Brasil inaugura los Juegos Olímpicos en un ambiente de polarización política

6 agosto 2016
Visto: 1012 veces

brtasilEste viernes, el presidente interino Michel Temer anunció la inauguración de los Juegos Olímpicos de Río 2016 en el legendario Estadio de Maracaná, delante de cientos de millones de espectadores. Un minuto entero de abucheos recordó que allí debía haber estado la presidenta suspendida, Dilma Rousseff, que declinó la invitación en protesta por el proceso de juicio político. Mientras tanto, miles de personas se manifestaban alrededor del recinto bajo el lema «Fuera Temer», un acto que acabó con al menos 35 personas detenidas por la Policía Militar. Brasil celebra la gran fiesta del deporte mundial en medio de una crisis económica, social y política desconocida en décadas.

«Acabemos con el golpe en Brasil». El lema de los defensores de la presidenta le ha servido para recuperar parte del terreno que había perdido en la calle durante los meses anteriores, en los que ella era el objetivo de las protestas. El miércoles, en una entrevista con el diario El Mundo de España, Rousseff confiaba en que los Juegos aumenten la movilización de la izquierda y su visibilidad en los medios y alentaba a sus seguidores a no bajar la voz.

En este caso, la presidenta suspendida se encuentra en una posición diametralmente opuesta a la de hace dos años, durante el Mundial de 2014, cuando su mayor preocupación era evitar que las manifestaciones por el aumento de las tarifas del transporte acabaran por ensombrecer el evento deportivo y pusieran en peligro su reelección al frente del Gobierno. Esta vez, su plan es que las denuncias internacionales acaben con el Gobierno interino de Temer, al que rechazan el 87% de los brasileños, según las encuestas.

Rousseff, sin embargo, está disputando su propia contrarreloj. Cuando las cámaras y los deportistas se vayan, el futuro del país quedará en manos del Senado. Este jueves, una comisión especial votó por mayoría aprobar un informe que recomienda la destitución de la mandataria. Si 54 senadores votan a favor de esta medida el próximo 29 de agosto, Temer será nombrado presidente de forma oficial oficial durante los dos años que quedan de mandato. En la toma en consideración, 55 votaron a favor, lo que pone a la presidenta en una situación muy complicada. Mientras tanto, las investigaciones por corrupción en Petrobras continúan: Lula da Silva será procesado por obstrucción a la justicia y dos directores de una constructora han sido detenidos esta misma semana por su participación en los hechos.

Los Juegos, a medio hacer
Pero los problemas no acaban ahí: la crisis económica ha golpeado fuertemente en los estados que debían financiar los Juegos y ha provocado que una gran cantidad de infraestructuras hayan quedado sin completar o lo hayan sido a toda prisa los últimos días. Las aguas de la Bahía de Guanabara, donde se celebrarán las competiciones de vela, están contaminadas por los desechos urbanos de la ciudad, y pueden suponer un peligro para la salud de los deportistas, según reveló una investigación de The New York Times. El estadio olímpico de Engenhão estuvo en obras hasta el último momento, e incluso se disputó un partido de fútbol de preparación antes de terminar los últimos retoques.

Pero la lista de problemas también llegan a las infraestructuras. El equipo australiano protestó porque la residencia que se le había entregado no tenía agua caliente ni retretes que funcionaran, según las quejas de los deportistas. La compañía de análisis digital Dynatrace ha señalado también que las conexiones a internet en Río son muy deficientes, casi tres veces más lentas que la media de EEUU, y el servicio es aún peor para los usuarios de dispositivos móviles.

Estos problemas no son sorprendentes en un país que terminó los estados del Mundial 2014 en los últimos días, e incluso disputó los primeros partidos en gradas provisionales. Pero la situación no parece haber mejorado. Al contrario, Río tuvo que declarar el «estado de calamidad económica» para conseguir que el Gobierno federal le enviara los fondos necesarios para celebrar el evento. Y aun así, el Comité Organizador tuvo que recurrir a Petrobras como patrocinadora para cubir parte de los entre 400 y 500 millones de reales de déficit en los que ha incurrido.

A todo esto hay que sumar los problemas de inesguridad. Brasil es el país con el mayor índice de asesinatos en el que se hayan disputado unos Juegos Olímpicos, según un análisis de The Economist. Con 25 asesinatos por 100,000 habitantes supera de lejos a México 1968 (14), Rusia 2014 (11) o EEUU 1984 (8). A la seguridad física se añade la amenaza del virus Zika, que ha llevado a muchos deportistas a negarse a participar, lo que ha afectado especialmente a disciplinas como el golf, que regresa a la competición olímpica tras 114 años con una lista de jugadores muy descafeinada.

Cuando Brasil recibió los Juegos en 2009, su idea era utilizarlos como su entrada triunfal en el mundo desarrollado y reafirmar la creciente autoestima que vivía el país. Hoy, con un Gobierno interino, una fuerte crisis económica, una preocupante desorganización y una fuerte división social, a muchos les bastaría con pasar la prueba con un aprobado y sin grandes catástrofes. Y después, la realidad: en 23 días se sabrá cuál es el futuro de Rousseff. La Olimpiada parece un espejismo en medio de un desierto muy ardiente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *