
SALTILLO, CAPITAL NACIONAL DEL RODEO Y LA CULTURA COUNTRY.
ANÁLISIS IMPERDIBLE DE LOS PRIMEROS TRES MESES DE AMLO.
WALMART MÉXICO SE PUEDE IR A HUELGA.
LA FURIA DE LOS DESERTORES VENEZOLANOS.
EL RACISMO LATENTE DE HOLLYWOOD.
NOKIA PRESENTA UN CELULAR DE CINCO CÁMARAS.
*LA CIUDAD.*
HACER LAS COSAS BIEN ES MUY BUENO…HACERLAS MUY BIEN ES MUCHO MEJOR.
Visto y escuchado lo presentado en la conferencia de prensa citada hoy por el Comité Organizador del Rodeo Saltillo Expo Fest, el más entusiasta y optimista de los asistentes será rebasado por una programación y contenido que seguramente convertirán a este evento en una cita clásica de la primavera saltillense.
La reunión con representantes de los medios de comunicación realizada al norte de la ciudad se enfocó en algunas vertientes dela Expo Fest que cubre todos los ángulos de la cultura country desde el rodeo hasta la gastronomía y por supuesto la música.
La participación el jueves en una gala benéfica de la Orquesta Filarmónica del Desierto, con “Los 7 Magníficos” incluidos en el programa, y en los días subsiguientes la presentación de grupos musicales del género vaquero, así como los concursos de preparación de platillos campestres, son solo un apartado de un completísimo menú de opciones para disfrutar la recreación de toda una forma de vida, que ataviada de botas y sombrero es en gran parte origen y sustancia de nuestro perfil colectivo.
Ejemplar la promoción y mercadotecnia, que marca un estándar de calidad para eventos de este tipo, a cargo de Jesús Mará Ramón Aguirre, al frente de la organización, y el respaldo decidido del Gobernador Miguel Riquelme y el Alcalde Manolo Jiménez. Del 14 al 17 de marzo con una importante bolsa en premios y la abierta competencia de los 25 mejores jinetes de Rodeo de todo el país. Evento Clase Gran Turismo.
*EL PAÍS.*
EL INICIO DE LÓPEZ OBRADOR.
Por Vanni Pettiná.
Que Andrés Manuel López Obrador fuese una figura capaz de alentar la polarización se sabía. Era así antes de ganar las elecciones presidenciales de 2018 y lo es, con mayor razón, ahora que sus palabras, discursos o intuiciones se convierten, o intentan hacerlo, en políticas públicas. Durante estos primeros meses al mando del país, han sido, con cierta razón, las torsiones, zigzagueos y virajes abruptos de sus discursos y políticas los factores que han vuelto a calentar los ánimos y los debates en el país.
Si durante la campaña electoral, en el marco de un programa de izquierda, el presidente había apelado a la desmilitarización de la lucha contra el narco, en los primeros meses de gestión ha revirado, proponiendo la creación de una Guardia Nacional bajo mando operativo militar como unos de los ejes principales de su estrategia de seguridad.
Mientras se anuncia la instauración de una verdadera democracia participativa, el presidente, haciendo uso de sus facultades constitucionales, envía a los estados los llamados súperdelegados: unas figuras que, para el presidente, aumentarán la coordinación entre poder federal y los estados, y, para los más críticos, desvirtuarán el federalismo y la autonomía constitucional de las entidades federales.
Si durante su gestión como jefe de Gobierno de la Ciudad de México los derechos civiles se ampliaron de forma sustancial, estos temas parecerían haber desaparecido de su agenda. Y lo que es más importante, declaraciones recientes sobre el papel central de la familia tradicional como freno a la expansión de la criminalidad, parecen sugerir la adopción de una agenda social más bien conservadora.
Estos son solamente algunos de los ejemplos de los bruscos cambios de dirección o de la aparente incongruencia que han marcado, tanto la campaña electoral como los primeros meses de López Obrador al frente del Ejecutivo federal.
Una larga parte de la comentocracia mexicana parecería atribuir estas incongruencias a factores relacionados con la personalidad del nuevo presidente, definido como poco coherente o errático o, inclusive, con una inercia autoritaria, que se basaría en su escasa apreciación de valores y prácticas democráticas. Sin embargo, hay dos factores, relacionados con causas estructurales, que pueden ayudar a entender este problema de una forma algo más profunda.
En primer lugar, habría que tomar en cuenta la forma distinta en que el presidente, militantes, integrantes del gabinete y votantes de Morena conciben la idea de la izquierda. En segundo lugar, es necesario entender cómo la aplicación del programa electoral está chocando con los límites operativos del estado mexicano y de sus instituciones.
