Me es de alta preocupación escuchar de manera común la urgencia con la que una buena cantidad de personas añoran una nueva revolución mexicana, que en perspectiva de ellos, traiga la justicia social que los vicios de la primera nunca consiguieron concretar; me angustia porque las revoluciones desatan violencia, porque no solo terminan por la vía del linchamiento con determinadas figuras políticas, sino también, con las instituciones que a pesar de todo funcionan.
Las últimas décadas Oaxaca ha vivido secuestrado por un grupo de bribones, que detrás de las banderas de la educación han cometido toda suerte de barbajanerías, y han protagonizado constantemente hechos de violencia; hoy esos delincuentes que encabezan la CNTE, amparados en la indignación y el descredito que Peña Nieto y su Gobierno se han ganado a pulso, se han autoproclamado protectores de los derechos laborales y sociales no solo de los maestros, sino del pueblo en general, y han desafiado al Estado a una nueva revolución.
Estoy a favor de la reforma educativa, lo he dicho constantemente en este espacio que amablemente Ajuaa me brinda, considero que sin lugar a dudas ha servido para ponerle fin a los vicios que en el magisterio se encontraban, pues no hace tanto tiempo las plazas eran vendidas, heredadas, entregadas por prebendas políticas, o como premio en una red de trata de personas; pero mi verdad no es absoluta, y no se la quiero imponer a los demás por la fuerza, eso es democracia.
Mientras en el país los revolucionarios por propios y mezquinos intereses personales acababan con las instituciones porfirianas, que bien servían contrario a lo que en libros de texto nos contaron para justificar al régimen revolucionario, un grupo de ciudadanos encabezados por Manuel Gómez Morín creían que transformar a México era posible con “ideas y razones como armas, porque no tenemos otras, ni las hay mejores”; yo no quiero que la indignación lleve a México a convertirse en Libia, yo espero que ella sea el detonador de una ciudadanía activa, que sin incurrir en violencia, articule el cambio cultural y democrático que México urge.
Una pregunta.
¿Seremos capaces los ciudadanos de estar a la altura de las urgencias de México?
Ing. Víctor González





