El PAN pretende recuperar la Presidencia. El PRD espera mantener la Ciudad de México. Movimiento Ciudadano aspira a gobernar Jalisco. Por lo tanto, el candidato a la Presidencia que abanderará al denominado Frente Ciudadano por México, procederá de las filas de Acción Nacional; para el DF será un o una perredista (no descartes a Ricardo Monreal, todo dependerá si llega a convencer a ‘Los Chuchos’); y, en Jalisco, ni duda cabe, ‘cosecharán naranjas’, con una de las mejores adquisiciones de Dante Delgado, el ex panista y actual alcalde de Guadalajara, Enrique Alfaro.
La estrategia del Frente, se presenta diáfana, sin dejar de ser atrevida. La maniobra que parece ser de tres, es, en realidad, la estrategia de uno, la del PAN. Acción Nacional se dispone a ceder la Ciudad de México y Jalisco, esperando restar votos a Morena y al PRI, respectivamente. A cambio – y he aquí lo atrevido-, aseguran Ricardo Anaya y Rafael Moreno Valle, principales impulsores del Frente, recuperarían la Presidencia y mantendrían Veracruz, Puebla y Guanajuato. Recordemos que en estos cinco estados se concentra el 35% del padrón electoral.
Sin embargo, la habilidad de los integrantes del Frente, que los ha puesto a punto de desbancar a López Obrador como la alternativa más fuerte para competirle al PRI, podría verse ensombrecida por las dificultades que enfrentará el PAN para designar a su candidato o candidata, que a su vez abanderará la coalición que se espera registren los tres partidos.
En efecto, la tensión entre el grupo afín a Margarita Zavala, y los cercanos a Ricardo Anaya, crece cada día. Por su parte, Rafael Moreno Valle se ha mantenido al margen de la querella, sin que ello quiera decir que no esté accionando con grupos de panistas inconformes con el trabajo de Anaya y con aquellos que ven en la ex primera dama un blanco fácil para los dardos y misiles que dispararán el gobierno y las huestes afines a López Obrador.
Las cicatrices que dejará la interna del PAN, pueden ser tan profundas que no sanen para la constitucional, y que obliguen a los derrotados, como hace más de cinco años, a buscar cobijo en otras banderas, de preferencia la de tres colores.
En concreto, las dos grandes fuerzas políticas opositoras del país, el Frente Ciudadano por México y Morena, ajustan sus respectivas estrategias, pretendiendo ambas arrancar en la pole position el 30 de marzo cuando inicie la campaña para la elección presidencial.
El PRI, por su parte, juega ligeramente al rompimiento del Frente y al desgaste de López Obrador. Señalé “ligeramente” porque en realidad la apuesta del PRI es otra. Y como toda estrategia es sencilla en su entendimiento: para el PRI no hay nada más poderoso que la imagen de un candidato joven, con proyecto y sin aparentes indicios de corrupción o desatinos a su paso por el gobierno. Sobre todo cuando se trata de representar a un partido que se ubica en el tercer lugar de las preferencias y que arrastra el mayor número de negativos en la percepción del electorado.
El PRI no intentará sumar más fuerzas políticas a su proyecto. No pretende correrse a la izquierda, como lo sugirió Manlio Fabio Beltrones. El partido en el gobierno construirá su estrategia a partir de la imagen del que será su candidato. Por lo tanto, los aspirantes que más se acercan al perfil que combine juventud, proyecto y decoro, no hay más que dos: José Antonio Meade o Aurelio Nuño, secretarios de Hacienda y de Educación, respectivamente.
En resumen. El Frente apuesta a la conjunción de fuerzas políticas nacionales y locales. Morena ha puesto la mira en el voto de castigo. El PRI intentará repetir la fórmula de 2012: imagen, mito, candidato, rigor macroeconómico, corear mecánicamente las bondades de las reformas.
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