En relación con la primera causa, si tomamos como referencia la definición clásica de Norberto Bobbio, López Obrador se inscribiría en un horizonte político que se define de izquierda, ya que en el centro de su programa se sitúa, indiscutiblemente, la redistribución de la riqueza. Sin embargo, como han afirmado distintos observadores, se trata de un líder de izquierda socialmente conservador.
Esto último no es un elemento particularmente sorprendente en México, ya que movimientos que podríamos definir de izquierda, como el liderado por Emiliano Zapata durante la Revolución Mexicana, convivían perfectamente con un ideario que mezclaba un igualitarismo radical con una visión conservadora de la sociedad.
John Womack, probablemente uno de los estudiosos que más han profundizado en el zapatismo, empezaba su célebre libro sobre el líder revolucionario afirmando que se trataba de una historia acerca de unos campesinos que no querían mudarse (literalmente) y que por eso mismo hicieron una revolución. Como señala Héctor Aguilar Camín, en su comentario a la nueva traducción del libro, el no querer mudarse físicamente, frente a la expansión del sistema de haciendas porfiriano que los expulsaba de sus tierras, implicaba también una resistencia cultural y social al proceso de modernización que iba aparejado con su desplazamiento. En ese sentido, López Obrador se inscribe en una tradición donde izquierda y modernidad política pueden encontrarse escindidos sin contradicción aparente.
El problema, sin embargo, surge por el hecho de que entre los simpatizantes y votantes del presidente y en su propio Ejecutivo la redistribución de la riqueza no es el único factor que define su identidad como sujetos de izquierda. Una parte consistente del movimiento encabezado por López Obrador y de sus electores se identifica con una agenda progresista más amplia, que incluye los derechos civiles, un sistema de valores menos jerárquico y unas prácticas políticas menos paternalistas.
La tensión entre estas concepciones de la izquierda, unidas por la cuestión de la desigualdad y separadas por visiones distintas de la sociedad, genera tensiones irresueltas y continuas. Lejos de intentar reducirlas, el líder de Morena parece al contrario acentuar por momentos su conservadurismo social para hablar, con cierto éxito, a regiones más profundas del país, que parecerían comulgar con una perspectiva culturalmente más moderada.
La segunda causa para entender las posibles inconsistencias del discurso y de las políticas de la cuarta transformación está relacionada con los límites que la debilidad institucional del estado impone a la realización de ciertas propuestas de campaña. Creo que no hay duda de que López Obrador tiene una visión distinta de la relación entre Estado y sociedad de la de sus predecesores, una perspectiva que afecta también el problema de la seguridad.
Si las imágenes valen algo, y en política es así, no se tendría que minusvalorar el hecho de que unos de sus primeros actos como presidente constitucional ha sido encontrarse con los padres de los 43 estudiantes de la escuela normal de Ayotzinapa, asesinados por el crimen organizado en connivencia con las autoridades municipales del Estado de Guerrero en circunstancias todavía por esclarecer.
Es una señal fuerte, que marca una sensibilidad distinta con respecto al problema de la violencia en el país y de sus efectos nefastos sobre la sociedad y sus sectores más desprotegidos.
El problema es que las buenas intenciones se enfrentan a unas instituciones cuyo nivel de debilidad y descomposición parecería que incluso el propio López Obrador desconocía antes de tomar las riendas de la maquina estatal. Y, de hecho, si miramos México más allá de su capital no podremos evitar relevar la dificultad con la cual las instituciones estatales, federales y locales, funcionan en vastas regiones del país.
Aquí, lejos de la capital, un federalismo disfuncional ha alentado durante la etapa democrática emprendida por el país después del año 2000 y paralelamente a la desaparición del partido-Estado la persistencia de formas clientelares y caciquiles que, a su vez, han erosionado sistemáticamente la consolidación de un estado funcional.
Si a esto añadimos la presencia de un actor, el crimen organizado, que en la última década ha retado con cada vez más fuerza la capacidad del estado para ejercer sus funciones en el territorio, podemos ver que, en términos de consolidación institucional, se plantea un cuadro de suma complejidad.
Es probable que algunas decisiones, como la creación de una Guardia Nacional, aparentemente poco consistente con las propuestas de campaña electoral, o como la decisión de crear unos súperdelegados, poco sensible con respecto al entramado institucional federal, respondan, en realidad, a la necesidad de reafianzar la capacidad de coordinación política del centro sobre las regiones y de recuperar el control del territorio perdido sobre todo durante el último sexenio.
Es cierto que la obstinación del López Obrador para que la guardia nacional quede bajo una supervisión militar, en un país en el cual se han probado múltiples violaciones de los derechos humanos por parte del Ejército mientras realizaba tareas de seguridad interna, genera perplejidades más que legitimas.
