Algo que vale la pena contar ALBERTO BOARDMAN

15 septiembre 2017
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Hay pueblos que declaran su Independencia y pueblos que necesitan gritarla. La madrugada del 16 de septiembre de 1810, el cura Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte y Villaseñor, daba inicio a la lucha por la Independencia de México. Curiosamente nuestro primer insurgente, llevaba entre sus nombres el de “Hidalgo”, sinónimo del castellano antiguo que significa “noble sin título”. Cuando inició la revuelta, a pesar de contar con sus buenos cincuenta y siete años de vida, todavía presumía vigor suficiente para encabezar una revolución al grito de guerra.

Hombre inteligente y culto, Hidalgo había sido Rector del Colegio de San Nicolás en Valladolid, antes de hacerse cargo del curato de Dolores en 1803. Lector de los enciclopedistas, simpatizó con las ideas de libertad, igualdad y fraternidad. Pero como era de esperarse, apenas unos días después de iniciado el movimiento independiente, para el 24 de septiembre de 1810, Manuel Abad y Queipo, a la sazón, Obispo de Michoacán, publicaba un edicto de excomunión contra Hidalgo y amenazaba a sus seguidores con aplicarles la misma fórmula.

Además de condenar la rebelión contra la metrópoli, el Obispo censuraba el uso que hacía Hidalgo de la Virgen de Guadalupe como estandarte, considerándolo un “sacrilegio gravísimo”. Hidalgo había rotulado en su bandera de batalla, la imagen de nuestra Señora de Guadalupe, junto a la inscripción: “Viva la religión, viva nuestra Madre Santísima de Guadalupe, viva Fernando VII, viva América y muera el mal gobierno.” Intereses bastante encontrados, pero que seguramente calaban hondo en el ánimo eclesiástico de la época que caminaba de la mano de los españoles.

Hidalgo terminaría acusado por la Inquisición, misma que reviviéndole viejos cargos, acabaría condenándolo por el delito de herejía y apostasía de la fe católica, y de ser un hombre sedicioso, cismático y hereje formal. Sin embargo y contra todo pronóstico, le bastó menos de un año al frente del movimiento armado (hasta que cayó preso y fue ejecutado en julio de 1811), para consagrarse como el Padre de la Patria.

El tirano desaparece y su reino termina, el mártir muere y su reino, apenas comienza.

Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.                                     Contacto: [email protected]  –  Twitter: @AlBoardman

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