POLITRIZAS Por: Mauricio García

8 agosto 2026
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FRÍO

BUENOS DÍAS… La encuesta realizada hace una semana por la empresa Poligram en Múzquiz evidencia una situación bastante distinta a la que algunos analistas y politólogos esperaban del gobierno de Laura Jiménez. 

Decían que, después del triunfo de su esposo, Héctor Miguel García, “El Gachupín”, en las diputaciones locales, con el respaldo irrestricto del Gobierno del Estado en este municipio y la detención de Tania N, se esperaba que el nivel de aceptación de Laura rondara entre el 65 y el 70 por ciento. Pero no fue así. 

La última medición la coloca en un 58 por ciento de aprobación, que tampoco es para echar las campanas al vuelo, pero mucho menos para sacar las banderas blancas. Un 58 por ciento es un número que muchos quisieran presumir y hasta mandar imprimir en lonas, espectaculares y calendarios.

El asunto está en el otro lado de la moneda, porque ese 58 por ciento representa una aprobación aceptable y suficiente para decir que el gobierno municipal conserva un respaldo ciudadano importante, pero el 42 por ciento restante expresa una opinión negativa, y ese porcentaje ya no es precisamente una piedrita en el zapato. 

Es una piedra que, dependiendo de cómo se mueva la elección, puede terminar convirtiéndose en adoquín. Para una alcaldesa que eventualmente buscaría la reelección, el dato merece atención, porque Laura Jiménez no llega debilitada, pero tampoco llega en una posición cómoda.

Esta en una situación de ventaja moderada, dirían los politólogos, no está en riesgo inmediato, pero tampoco tiene una ventaja como para sacar la calculadora, repartir las camisetas de campaña y empezar a celebrar antes de tiempo. Su administración conserva aprobación, sí, pero existe una bolsa cercana al 40 o 45 por ciento de ciudadanos inconformes y, en una elección municipal, donde cada voto pesa y las estructuras territoriales cuentan, ese porcentaje puede convertirse en terreno fértil para cualquier adversario que sepa trabajarlo.

¿Puede ganar la reelección? Sí, puede ganar, pero no sería una elección sencilla. Si hoy el escenario fuera Laura Jiménez contra Antonio Flores Guerra, con solamente estas mediciones no puede afirmarse quién ganaría. Lo que sí puede concluirse es que Laura Jiménez no tendría una ventaja suficiente para asumir una victoria cómoda, mientras que Antonio Flores encontraría un terreno fértil para competir, particularmente si centra su discurso en los temas donde la encuesta detecta mayor insatisfacción: empleo, economía y seguridad.

Y ahí es donde comienza lo interesante, porque una cosa es que un gobierno tenga 58 por ciento de aprobación y otra muy distinta es que ese 58 por ciento esté dispuesto a salir a votar por él cuando llegue la hora de la verdad, las encuestas de percepción son una fotografía, mientras que la elección es la película completa y, como bien sabemos en política, entre una fotografía y una película pueden aparecer varios personajes que nadie había invitado.

La medición deja un mensaje bastante claro: Laura Jiménez logró que la mayoría apruebe su administración, pero esa mayoría es relativamente estrecha si se observa desde la lógica electoral. Un 58 por ciento suele ser suficiente para llegar competitiva a una campaña, aunque no garantiza el triunfo frente a un adversario con conocimiento, recursos, estructura y capacidad para convertir el descontento en votos.

Si Antonio Flores fuera el candidato opositor y lograra atraer una parte importante de ese 42 por ciento que hoy evalúa negativamente al gobierno municipal, la contienda podría cerrarse de manera considerable.

Así que, por ahora, en Múzquiz el termómetro político marca 58 grados de aprobación y 42 de inconformidad. No es incendio, pero tampoco precisamente clima para andar en mangas de camisa. Laura tiene con qué competir, pero el 42 por ciento inconforme también tiene con qué hacer ruido.

La elección, si llega, todavía está lejos de estar escrita y aquí nadie debería sentirse ganador antes de tiempo, porque las urnas tienen una muy mala costumbre: no leen boletines, no respetan pronósticos y mucho menos obedecen encuestas… FRÍO, FRÍO…ADIOS

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