
Diversos análisis realizados por economistas y especialistas financieros afirman que los daños financieros provocados por la epidemia del Covid -19 ocasionarán más daños económicos que en cuestión de salud, es decir, habrá más personas en bancarrota que muertas por estos efectos.
La citada epidemia podría provocar una aceleración en retroceso a la globalización, un rompimiento de los entramados que sostienen la economía separando de nueva cuenta al oriente del occidente.
Los efectos económicos del Covid-19 actuarán en escala perjudicando de inicio a la clase trabajadora para posteriormente hacerlo contra micro empresarios y así seguir subiendo hasta afectar a grandes corporaciones de negocios. Provocando lo anterior una nueva correlación de fuerzas económicas mundiales, de inicio la epidemia afecta la movilidad de las personas y ello se traduce en ausencias laborales, despidos y cierres de negocios, el sostenimiento de las economías familiares se tornará cada vez más difícil y ello se traducirá en crisis así como en carestía.
En México se puede percibir el comienzo de lo comentado, la gente aún sin que la situación sea delicada ha comenzado a realizar compras fuera de sus presupuestos, adquiriendo productos que antes no eran considerados necesarios y desequilibrando sus finanzas personales, en países donde la problemática es más drástica la situación ya se padece en niveles alarmantes, comercios cerrados, la gente no sale de sus hogares, el consumo disminuye de manera casi total y se genera una parálisis económica general.
Rusia y China podrían consolidar un bloque que adhiera a países Europeos, mientras que Estados unidos encabezaría otro semejante, con ello las economías dejarían de estar vinculadas, el comercio volvería a tiempos de antaño limitando las dependencias económicas y generando dos mercados totalmente distintos, un mundo multipolar, segmentado y dividido, un nuevo comienzo similar a lo vivido antes de la globalización.
Ahora los países que pretendan sopesar las consecuencias económicas deberán tomar medidas muy puntuales en referencia a sus manejos financieros, anticipar los problemas que puedan venir por el pánico generado en todos los mercados, estamos en vísperas de grandes dificultades económicas que dejaran secuelas no remediables en corto plazo, en países como los Estados unidos el cierre de emporios emblemáticos como Disneylandia son solo una simbólica muestra de lo que podrá venir, hablamos de costos millonarias que no solo consisten en perdidas empleos, sino en la baja de mercadeo relacionado con alientos, hoteles, traslados, empresas satélites proveedores de diversos productos que en dicho parque de diversiones se comercializa diariamente, lo anterior solo por citar un ejemplo de la magnitud del problema que se avecina.
Pensar que países con fuerte solvencia vivirán momentos de mucho impacto en sus economías nos lleva a pensar lo delicado de la situación que se podrá vivir en México, con una economía débil, recién transitada por un año de cero crecimiento económico, con políticas fiscales altamente impositivas, sin sistemas de salud adecuados, con escaso financiamiento y con créditos de altas tasas de interés, además sin poder pasar por alto que se transcurre un episodio de guerra de precios en el petróleo, una condición que agrava aún más el probable panorama, recordemos que el año pasado Pemex perdió miles de millones de pesos, si eso fue con precios internacionales del crudo muy satisfactorios, imaginemos las cifras rojas que arrojara en el presente ejercicio, incluso especialistas en la materia aseguran que de extenderse la problemática del Covid – 19 por al menos cuatro meses más Petroleros Mexicanos quebraría de manera definitiva, quedarían atrás los proyectos de nuevas refinerías e incluso tendría que ser subastada o puesta en venta de manera total y definitiva.
En México pareciera que están concediendo poca importancia al tema de salud pero en definitiva no otorgan ninguna a las cuestiones económica, en igual forma podría ser que la falta de atención a los temas de salud obedece a un claro temor de la catástrofe financiera que está por venir, intentar poner oídos sordos a las medidas o prácticas de contingencia quizá obedezca a una búsqueda de alargar ello más posible un estremecedor daño económico para anteponer la estabilidad financiera a la salud de los ciudadanos.
No existe fórmula o cura de momento para contener la epidemia pero sí existen fórmulas para minimizar los daños económicos, esperemos pronto se pongan en práctica.