Sin embargo, correctas o no, es innegable que estas propuestas de política pública apuntan a recuperar algunas funciones básicas de cualquier estado moderno, como el control del territorio y la coordinación entre entidades federales y poder central, en un contexto de gran complejidad, por los retos que la baja institucionalidad y la presencia penetrante del crimen organizado plantean.
Los movimientos políticos de izquierda mantienen una relación con la utopía mucho más orgánica que los actores de derecha. Y, por ende, el impacto de la realidad, que se da en el momento de tocar tierra, cuando se transforman en fuerzas de gobierno, genera siempre estruendos, crítica y desencanto.
Como se puede apreciar, los problemas aquí descritos se configuran como nudos estructurales de difícil solución, que seguirán ejerciendo una influencia importante sobre los discursos y las políticas del actual gobierno. Creo legítimo que observadores, periodistas o ciudadanos subrayen, incluso con vehemencia, la cacofonía que a veces marca el discurso y la puesta en marcha de las políticas del nuevo ejecutivo.
Es esta una tarea crucial en cualquier sistema que se defina democrático. Y, sin embargo, si, como decía Albert Camus, la banalidad es el peor enemigo de la información, se tendría que exigir un nivel de análisis más profundo acerca de sus causas. Los retos que enfrenta la presente Administración y el país mismo requieren intentos de reflexión que busquen superar lo coyuntural y, sobre todo, lo caricaturesco.
Vanni Pettiná es profesor-investigador del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México.
*ECONOMÍA.*
WALMART EN PELIGRO DE HUELGA.
Un sindicato que representa a los trabajadores de la unidad en México de Walmart ha señalado que iniciaría una huelga en marzo si no aseguraba mejores salarios y mejores condiciones para miles de empleados.
La Asociación Nacional del Comercio y Oficinas Particulares, que posee 121 contratos colectivos en 10 estados mexicanos con Walmart de México (Walmex) dijo que estaba buscando un aumento salarial del 20 por ciento sobre los niveles salariales de 2018 para los 8 mil trabajadores que representa.
México aumentó el salario mínimo diario el mes pasado en un 16 por ciento con el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien prometió mejorar los salarios y combatir la pobreza y la profunda desigualdad en el país.
El sindicato también tiene como objetivo establecer un esquema de comisiones de ventas para empleados por la primera vez, que sería del cuatro por ciento.
Además, el sindicato alegó que los empleados no recibieron una compensación adecuada por trabajar horas extras y que algunos sufrieron abusos, incluyendo el acoso sexual por parte de sus superiores.
*EL MUNDO.*
HABLAN LOS DESERTORES.
68 DÍAS PARA ACABAR CON MADURO.
No queremos una intervención militar extranjera, lo que queremos es que los venezolanos de las Fuerzas Armadas -Ejército, Armada, Aviación y Guardia Nacional- nos unamos para sacar a la cúpula», afirma el sargento mayor de la Guardia Nacional, Edgar Torres. «En cualquier momento, en un tiempo no muy lejano, lo vamos a hacer. Por las buenas no se van. Ellos están decididos y nosotros, también», añade su compañero, el también sargento Oscar Lizcano.Ambos protagonizaron la primera fuga y la más llamativa del 23 de febrero. Dos tanquetas volando hacia la frontera colombiana. La primera la conducía Torres, de 34 años y con 14 de servicio; Lizcano, de 30 y nueve en el Cuerpo, iba en la segunda con un teniente, que también se pasó a la orilla contraria. La intención era atravesar el Puente Simón Bolívar como fuera.
Ambos relatan su fuga en una entrevista con EL MUNDO, en Cúcuta, el pasado domingo, cuando estaban acogidos por el Ejército colombiano. «Salimos con destino a la frontera a romper el muro de funcionarios, de barricadas. Nos encontramos con Policía Nacional, abrieron el paso, pero en la mitad del puente había unos manifestantes (fieles a Guaidó) que pensaban que los íbamos a reprimir.
Lamentablemente atropellé a una muchacha, me bajé corriendo a socorrerla», relata con dificultad, aún se recupera de los golpes que recibió en la cara porque, al descender, se le abalanzaron los voluntarios que pretendían pasar las ayudas y le pegaron. «No grité nada, por la adrenalina, y nos venían persiguiendo compañeros venezolanos con armas y yo también tenía un arma. Son momentos decisivos y gracias a Dios no pasó nada».
*CINE.*
LO AMBIGUO DE LOS CRITERIOS DE PREMIACIÓN EN EL ÓSCAR.
