«La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para provecho de gentes que sí se conocen, pero que no se masacran.» Paul Valéry
Así, decíamos entonces que Einstein y Freud, intercambiaron ideas sobre la guerra por ahí de 1932, para de ser posible establecer algún modo de evitarla. Resumiendo el resultado de dichas reflexiones lograron concretar en primer término, que «el poder» es el equivalente a la fuerza bruta del hombre desde el inicio de los tiempos. Posteriormente con la evolución, las armas y la superioridad intelectual reemplazaron a la fuerza bruta y al número. La cúspide del desarrollo social supone entonces que el «derecho y la justicia» deberían imponerse a la fuerza bruta. Pero para que esa potestad sea vigente, la comunidad debe conservarse organizada, teniendo como características los vínculos afectivos y el sentido de pertenencia entre los miembros del grupo.
Hasta aquí podríamos decir que el postulado funciona, aunque solamente en teoría, ya que dependiendo de cada sociedad, las leyes pueden o no considerarse justas para los demás miembros de la comunidad y entonces se desencadenan rebeliones y guerras. Einstein y Freud, llegaron a una misma conclusión: Las guerras sólo pueden evitarse si se establece mediante un acuerdo inquebrantable, un poder central, que tenga la responsabilidad de solucionar todos los conflictos e intereses. La liga de las Naciones Unidas comenzaría a concebirse entonces con ese fin, aunque formalmente vería la luz hasta 1945.
Pero, 70 años han pasado desde que la ONU fue creada y de manera probada sus resultados prácticos han dejado mucho que desear. ¿Qué sucede? ¿Porqué falta peso a las decisiones y determinaciones del organismo? El enorme cuerpo que la conforma con más de 40 mil funcionarios básicos, se ha transformado en el mejor ejemplo de la ineptitud burocrática en toda la historia de la humanidad. Para legislar derechos, para ofrecer ayuda comunitaria, no hace falta el desmedido tamaño de ese enorme elefante blanco. Lo que realmente espera la humanidad es que se tomen decisiones y se realicen acciones efectivas ante conflictos como el que vivimos actualmente. La unidad de la mayoría debería permitir comprender los problemas, aplicar soluciones basadas en la justicia y el derecho, y garantizar así, el bien común y la permanencia de la especie.
Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.
Escrito por: Alberto Boardman





