
En un determinado momento se comenzó a coincidir en temas poco comunes, de esas cosas que prácticamente solo comentas para ti mismo cuando se mantienen platicas con el yo interior, quizá motivado por el ambiente o bien por cierto misticismo del entorno, probablemente por el alcohol consumido durante horas de platicas de temas comunes, lo cierto es que la embriaguez cumplió su cometido generando desinhibirse de las ataduras, temas de cierta profundidad comenzaron a fluir y donde parecía no existía empatía resultó compartir locuras.
En algún repentino momento, bajo el manto de la madrugada que comprueba la estancia grata se hablo de la relatividad, de la vida, de la creación, experiencias sobre viajes astrales y vivencias de contactos con entes divinos, si bien, se comprendía lo que las contrapartes afirmaban, surgían retóricas sobre la manera de comprobar lo afirmado. Hubo quien refutara asegurando que cuando se vive algo así, poder demostrarlo a terceras personas resulta intrascendente, por otra parte alguno más de los interlocutores aseguró que lo importante de comprobarlo era el trascender, cumplir con la misión de trasmitirlo, como en toda mesa de diálogo lo interesante no resulta los puntos en común, sino las cuestiones en discordia, temas comunes con puntos de desacuerdo que salpimientan dichos intercambios de pensamientos.
Ante mi asombro, cuando comente sobre mi convivencia con lo que yo considero un ángel, en sus caras no se denotó expresión de asombro, en cualquier otro círculo quizás la confección hubiera arrancado asombro o de menos una mueca de burla, en el caso no fue así, tal como si hubieran compartido la experiencia o la consideraran normal, solo algún cuestionamiento del porque refería yo esa presencia como la de un ángel, aclarando mi punto expuse que Ángel era mi manera de imaginarlo pero que podríamos llamarlo ser de luz, ente de energía o presencia paranormal, al final la sensación de la presencia es lo que cuenta y el nombre que se le otorgue pasa a segundo término.
Ya en confianza y sin que me lo preguntaran expuse que en algunas ocasiones cuando dicha presencia se manifiesta el primer sentido que lo percibe es el del olfato, un aroma floral indescriptible, más intenso que la rosa o el jazmín pero a la vez mucho más sutil, un olor que te envuelve sin penetrarte, algo que exalta todos sus sentidos, en conjunto comparsas de una música silenciosa, un vibrar armónico que trasmite sin necesidad de escuchar, al tiempo tu cuerpo pareciera flotar, no existe sensación de temperatura, algo se ilumina pero sin que ello signifique ver destello, una armonía que otorga paz, sabes que alguien está ahí y al reflexionarlo tu piel se eriza, faltan palabras para explicarlo pero es tan extraordinario que solo se puede razonar comparándolo con lo divino.
La insistencia continua, la petición fue que lo compartiera o mejor dicho que lo comprobara, expuse que cuando lo vives sabes que con ser consciente de ello no requieres difundirlo y menos comprobarlo, es algo tan personal y sensacional que con saberlo uno mismo basta, entre la insistencia se me menciono el pasaje bíblico de la ultima tentación de Cristo, ese momento cuando ya en la cruz Él duda y cuestiona a su padre, en palabras sencillas este le dice que sin Él el sacrificio nada quedaría demostrado, que sin lo sucedido sería un hombre normal que pasaría por el tiempo sin trascender ni ser recordado, si bien entendí la intención del comentario continúe sin sentir la necesidad de comprobar mi vivencia, lo que si no puedo negar es que sembró cierta inquietud por compartirlo pero no de comprobarlo.
Mientras me externaban su opinión hubo algo que en el momento no les mencione, entre la plática existió una aparición, un hombre de edad avanzada hizo presencia, faltó medianamente de cabello, estatura por encima del promedio, vistiendo un traje verde grisáceo se postró a su lado, su mirada era atenta, no a mis respuestas sino a sus preguntas, como asintiendo lo que me preguntaban pero sin intención de ser más que un escucha, en sí mismo no me transmitía temor, reflejaba serenidad, a pesar de ello y dado los temas que se tocaban, si generó inquietud.
En ese momento, por lo acontecido y por la hora, opté por despedirme, si bien existió alguna insistencia por qué me quedara preferí retirarme, en mi interior culpe de mi visión a la botella de un buen vino tinto que bebí completa, lo cierto es que en mi imaginación o en la realidad la reunión de tres por un momento se convirtió de cuatro, al bajar del lugar del cual me acompañaron a la salida no pude contener mi tentación de voltear, solo mis dos compañeros bajaron con migo, la presencia seguramente se quedó o bien se retiró al concluir la plática sin tener la cortesía de acompañarme.





