AVISO DE CURVA Rubén Olvera Marines

23 septiembre 2022
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La 4T tras un nuevo milagro mexicano

No es exacto afirmar que las administraciones pasadas gritaban a todo pulmón que la mejor política industrial es la que no existe.

Este es un eufemismo expresado en los ochenta por un funcionario español, posteriormente replicado en América Latina, más por los críticos a los regímenes neoliberales que por los estrategas económicos que en aquellos momentos hacían de todo, incluso fortalecer al sector manufacturero, intentando llevar a México a un renovado periodo de crecimiento sostenido.

En el imaginario académico y periodístico se incrustó el dicho con el que supuestamente se negaba la utilidad de una política industrial activa, pero en realidad lo que tenían en mente los funcionarios de aquellas administraciones –la mayoría formados en universidades de los Estados Unidos– era algo más complejo y refinado, un atisbo que cambiaría los cimientos y la estructura de la añeja política económica mexicana: sustituir la protección de la industria nacional y los subsidios por una política de promoción de la competencia, la apertura económica y la liberación de los mercados.

La política industrial no desapareció en la llamada época neoliberal, simplemente dejó de nombrarse. Ocurrió que se volvió sutil y estratégica.

El objetivo de impulsar al tercer sector y el empleo manufacturero estaba ahí, solo que se ocultaba tras un entramado de políticas impregnadas con la idea de forjar y aprovechar las ventajas competitivas de la industria establecida en el territorio nacional, entrar de lleno al comercio internacional de bienes y promocionar en el mundo las bondades del país para la atracción de nuevas inversiones.

El esfuerzo, sin embargo, resultó insuficiente para traer de vuelta el prodigio económico registrado en sexenios anteriores. Aquel viraje de 180 grados en la política de promoción industrial, no tuvo el impacto esperado en las tasas de crecimiento económico, las cuales ni siquiera se acercaron al promedio del 6% anual alcanzado desde finales de los cincuenta y sostenido hasta principios de los ochenta, periodo que se denominó el milagro mexicano.

Con este antecedente, lo lógico sería esperar que, al terminar el régimen neoliberal e iniciar el gobierno de izquierda, situación ocurrida hace tres años, floreciera en lo inmediato una nueva política industrial explícita y activa, adaptada, por supuesto, a los nuevos tiempos, irremediablemente globalizados y competitivos.

Extrañamente, no sucedió así, o al menos no hasta hace pocos días. Al contrario, desde los primeros meses de la 4T al frente del gobierno, se presentó al T-MEC como la estrategia para promover el crecimiento. Situación que distaba de las políticas de fomento y promoción a la industria implementadas en los años sesenta y setenta. Hubo incluso quienes percibieron un tufo neoliberal en este experimento.

Es por ello que llama poderosamente la atención se dejaran transcurrir tres años antes de que la 4T anunciara la implementación de una nueva política industrial en México.

Así, el pasado 20 de septiembre, la secretaria de Economía, la regiomontana Tatiana Clouthier, presentó un breve documento denominado “Rumbo a una Política Industrial”.

El argumento central esbozado por la funcionaria gravita en torno a la idea del nearshoring. Estrategia empresarial de relocalización, en donde las grandes industrias optarían por transferir parte de sus procesos productivos y cadenas de suministros hacia México.

Situación que se proyectó a partir de la firma del T-MEC, al incrementarse el requisito del contenido regional en algunos sectores de la economía, entre ellos, la industria automotriz, electrónica, aeroespacial, textil y juguetera. Estrategia que se ha intensificado a raíz de la pandemia.

No es necesario escudriñar demasiado en las estadísticas de crecimiento del PIB de los últimos tres años para darse cuenta de que la 4T necesitaba de forma urgente una nueva estrategia.

Por fin las autoridades decidieron tomar el timón, así sea en plena tormenta, para tratar de no quedarse atrás, al menos del crecimiento alcanzado por su archirrival, el neoliberalismo, que, en su mejor época, bajo el liderazgo de Carlos Salinas de Gortari, logró un promedio anual de incremento del PIB en 3.91%.

Aunque, si somos estrictos, encontraremos que los ejes de la nueva política industrial anunciada por Clouthier se asemejan más a los instrumentos aplicados por los regímenes neoliberales para fomentar la competitividad, que a las políticas proteccionistas implementadas durante el llamado milagro mexicano.

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