
Las cifras son alarmantes, el divorcio se ha convertido en una práctica común que de cierta manera fractura el vinculo familiar y con ello la estabilidad social, según datos del INEGI el incremento en 2018 con respecto al 2017 fue de más del 6.5%, por cada 100 matrimonios están ocurriendo 32 divorcios, una cifra histórica.
Por desgracia el vinculo matrimonial cada día se toma con menos seriedad, los conceptos de compromiso disminuyen y divorciarse es algo que las nuevas generaciones toman como normal, la sociedad o su escrutinio formaban un freno, así mismo la religión contribuía a fortalecer el compromiso, hoy las nuevas costumbres y el aliento por parte de grupos de interés prácticamente invitan a que la gente se divorcie.
Si la familia pierde sentido en igual forma los valores morales se debilitan, ello sin duda contribuye a la generación de una sociedad más fría, con ausencia de intereses y compromisos, la gente tiende a convertirse en seres individualistas y solitarios.
El matrimonio dejo de significar un compromiso, hoy propiamente es un experimento que fácilmente puede ser modificado, persiga fines mas tendientes a lo económico y el concepto de familia se resquebraja, lo anterior repercute en la manera de pensar así como el comportamiento de las nuevas generaciones, hoy existen personas que se preocupan más por los animales o por cuestiones ambientales que por sus semejantes, buscan banderas, grupos o comunidades para sentir pertenencia y llenar el hueco que la familia representaba.
La mejor manera de evitar divorcios es pensar bien antes de contraer matrimonio, urge que la sociedad le dé sentido y valor a la familia, seguramente de hacerlo así muchos problemas que hoy padecemos encontrarían solución.





