LA ADMINISTRACIÓN MOREIRA LLEGA A LA ‘TERCERA EDAD’
Rubén Olvera Marines
Con la presentación del cuarto informe de gestión, la administración de Rubén Moreira llega a la ‘tercera edad’. Con frecuencia, al igual que sucede con nuestros abuelos, los ‘achaques’ se intensifican cuando un gobierno estatal arriba al último tramo de su existencia. La intensidad de las dolencias dependerá del cuidado que otorgamos a nuestros cuerpos en las etapas de vida previas. ¿Qué tan bien cuidó el gobernador de Coahuila las primeras dos etapas de su administración?
De todos los ámbitos de la política, en el único que puedo asegurarte no existe ‘piedra filosofal’ alguna, es al momento de emitir un juicio respecto al desempeño de un gobierno. El colmo de un gobernante tal vez sea la imposibilidad que tiene para conocer el verdadero sentir de la tribuna; cuando se ejerce el poder, el sentido del oído no funciona del todo bien, y los que están alrededor le hablan muy ‘quedito’.
Por tanto, lo más sano y objetivo es asumir que los primeros cuatro años de la administración moreirista han sido de contrastes; de claroscuros, si lo prefieres. La diferencia entre el ejercicio del actual gobernador y sus antecesores, o entre éste y sus pares de otros estados, radica en lo evidente de los «contrastes» o en lo transparente de los «claros» y en lo intenso de los «oscuros». Por ejemplo, la presente administración ha rendido buenas cuentas en la incorporación de trabajadores al IMSS, sin embargo, ha quedado a deber en las metas de crecimiento del PIB que se proyectaron al inicio de la gestión.
En vísperas del inicio del tercer tercio del sexenio, se destacan las gestiones realizadas ante la federación para la instalación de nuevos planteles de educación media y superior. En contraste, se percibe cierto descuido en algunos aspectos de la educación básica; en secundaria, a nivel nacional, Coahuila registra una de las tasas más bajas de eficiencia terminal y una de las más altas de abandono escolar.
Conviene destacar que, en relación a la inversión extranjera, en tan sólo cuatro años la presente administración supera en monto lo logrado por cada una de las tres administraciones anteriores. Lamentablemente, ni con todas las giras de promoción, se ha logrado concretar la instalación de una nueva armadora automotriz en el estado −los millones de Nuevo León y San Luis Potosí y las capacidades de gestión de Guanajuato, han borrado a Coahuila del radar de las armadoras− Además, la competitividad estatal amenaza con convertirse en un eclipse que puede oscurecer la gestión económica de la autoridad; de 2012 a 2014, Coahuila descendió de la cuarta a la décima posición en el ranking del Instituto Mexicano para la Competitividad.
Tal como lo señalan algunos organismos nacionales, Coahuila pasa la prueba con mención honorifica en la construcción del andamiaje legal para la promoción de los derechos humanos. Sin embargo, como sabes, según mediciones del CONEVAL, la entidad quedó registrada como una de las pocas en donde, de 2012 al 2014, el número de personas en pobreza extrema creció significativamente.
En su esfuerzo para promover un mayor desarrollo económico, el gobernador Moreira ha encontrado algunas dificultades en el camino. Personalmente ha impulsado con ahínco la explotación del gas shale en el norte del estado; al mismo tiempo se le percibe alejado de los trabajadores del acero en Monclova o de los ejidatarios de General Cepeda que manifiestan su inconformidad por la instalación del CIMARI.
Contrastes y claroscuros como los anteriores proporcionan, supongo, un punto de partida para discutir el contenido y los alcances del cuarto informe de gobierno. Sí puedo adelantar que el resultado del debate argumentado, respecto a los claroscuros de los primeros cuatro años del gobernador Moreira, será, también supongo, parte esencial de la retorica pro o anti Moreira en el ocaso de su administración.
Tal vez sea oportuno recordar que ningún gobierno puede quejarse de “todo el odio”, pero tampoco presumir “todo el amor” de una cada vez más exigente tribuna pública.
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