
El mundo vive en la actualidad una crisis sin precedente, tanto por su origen como por su magnitud. La parálisis de la actividad económica ha tumbado la demanda por bienes y servicios, disparado el desempleo y derrumbado los mercados financieros.
No nos queda más que amarrarnos el cinturón y echar mano de nuestro ingenio para sobrellevar estos días de dificultad económica. Preparémonos para arrancar con todo tan pronto la contingencia se levante para recuperar el tiempo perdido. Dicen que lo que no mata, fortalece.
El día después de mañana, cuando todo esto pase, el mundo será diferente. La ecuación y el equilibrio de poder cambiarán para muchos. A nivel internacional, la economía china saldrá fortalecida, a expensas de la norteamericana. La resiliencia, la iniciativa y la capacidad de adaptación serán atributos altamente valorados. Se incrementará la dependencia en la tecnología, incluidas las clases a distancia, y los viajes de negocios se reducirán.
Las empresas intensificarán su apuesta por la automatización y los gobiernos y la iniciativa privada invertirán más en la salud y en plataformas virtuales para ofrecer sus servicios. El impacto positivo que la pandemia está teniendo en el medio ambiente será prolongado con iniciativas atrevidas y audaces.
Pero lo más importante de todo será el cambio social. Se está generando una solidaridad entre la gente de todos los países. La sociedad está aprendiendo a organizarse sin depender de las directrices oficiales y a generar sus propias conclusiones.
Sin duda se está gestando una maduración comunitaria que cambiará los cimientos de las estructuras sociales del planeta y que puede ser el inicio de la creación de la sociedad justa y equitativa a la que todos aspiramos.


