Algo que vale la pena contar ALBERTO BOARDMAN

15 diciembre 2017
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 boardman33

«Me asomé a la ventana y en lugar de jardín hallé la noche enteramente constelada de nieve. La nieve hace tangible el silencio y es el desplome de la luz y se apaga. La nieve no quiere decir nada: Es sólo una pregunta que deja caer millones de signos de interrogación sobre el mundo».

José Emilio Pacheco, Noche y nieve.

Y con el invierno, llega la nieve. Cristales formados en la atmósfera que al interactuar entre sí, gracias a la humedad y el frío, se unen moldeando copos que por gravedad y peso descienden. Es necesario que la temperatura atmosférica se encuentre a cero grados Celsius o menos; a más temperatura la nieve modifica su consistencia transformándose en granizo o lluvia. Los copos en general miden aproximadamente poco más de un centímetro, y cada uno resulta único, prismas, placas hexagonales o estrellas, pero siempre de seis lados. Entre más baja sea la temperatura, el copo siempre será más pequeño.

Curiosamente la nieve puede resultar mucho más mortal que un tornado. Según datos históricos en 1972 Irán padeció un temporal invernal catastrófico que dejó pueblos cubiertos bajo ocho metros de nieve con más de 4 mil víctimas mortales. Por su parte el tornado más fatídico se sucedió en Bangladesh acabando con la vida de 1,300 personas.

Lo divertido del fenómeno meteorológico no debe escatimar nuestras precauciones, sobre todo si el disfrute de la nieve se encuentra acompañado de sol. La nieve no es blanca, sino más bien producto de la refracción y absorción de los rayos solares por la superficie de los copos. Esta luz puede producir quemaduras en la piel, incluso mayores a las obtenidas en un día soleado, así como pequeñas laceraciones en los ojos que pueden generar fotoqueratitis, cuyo resultado final puede llegar a producir ceguera.

«En cuanto caen las hojas, arrancadas por los vientos fríos y duros, el País de Nieve se colma de días grises, nublados y glaciales. La nieve se siente en el aire… En toda la costa norte el mar de otoño muge y gruñe; y aquí, en el corazón del país, las montañas hacen lo mismo, dejando oír un enorme suspiro parecido al rugido lejano del trueno.» País de nieve. Yasunari Kawabata.

Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.

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