CUATRO OBSTÁCULOS Y UNA TENTACIÓN PARA LOS INDEPENDIENTES EN COAHUILA

28 octubre 2016
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olveraRUBÉN OLVERA MARINES

Quienes aspiren a gobernar Coahuila por la vía independiente, deberán sortear cinco obstáculos, cada uno de mayor grado de dificultad que el anterior. Además, el caso de ‘El Bronco’ en Nuevo León, nos está revelando que si un independiente logra superar las distintas pruebas, la meta, la gubernatura, es la etapa en donde comienzan sus verdaderos problemas. Y súmele usted que, cuando se encuentre en la cúspide, en la silla, encontrará algo más que un obstáculo,  tendrá ante sí una tentación, la última tentación de los independientes: el sistema político, sustentado en la figura de los partidos , les harán ver su suerte; intentarán confundirles, repitiéndoles una y otra vez que no se puede gobernar sin bancada y sin partido, para luego seducirles con la idea de construir su propio sostén, impulsando candidaturas afines, aparentemente independientes, pero edificadas sobre el voto corporativo; si así sucediese, entonces los independientes estarían sucumbiendo ante el sistema que derrotaron, obtendrían los beneficios de contar con una bancada, pero acarrearían los ‘desenfrenos’ del sistema político que criticaron.

Semejante reflexión nos conduce a la pregunta, ¿quién de los posibles independientes reúne los atributos para superar los obstáculos y para resistirse a la ‘tentación’ de regresar en su hipotético mandato a las prácticas corporativas del sistema político vigente? ¿Noé Garza? ¿Armando Guadiana? ¿Luis Horacio Salinas Valdés? ¿Fausto Destenave?

Van los cinco obstáculos. Primero, el arrojo para enfrentar al sistema hasta sus últimas consecuencias (iniciamos mal, aquí fácil se baja al menos uno de los mencionados). Luego, si se arma de valor, viene el segundo obstáculo: la capacidad de movilización para asegurar una extensa red de amigos y allegados, que le garanticen las firmas para el registro y, lo más difícil, que al menos cuente con representantes en cada una de las casillas durante la jornada electoral (¿cuántos tendrán el tonelaje electoral para enfrentar a las estructuras de los partidos? A lo mucho dos). Llega después la campaña, el debate y la confrontación de ideas, los spot, el dinero, la guerra sucia, la indiferencia de los medios acostumbrados a  los grandes partidos, la creatividad, las redes sociales, las encuestas (no veo en este momento un perfil independiente que se apodere del escenario y que logre desnudar al sistema).  Supongamos que alguno lo logre, entonces, sólo entonces el independiente enfrentará el verdadero reto, el problema de problemas, una encrucijada en su carrera: gobernar solo, sin bancada y sin partido. Formar gabinete, romper inercias, hacer  que su antecesor(es) rinda cuentas, mantener la paz, liquidar deudas, lidiar con los medios, cumplir promesas, convencer.

Vayamos a los hechos. Noé Garza, priista de años (y de cargos), renuncia al partido y especula con una candidatura independiente. ¿Dónde está ahora? En pocos días, el sistema le demostró lo que es capaz de hacer con quienes le desafían. ¿Después de lo sucedido, tendrá Noé la valentía  para siquiera acercarse al tercer obstáculo de la carrera? Armando Guadiana, probablemente el primer y segundo obstáculo ya los superó, sin embargo, pronto, muy pronto, antes que inicie la competencia, fue seducido por el sistema. Todo indica que el empresario no tendría inconveniente alguno en dejarse consentir por un partido político, Morena, de Andrés Manuel López Obrador.

Las opciones se agotan (o las agotan). El tiempo nos dirá si Luis Horacio Salinas va en serio, y si a Fausto Destenave no le agobian los asuntos del pasado que al sistema le fascina ventilar.

¿Hay más opciones independientes? Algunos analistas y aquellos ciudadanos que desean conceder un descanso a los partidos, especulan, imaginan, sueñan con una segunda opción independiente: la renuncia al PRI o al PAN de alguno de sus cuadros destacados, con presencia territorial estatal, con las agallas para confrontar al sistema y con demostrada capacidad para gobernar ante situaciones complejas. ¿Imaginas a Isidro López, Javier Guerrero, Alejandro Gutiérrez, por citar algunos ejemplos, renunciar  a sus partidos para encabezar la causa independiente?

“El diablo sabe a quién se le aparece”. En política esta frase no es del todo cierta. Porque si bien el sistema es rudo, implacable, en ocasiones también es poroso; sólo volteemos a Nuevo León, Morelia o Ciudad Juárez. Más allá de las personas y de sus rústicas acciones (sólo pensemos en Javier Duarte), las oportunidades políticas las dibuja el tempo, las circunstancias,  los sucesos, los astros, dicen algunos;  por lo que en Coahuila, la frase podría acomodarse como sigue: “El diablo sabe cuándo se aparece”.

¿Será éste el momento?

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