Si se desencadenara un conflicto bélico o se presentase una profunda crisis económica como las de 1929 y 2008, no tengo duda que el gran aliado y bastión de apoyo para los Estados Unidos, más que cualquier otro país, sería México. Por ejemplo, para la industria automotriz norteamericana que, como medida de defensa, frente a las crisis tiende a concentrarse en un punto geográfico determinado (Michigan, en otros tiempos), ante la amenaza por la crisis financiera ocurrida en 2008 en los EE. UU., encontró en México las condiciones y todas las facilidades para instalarse y mantener el apogeo de la industria. ¿Entonces por qué ‘diantres’ el señor Trump y su camarilla no se cansan de amenazar, insultar y denigrar a un socio, no sólo estratégico, sino leal y, en no pocas ocasiones, complaciente como México?
¡Basta ya! Quisiéramos que el presidente Peña estallara en cólera de una vez por todas, que alzara la voz, que denunciara y señalara el valor que como nación hemos construido y ofrecido al mundo entero. Y no, no se trata de demagogia romántica, como algunos se han atrevido a señalar ante las quejas de los mexicanos. Tampoco se trata de romper en llanto; eso lo harán los propios norteamericanos cuando se despierten por la mañana y se encuentren que su mejor aliado, su socio, abandonó la empresa.
Quiero suponer que el presidente Peña tiene un plan, una estrategia, una idea que lo invita a resistir y frenar ese impulso de rompimiento que le demandan algunos sectores políticos del país. Imploramos que así sea.
Porque no tengo duda que del TLC y de su vecindad con México, quienes se han llevado la mayor tajada son los Estados Unidos. Si las armadoras norteamericanas se han instalado en México, es porque encuentran las condiciones de competitividad para hacerlo, superiores a las de su país. Si México sufre de la presencia de los cárteles de la droga más poderosos del orbe, es porque encuentran en el vecino del norte el mercado más grande del mundo. Si a nuestro país ingresan millones de dólares en remesas, es porque allá, miles de empresarios vieron florecer sus negocios y acrecentar sus ganancias, muy por encima de lo que obtendrían si contrataran mano de obra norteamericana.
Así que basta de suponer que un día de estos el señor Trump amanecerá de buenas y reconsidere su visión de México. Basta de servirle ofrendas como la extradición del ‘Chapo’. Basta de simular o intentar boicotear los negocios de origen norteamericano, no tiene ningún sentido, ni político ni económico.
¿Queríamos estar en las grandes ligas? Pues ya estamos allí. Desecho la idea de que el señor Trump es racista o que odia a los mexicanos per se. El señor ha sido lo suficientemente inteligente y calculador para detectar en México una amenaza real, un competidor fuerte, que cada día gana más espacios en los EE.UU., no sólo en el ámbito productivo, empresarial o poblacional, también en lo artístico y cultural.
En las grandes ligas, no se pide perdón, no se sienta uno a llorar, no se boicotea. En las grandes ligas se negocia.
Se extraña a aquel presidente mexicano que cuando negoció el TLC, no necesitó un banquito para alcanzar la altura de su homólogo estadounidense, y de frente (palabras más, palabras menos) le dijo: “No buscamos ayuda, queremos hacer negocios”.
Dentro del cúmulo de opiniones, críticas, quejas y sugerencias respecto a cómo enfrentar a la nueva administración norteamericana, la más sensata, realista, práctica e incluso digna, es la sugerida por un viejo amigo de aquel perspicaz presidente mexicano. “Trump no es ‘terminator’, es ‘negotiator’”, señaló Carlos Slim.
Así que, empresarios, políticos, trabajadores, migrantes, a mostrase como el peso mexicano se ha mostrado en los últimos días frente a las amenazas de Trump: estoico y resistente.
Que sepan nuestros vecinos, que entienda Trump lo que puede perder cuando se aleja un socio chambeador, poseedor de un interesante capital, y de fiar, como México.
“Me llevaré la dignidad de no caer más en tu juego”, se escuchaba en “Basta Ya”, con la inevitable Jenni Rivera.
Tu Opinión: [email protected]





