“Lo único que impide a Dios mandar un segundo diluvio, es que el primero fue inútil.” Chamfort
Dios sigue siendo un tema de actualidad. A pesar de los tiempos catastróficos que nos ha tocado vivir, de la guerra, la violencia, las crisis económicas y los progresos científicos, el debate y creencia en la figura de Dios, sigue siendo un tema vigente. Baste con recordar que la Biblia, continúa siendo el libro más vendido de todos los tiempos y el mayormente traducido a no menos de 2,300 idiomas.
Al llegar las fiestas santas creyentes y no creyentes, terminan por participar directa o indirectamente en ellas. La influencia religiosa en nuestras vidas es indiscutible.
Dicen que cuando Dios borra es que va a escribir algo. Y definitivamente, nos encontramos ante una actualidad que en muchos sentidos, se encuentra llena, embadurnada de borrones, tachones y enmendaduras. Prácticamente durante este nuevo milenio, están comenzando a reescribirse a pasos agigantados, múltiples y nuevas formas de entender y llevar la vida.
Independientemente de nuestra postura ideológica y religiosa, es tiempo de detenernos un paso en el camino y reflexionar severamente sobre nuestro papel. ¿Qué dejamos de hacer, pensar, decir? ¿Qué valores, hábitos y disciplinas han venido a colapsarse en nuestro andar, superados por la práctica metódica y el avasallamiento de formas de comunicación y factores existenciales? ¿Porqué la palabra “indiferencia”, comienza a posicionarse como una constante habitual de nuestro diario acontecer?
Nos enfrentamos a tiempos en los que hay que aprender a evitar a toda costa, la pérdida del asombro. A momentos críticos en los que nuevas generaciones van dejando de lado la humanidad, calidez, valores y principios, por la apatía.
Quiera Dios que estos días de remanso, nos permitan un tiempo para conciliar nuestro “yo personal” con el “yo universal” y de esta manera sigamos intentando, vivir la vida.
Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.
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