Algo que vale la pena contar ALBERTO BOARDMAN

9 junio 2017
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A partir de la ignorancia inducida muchos de los problemas que vivimos en la actualidad encuentran su razón de ser, porque como decía Voltaire: “Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, aún sabiendo que tienen una”.

Vivimos tiempos de excesos, sobre todo tecnológicos. Una comunicación lineal que nos permite estar conectados en segundos. Tan rápido es el acceso a un torrente incuantificable de información, que ni siquiera permite la oportunidad de observar, analizar y discernir. Por supuesto que generar esa condición tiene como finalidad desencadenar una reacción inmediata y apasionada. Abrumar hasta el cansancio una verdad particular, tiene como objetivo que el agobio no permita reflexionar, que el exceso se vuelva tan desmedido que termine por transformarse en convicción. Tendencias, esa opinión generalizada que crece hasta volverse un tsunami difícil de ignorar y entonces se transforma en un arma muy peligrosa, la manipulación.

Gran parte de la sociedad en todos sus niveles ha dejado de considerar el pensamiento filosófico, esa herramienta que nos permite usar la razón para analizar, interpretar y exteriorizar de manera independiente nuestra propia opinión conllevando el peso de cierta responsabilidad moral. Hoy, esa cualidad se ha visto avasallada por los intereses perezosos de lo que me atrevería a llamar: un materialismo ideológico de horda. Y es fácil comprobarlo, personalmente lo he llevado a la práctica en los últimos días e invito a que usted apreciable lector, lo ponga a prueba también. Independientemente de su postura a favor o en contra de determinado problema, todo se resume digamos, a lo que sucede, en un juego de ajedrez: para acertar el siguiente movimiento, debemos pensar en la jugada del otro. Es decir, evaluar ambos posicionamientos, justificaciones y acciones, sucedidas o por suceder en el tablero. De diez entrevistados, ocho no pudieron sustentar su postura, su convicción simplemente era el resultado de la pasión e información obtenida a botepronto. Manipulación, triste, pero cierta realidad.

A cada hombre se le da la llave de las puertas del cielo, pero esa misma llave abre también, las puertas del infierno. Richard P. Feynman

Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.                                     Contacto: [email protected]  –  Twitter: @AlBoardman

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