Cuando Julia Roberts leyó el título de Green Book como mejor película del año este domingo, Spike Lee se levantó del asiento claramente enfadado y amenazó con marcharse del teatro Dolby. Le tuvieron que parar, según testigos dentro de la ceremonia de los Oscar. No era solo que hubiera perdido su película, Infiltrado en el KK Klan. Era algo más.
Este año será recordado por películas de mucha calidad que por sí mismas son una poderosa llamada de atención sobre el racismo. Y la Academia de Cine decidió, en efecto, premiar una película sobre tensiones raciales, pero en su versión más hollywoodiense, en el peor sentido. “Me sentí como si estuviera en la cancha de los Knicks ( el equipo de basket bol de NY en la NBA ) y el árbitro se hubiera equivocado”, dijo Lee.
La edición 91º de los Oscar dejó el plantel de ganadores más diverso de la historia de los premios. Un total de siete afroamericanos recogieron premios. Por primera vez un actor negro, Mahershala Ali, ganó un segundo Oscar al mejor actor secundario. Spike Lee ganó el primer Oscar de su carrera por el guion de Klan, junto con Kevin Wilmott. Dos mujeres negras fueron las primeras premiadas de la historia en sus categorías, Ruth E. Carter por el vestuario de Black Panther y Hannah Bleacher por el diseño de producción.
Peter Ramsey fue el primer negro en ganar por una película animada, Spiderman: Un nuevo universo. Roma fue la primera cinta en español nominada a mejor película y Yalitza Aparicio, la primera nativa americana nominada a mejor actriz. Los mejores actores del año se llaman Ali y Malek.
Para mejor película, la Academia tenía para elegir. Después de una década marcada por el cine de superhéroes, Black Panther, la primera película de superhéroes con un diseño y personajes 100% afroamericanos, se reveló como un éxito asombroso. Es la película más taquillera del año con 1.300 millones de dólares recaudados en todo el mundo. Su temática no es el racismo, pero por sí misma es un mensaje de que Hollywood ha estado ignorando mucho tiempo un público y unos personajes que merecen un espacio. Ganó tres Oscars.
Roma, la obra personalísima de Alfonso Cuarón y seguramente la película que se recordará de este año, es una historia contada desde el punto de vista de una trabajadora doméstica indígena en México. “Lo más gratificante es la conversación sobre racismo que ha generado en México”, dijo el director. El premio a Roma, que ganó tres Oscars, habría lanzado otro mensaje contra el racismo en otro nivel, en un momento en que los mexicanos están siendo atacados desde el máximo nivel institucional de Estados Unidos.
Por último, Infiltrado en el Klan, una de las mejores películas de Spike Lee, un alegato antirracista que dispara sin sutilezas contra el presidente de Estados Unidos. De todas las cosas opinables de la ceremonia, el presidente de Estados Unidos decidió protestar solo sobre un punto, el discurso de Spike Lee, como para poner el epílogo perfecto al guion de estos Oscar.
En ese contexto, la victoria de Green Book sentó como un premio del Hollywood blanco a sí mismo. A esa película de concordia, en la que el protagonista blanco aprende algo de su amistad con un negro y a su vez le salva. Recordó a otras parecidas como Paseando a Miss Daisy, Crash o Criadas y señoras. Llegada la oportunidad, Hollywood optó por una película entretenida y correcta, sin duda, pero es la única en la que el racismo tiene el punto de vista de un héroe blanco y las minorías tienen que poner de su parte para que haya concordia. Una película de Hollywood. “Cada vez que alguien hace de chófer de alguien, pierdo”, dijo Spike Lee a la prensa (su primera nominación fue por Haz lo que debas, que en 1990 perdió contra Paseando a Miss Daisy en una situación similar).
*TECNOLOGÍA.*
LA FOTOGRAFÍA COMO FACTOR CENTRAL DE UN CELULAR.
La finlandesa Nokia ha presentado en el MWC de Barcelona, el modelo 9 Pure View, el primer móvil del mundo que lleva un conjunto de cinco cámaras con objetivos Zeiss. Cada fotografía con este modelo se toma con alto rango dinámico (HDR).
Las cinco cámaras capturan las imágenes de forma simultánea y las fusionan en una sola imagen de 12 megapíxeles. El método supone una forma de llevar al extremo la fotografía computacional.
Dos de las cámaras son en color y las tres restantes son en blanco y negro. A partir de esas cinco capturas se combinan todas las imágenes para obtener una sola de gran riqueza dinámica y profundidad de campo.
El Nokia 9 Pure View lleva pantalla de 6 pulgadas, 6 GB de memoria RAM y 128 GB de almacenamiento. El sistema operativo es Android One, lo que garantiza las actualizaciones en, al menos los dos primeros años.





