EL DILEMA DE MIGUEL RIQUELME Y EL FACTOR “M” RUBÉN OLVERA MARINES

14 abril 2016
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olveraDurante los últimos meses, la sombra del plan B ha perseguido a Miguel Riquelme. El alcalde de Torreón y aspirante a la gubernatura de Coahuila lucha por convencer, por edificar su proyecto. Pero al intentar sacudirse la imagen del continuismo, podría poner en riesgo la relación que ha construido con quienes, en años recientes, lo han llevado de la mano.

El dilema podría resolverse si la marca “Moreira” mantuviera su solvencia electoral rumbo al 2017. No tendría sentido hablar de una contradicción, si este grupo conservara realmente los ‘amarres’ precisos con “Los Pinos” y con el CEN del PRI, que le garantizaran a Riquelme la candidatura. Éste sería el escenario perfecto, sin disyuntivas, el escenario deseable, ¿posible?

Si fuese lo contrario, es decir, si el lagunero percibiese alguna debilidad electoral o algún distanciamiento del “centro” por parte de la marca “Moreira”, entonces el dilema podría presentarse cuando se viera obligado a decidir entre seguir abonando al cesto de la lealtad incondicional, que a la vez coarta su independencia, o redefinir su itinerario, examinar nuevas alianzas o entonar un discurso sino de rompimiento, al menos sí de cambio, lo que, por supuesto, podría otorgarle mayor libertad y, eventualmente, acercarlo al “centro”. Sin embargo, la segunda alternativa, lo enviaría algunos escalones abajo de la plataforma que hoy lo sostiene.

Fascinante disyuntiva tiene ante sí Miguel Riquelme. Porque independientemente de las expectativas electorales que le ofrezca la marca “Moreira”, su actual ubicación estratégica en el mapa político coahuilense depende, enteramente, del factor “M”.

A menos que Riquelme soporte por sí mismo fuerza electoral estatal y asegure, sin intermediarios, los acercamientos correctos con Presidencia y con el CEN de su partido. De lo contario, el dilema pareciera estar en la cancha de los promotores y no del promovido.

Los usuarios y creadores de la marca “Moreira” podrían albergar dudas acerca de la trascendencia electoral de Miguel Riquelme, al fin de cuentas la estructura (al menos que el CEN del PRI determine lo contrario) la administran ellos. Y todavía más importante, Riquelme tendría que pasar los filtros que el propio CEN del PRI imponga. De ahí que, en todo momento, desde que iniciaron los devaneos sucesorios, la sombra del plan B ronda en la Comarca.

Hasta el momento, la aceitada estructura estatal del PRI, administrada por el factor “M”, pero sujeta a las determinaciones que en su tiempo establezca el “centro”, tiene bien clara su misión de arropar al alcalde lagunero. Ninguna, ni la más mínima señal de un plan B. El más reciente acto del PRI coahuilense, la sesión del Consejo Político Estatal, celebrado hace apenas unos días, fue una muestra de ello.

No sólo por haberse celebrado en la “Perla de la Laguna”, ciudad que gobierna nuestro referido, sino porque previo, durante y posterior al evento, el personaje político que más brilló, tú lo sabes, fue Miguel Riquelme.

Con las recientes designaciones de los candidatos que competirán por el PRI en diversos estados, ha quedado claro que los favoritos de los gobernadores fueron designados cuando alrededor del aspirante concurrió el arrastre electoral con el visto bueno del “centro”. Predominando lo segundo, porque me atrevo a decir que varios de los aspirantes que teniendo presencia electoral local y la preferencia del gobernador priista, fueron excluidos por no asegurar los ‘amarres’ correctos con el “centro”.

Aquellos gobernadores que aun cuando su favorito no resultó ser el elegido, no lo perdieron todo, fueron aquellos que aseguraron y siempre promovieron un plan B. Porque sabemos bien que el CEN del PRI desea garantizar el triunfo, independientemente del origen del candidato.

Alternativas las hay, unos con mayor presencia a nivel nacional, y otros con cierto anclaje en la estructura del PRI local. Pero, ¿quién de ellos lograría, efectivamente, desvanecer las contradicciones que podrían presentarse entre el factor “M” y los designios del “centro”? ¿Quién de los cuatro o cinco aspirantes podría encabezar un discurso de cambio y renovación, sin romper del todo con la estructura electoral afín a la marca “Moreira”? ¿Será eso posible? ¿Tendrá Riquelme la sapiencia para resolver el dilema?

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