Zandt.

Ethan Hawke (Austin, EE UU, 1970) llegó a oír tantos rumores sobre él en su tierra natal que dudó si realmente alguna vez existió. “Me pasé media vida escuchando historias diferentes sobre él. Sobre su muerte oí de todo: que si le dispararon en un contenedor de basura, que si recibió la bala mientras hacía una fila… que si murió tras una pelea en un bar… pero ninguna superó nunca a la historia real. Era mejor que todas las historias falsas”.

Según la historia oficial, Blaze Foley murió una noche de 1989 después de ser disparado por el hijo de un amigo cuando discutió con él afuera de su casa.

No había conseguido ningún éxito y nadie le conocía fuera del estado de la estrella solitaria, pero el country perdía a un compositor excelente. Un auténtico outsider.
Al frente de la dirección, Hawke, al que se conoce más por su sobresaliente carrera como actor, ha llevado a cabo su “proyecto más personal” con Blaze, el biopic que relata la existencia como músico errante de Foley.

“Fue una situación extraña cómo vino esta película”, comenta Hawke por teléfono desde Nueva York. “Ben Dickey –actor que interpreta a Blaze Foley- es mi amigo y muchas veces le comentaba que creía que deberíamos hacer una película sobre Foley y que él tenía que interpretarlo.

A él también le parecía que tenía una historia. Era una leyenda de la música country pero que, tras leer el libro de Sybil Rosen, vimos que también había un hombre, un tipo que era una gran voz en el pasado”.

Sybil Rosen fue la esposa de Foley, magistralmente interpretado por Ben Dickey en el filme.

Escribió un libro de memorias sobre su íntima relación con un compositor de alma compleja, que, en palabras de Townes Van Zandt en un pasaje de Blaze, “solo se volvió loco una vez, pero se quedó ahí”.

“Sybil es el espíritu animal de la película. Ella fue su amante, su musa y su compañera. Su visión y su memoria de Blaze dan aún más belleza e interés a su relato. Le da la profundidad que necesitaba. Conocerla fue lo que nos permitió que la película realmente sucediera”, explica Hawke.

La historia de amor entre Foley y Rosen, a la que él abandona por la vida en la carretera y porque “hay demonios que tiran fuerte de él”, late durante un largo que es, por encima de todo, un canto al country.

“Creo que la película es una historia que, más que hablar de una persona, habla de la creatividad”, confiesa Hawke.

Una creatividad que, en este caso, se manifiesta en forma de emotivas canciones interpretadas con la guitarra a fuego lento, nacidas de “esas chispas”, como dice Foley en el filme, que deja la vida cuando no tiene nada que ver con lo que se esperaba de ella o se tuerce por simples caprichos del destino.

“Siempre pensé en la idea de hacer una especie de ópera usando el country. Es un género que cuenta historias y creí que la música debía ser el hilo conductor de la película. En las letras de Blaze, puedes oír la historia de su vida”, dice el director.

Una vida que quedará marcada por haber dejado escapar a la que fue su esposa. “Tuve suficiente amor como para ponerlo en algunas canciones, pero no el suficiente como para una mujer adulta”, sentencia Ben Dickey en el papel de Blaze Foley.

Vagabundo romántico y músico maldito, Foley tenía cualidades para haber alcanzado la repercusión de los mismos músicos que le admiraron como Kris Kristofferson, que hace el papel de padre del compositor en el filme, o Townes Van Zandt, que tampoco tuvo tanto éxito como los forajidos de Nashville que planean en conversaciones de la película como Willie Nelson o Johnny Cash pero que fue un camarada de juergas y canciones de duermevela.

A Van Zandt, que fue alcohólico y drogadicto como Foley, lo encarna de forma sublime Charlie Sexton, guitarrista de la actual banda de Bob Dylan.
“Charlie es un fenómeno. Se come la pantalla”, asegura Hawke. Tanto Van Zandt como Foley sobrevivían en garitos de Texas mientras que, con sus vidas desajustadas, desesperaban a discográficas y a muchos de su entorno.

Pero sus canciones guardaban un espíritu imperecedero, tal y como dice Hawke de la obra de Foley: “Hay un nivel de autenticidad y de emoción honesta que es difícil de escuchar en la música. Era muy gráfico con la exposición de sus sentimientos”.

Amante del country, un joven Hawke supo de este músico, que “ahora es más conocido que cuando estaba vivo”, gracias a su amigo Ben Dicke aunque al género vaquero llegó antes por su padre.

“He crecido con country. Tengo un recuerdo muy claro de cuando vi por primera vez a Willie Nelson en un picnic en Texas en 1977”.

Por eso, este icono del cine indie defiende un género denostado por muchos. “Cuando la gente dice que el country es una música conservadora, creo que sinceramente no se han parado a pensar de lo que hablan las canciones”.

El country de Blaze Foley habla de alguien que, como si fuera víctima de su destino, perdió el rumbo sin posibilidad de recuperarlo, aunque dejase impronta en futuras generaciones.

John Prine versionó Clay Pigeons, Lucinda Williams le dedicó Drunken Angel y otros músicos como Steve Earle o Rodney Crowell le han citado como influencia.

Su amigo Townes Van Zandt tenía su propia teoría con respecto al malditismo de Blaze: “A los verdaderos músicos de country se les presupone que tienen que vivir su canción, pero eso no es del todo cierto. También tienen que morir un poco”.

En palabras de Ethan Hawke: “El country, como el blues o el góspel, son músicas espirituales. Es como una religión.
Detrás de Foley, o de un verdadero compositor country, hay un impulso por encontrar significado a su existencia”.

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