PALOMITAS DE MAÍZ Y BAJOS SALARIOS, LA ESTRATEGIA DEL TLCAN : RUBÉN OLVERA MARINES

27 octubre 2017
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olvera123

Percibo cierta frivolidad, disfrazada de estrategia, en las renegociaciones del TLCAN. Por un lado, Donald Trump ventilando que sus amagos de retirar a los EE.UU. del tratado trilateral, son una táctica para obtener mayores beneficios dentro de la negociación. Y por la otra, en México queda la impresión que nos hemos resignado a no utilizar más argumentos que el del “país palomero”, a través del cual se amenaza a los norteamericanos con dejar de importar el maíz, entre ellos el utilizado para hacer palomitas.

Podríamos adelantar que aun sin el TLCAN una buena parte de las empresas norteamericanas preferirían quedarse en México, antes que resignarse a regresar a su nación de origen y tener que pagar salarios mucho más altos. Lo que sucederá es que la boyante industria automotriz estadounidense, se quedará sin la eficiente y barata mano de obra mexicana. Los mexicanos prescindiremos de las palomitas gringas, pasaremos a probar las cabritas argentinas y las pipocas brasileñas.

Resulta increíble que estando a la vista las condiciones para que los tres países que integran el TLCAN, con sus debidas correcciones que potencien los beneficios sociales en México y los empresariales en los EE.UU y Canadá, se configuren como uno de los bloques más competitivos del orbe, se empecinen en implementar estrategias peregrinas, que los alejan del cuadrante de Ganar-Ganar, para situarlos en un territorio extraño para los estudiosos de la economía que pretenden encontrar en el proceso de renegociación razones de eficiencia y condiciones para elevar la competitividad. En efecto, Donald Trump ha prescindido de las razones económicas, para llevar su discurso al agreste territorio de la política; pretende, sin haber demostrado con números que el TLCAN perjudica a la planta productiva norteamericana, consagrarse con algunos grupos de interés que le dieron su apoyo para llevarlo a la presidencia.

En México, con la proximidad de un proceso electoral federal, resulta inevitable especular sobre la presión política que se cierne sobre el gobierno en turno para tratar de mantener el acuerdo comercial, cueste lo que cueste. La administración del presidente Enrique Peña no desea pasar a la historia como el gobierno que no pudo mantener el factor de competitividad más atractivo para la inversión extranjera.

No obstante, al considerar la mano de obra barata y las toneladas de maíz que importamos de nuestros vecinos, como la tesis para hacer ver a los  estadounidenses lo que perderían sin el TLCAN, refleja lo poco que hemos avanzado como economía.

Es cierto que el maíz es un producto fundamental en la relación comercial de ambos países. Son millones de dólares que pagamos a los agricultores estadounidenses para engordar el ganado, servir a la mesa y hacer palomitas.

La mano de obra barata, extremadamente atractiva para las empresas norteamericanas, se ha convertido en una verdadera amenaza para los EE.UU. y Canadá. Justin Trudeau, Primer Ministro de Canadá, externó en su reciente visita a México su preocupación por las condiciones laborales que imperan en nuestro país; no porque se interese mucho en la situación socioeconómica de la clase trabajadora mexicana, sino porque los bajos salarios de México se perciben como una especie de competencia desleal al momento que las empresas seleccionan su localización entre los tres países.

De tal manera que lo salarios y las palomitas de maíz son temas importantes para las tres naciones. Sin embargo, en México, los bajos salarios no deberían verse como un factor de competitividad, sino como un lastre que explica las condiciones de pobreza y desigualdad que los 25 años del TLCAN no han podido reducir.

El maíz palomero, por su parte, entre otras variedades, tampoco debería usarse como un factor que beneficia a México en las negociaciones. Aunque nada despreciable, la cifra de importaciones representa una pequeña parte del intercambio comercial entre México y los EE.UU.

Después de tantos años de apertura comercial y relaciones comerciales privilegiadas con los EE.UU. y Canadá, México debería sustentar su competitividad en factores como su sistema educativo, infraestructura, eficiencia y tamaño de su mercado, calidad de su gobierno, sistema de salud y estado de derecho. Lamentablemente, a la fecha, no es así.

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