Por Víctor González.
Hoy nuestro país cuenta con estabilidad económica gracias al legado de mexicanos como Don Manuel Gómez Morín, que a pesar de encontrarse inmersos en un mundo lleno de propaganda socialista, entendieron la enorme responsabilidad de cuidar las finanzas nacionales con la fiereza con la que se cuidan las de la propia familia. La probada destreza de Gómez Morín lo llevó, a pesar de ser un duro crítico del régimen revolucionario, a ser Subsecretario de Hacienda, primer Gobernador del Banco de México, y creador del Banco de Crédito Agrícola.
Don Manuel, como rector de la máxima casa de estudios, encabezó la lucha por emancipar democráticamente la vida universitaria mexicana del poder público, a fin de proteger y salvaguardar a la Universidad como una institución determinada a generar conocimiento para la humanidad y no para ser un eje propagandístico del sistema. Don Manuel colaboró de igual forma en la fundación del también ilustre Tecnológico de Monterrey donde desarrollo su estructura y su orientación por la tecnología y la investigación.
Fue Gómez Morín pieza fundamental en la creación del Seguro Social donde participó en la redacción de su legislación, imprimió sin lugar a dudas su característico sello democrático y legó a la subsidiaridad como el eje central de dicha política pública, valor que a pesar de las adversidades mantiene a flote dicha institución.
Don Manuel con sus ideas cambió a México, fue un hombre de Estado que no pugnó por perturbar la paz pública en aras de derrocar a un régimen, sino que sembró la semilla del cambió cultural democrático en una sociedad que necesitaba identidad. El cabildo saltillense aprobó la semana pasada cambiar el nombre de una vialidad secundaria por el de Manuel Gómez Morín, un humilde homenaje para un héroe de la etapa revolucionaria mexicana que eligió a las “ideas y razones como armas, porque no tenemos otras, ni tampoco las hay mejores”.
Una pregunta.
¿Por qué a quienes no decimos seguidores de Gómez Morín se nos olvida difundir su obra?






