Cierto resulta que existen algunos partidos peor que otros pero por desgracia todos lucran y abusan de la ciudadanía, las quejas, los insultos o las acusaciones son cosa de todos los días pero al final de cuentas nada se resuelve y los únicos que continúan lucrando del presupuesto son los políticos.
En el escenario se muestran como adversarios pero tras bambalinas conviven y se reparten todos juntos, si bien existen algunos más sinvergüenzas al final ninguno es pulcro, los aumentos o las reformas son aprobadas por todos, la política se mueve ha su antojo y complacencia pues en ultima instancia comparten los mismos intereses y la realidad es que nadie quiere terminar con la gallina de oro.
Por su parte la ciudadanía solo toma el papel de observador, los jugadores son los mismos y se mantienen de manera generacional, se cambia el color o los discursos pero la situación no se compone, ningún político rehusa al sueldo ni a las prestaciones, gritan e insultan a los oponentes pero nunca se dañan.
Los partidos políticos son frívolos y han encontrado las maneras perfectas para manipular al igual que para engallar, los reclamos de hoy son los mismos que los de nuestros padres o nuestros abuelos o los de sus padres y los padres de estos, nada cambia por que siempre nos gobiernan los mismos, una clase política que ha encontrado en el ejercicio del poder una forma de vivir o un comercio semejante a cualquier empresa.
Siempre existimos nuevos ilusos y los partidos siempre encuentran que vender, vivimos de la esperanza o de la fe, el pasado se va difuminando como la vida misma de quienes padecieron los problemas del ayer, las nuevas generaciones de políticos solo tienen que repetir las mismas formas o los mismos engaños, para cuando uno se da cuenta ya el tiempo ha pasado y decidir se encuentra en las manos de los que llegan, pasando el tiempo todo resulta cíclico, ciudadanos pobres y políticos ricos que al pasar del tiempo dejan de lado sus motes de rateros o sinvergüenzas pues el poder del dinero los convierte en Dones o personajes de supuesto respeto.
El cambio debe ser de raíz, un golpe de tajo que permita que en verdad las cosas cambien y que logre que esa frivolidad quede en el pasado al igual que nuestra esperanza.





