DOMINGO DE LEYENDAS: Doña Francisca la embrujada

10 mayo 2026
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Era el año 1554, en ese entonces gobernaba el virrey don Luis de VelascoI en La Nueva España, hoy Ciudad de México. En la casona número 7 de la que hoy es Venustiano Carranza vivía doña FelipaPalomares de Heredia, rica viuda de uno de los conquistadores; Felipa tenía un hijo llamado Domingo, criado

con lujos y grandes cuidados; Domingo era la adoración de la madre y siempre le recordaba que ya estaba en edad para casarse, que encontrara a una chica que tuviera alcurnia y abolengo, claro, la madre tenía que aprobar a la muchacha.

El joven Domingo buscó durante varios meses a la chica que le gustara y agradara a su madre, sin hallarla; pero una tarde vio acercarse al templo a una hermosa muchacha que le hizo latir el corazón. Ella entró a la iglesia y, cuando salió, él la siguió para saber donde vivía.

Entonces ella llegó ante una modesta casa en la calle Cerrada de Nacatitlán —hoy Cinco de Febrero—; giró y miró con ternura al joven. A partir de ese día Domingo de Heredia y Palomares comenzó a frecuentar a la muchacha, llamada doña Francisca de Bañuelos y era hija única de padres humildes; al fin, después de meses de cortejo, le declaró su amor.

Sin embargo, la ciudad era pequeña y pronto llegó aoídos de Felipa la noticia del amor que tenía Domingo, y obviamente lo que le contaron, no le agradó en absoluto.

 Inmediatamente salió rumbo a la casa de Francisca y golpeó el portón; fue la misma chica la que abrió. La joven invitó a pasar a la señora a su casa, quien entonces empezó a hablar con energía y tono de voz amenazador diciéndole que no volviera a ver a su hijo Domingo, pues ella era una pobretona y su hijo obedecería esa orden. 

En ese momento apareció el joven que iba a visitar a su amada, y ante Felipa, Domingo defendió su amor; por lo que su madre se alejó furiosa, mientras los

jóvenes platicaban sobre sus deseos de casarse.

Pero cuanto más mostraba Domingo su intensión de contraer matrimonio con Francisca, doña Felipa más sufría y en su angustia por evitar la boda, buscó a

una conocida bruja en su casa, la hechicera la recibió como si supiera a qué iba; Felipa le describió su caso, yla bruja prometió darle una solución para el viernes. 

Sin embargo, en la noche, Domingo y su madre discutieron nuevamente, y él le dijo que estaba decidido a casarse; por lo que la madre le pidió esperar hasta el sábado.

La noche del viernes Felipa buscó nuevamente a la bruja, la cual le dijo que dejara que los jóvenes se casaran, y después le daría un regalo a Francisca que la iría matando lentamente.

Sorprendidos por la aceptación, los jóvenes se casaron y fueron bien acogidos por doña Felipa. 

Pensaron que, aunque la chica era pobre, su belleza y bondad habían conquistado a la señora.

A esa misma hora, la hechicera celebraba un diabólico rito: En una laguna degolló siete patos, y con su sangre se embadurnó la cara invocando al demonio.

Tres días después de la boda se presentó doña Felipa con aquel regalo: era un cojín de terciopelo relleno de las plumas de pato endemoniadas; desde esa noche, Francisca utilizó el cojín como su almohada.

8Al día siguiente la joven se despertó con un gran malestar: dolor de cabeza y mareos. 

Ningún remedio fue suficiente, día con día Francisca se sentía peor, comenzó a estar pálida, débil, y cada vez más triste. 

En unos cuantos días su rostro era cadavérico; Domingo, preocupado, llamó al médico, quien examinó a la enferma, el diagnóstico fue extraño y fatal. A los seis meses Francisca había muerto.

Una vez enterrada, Domingo se encerró en su recámara durante días cayendo en una profunda depresión.

Besaba los lugares donde ella hubiera estado y dormía sobre el cojín de terciopelo.

Una noche, Domingo se despertó agitado, tuvo una visión: era Francisca que venía del más allá para advertirle del cojín embrujado que provocó su muerte; y le dijo que las culpables habían sido su madre y la hechicera; por lo que Domingo juró vengar su muerte.

Al otro día, a escondidas, Domingo salió de casa y se presentó a hacer la denuncia ante el Santo Oficio, y esa misma tarde se presentaron en la casona, de un tajo abrieron el cojín, del cual cayeron las plumas que se movían como si fueran serpientes impulsadas por una fuerza satánica.

Sometida a martirios, doña Felipa aceptó su culpa y reveló el lugar donde encontrar a la bruja.

 Condenaron a las dos mujeres a morir quemadas en leña verde dentro de la Plaza de Santo Domingo 

Domingo vivió su duelo encerrado en casa. Después, no se supo nada más de él, aunque algunos aseguran que se fue a España llevándose su pena y fortuna.

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