
Esto no es Covid, es mucho más fuerte
Es el dolor de 12 años sin mi Mamá
Se fue en la víspera
De cumplir sus 80
Me sentía tan mal que creí
Que era coronavirus y vi
La fecha: era por la víspera
Estos doce años sin mamá me pesan como si fueran la suma de doce milenios.
De Doña Fide, mi mamá puedo escribir miles de cosas y sin embargo siempre se me anida el sentimiento de que mi narrativa, se queda corta frente a todo lo que fue., e hizo.
Sin haber sido una mamá besucona ni apapachadora, supe cuánto nos quería a sus 12 hijos, porque jamás nos faltó un plato de sopa o de frijoles, de lo que hubiera pues, ni tortillas calientes, ni ropa limpia para ir a la escuela….
Por fortuna, fue una mamá estricta en el término preciso de la palabra: no hizo concesiones con nadie, no hizo concesiones ni siquiera para ella misma.
Dejó de trabajar luego de que por una fractura perdió la movilidad de sus pies y aunque siempre sostuvo qué podía caminar, nunca le fue posible…
Trabajaba no solo de sol a sol sino más allá, hasta pasada la media noche cuando podía acomodar la ropa de todos en el ropero, de aquellos de dos lunas, del siglo pasado.
Por una extraña manía que había desarrollado desde hacía años: todos los días lavaba: sacaba la ropa, la olía, la secaba al sol, la planchaba y al ropero, por supuesto, en ese tiempo estaba la comida lista, que por muchos años nos tocó a nosotros las hijas….
Sucede que Doña Fide mandó por un tubo la lavadora y secadora que le regalamos y que se volvieron viejas en sus respectivas cajas, sin abrir; la ropa blanca de los hermanos era realmente blanca por muy usada que estuviera.
Y como no, si la hervía con jabón mariposa, con leña sobre un tres-piés, en una lata de lámina de cuatro hojas que originalmente servía para cargarla con manteca… Ella sintió que era la envidia de sus vecinas que para su mayor pena, sacaban a tender ropa blanca “neja y percudida”…
A mis hermanos les planchaba hasta los calzones y los calcetines…. Con nosotras las mujeres no hizo eso pero era entendible desde su punto de vista. “Nos estaba entrenando para épocas duras”….
Compartió conmigo y con mis tres hermanas todos sus conocimientos que no eran pocos. Cada quien entendió y tomó de sus palabras, lo que quiso.
Y yo se lo agradezco mil porque hizo de mí una mujer organizada, cuidadosa del gasto y nada desperdiciada con la comida porque vale decir que en su tiempo, con poco dinero y mucha familia no hay nada que desperdiciar y no hay mucha diferencia entre aquello y lo actual….
Le tocó compartir su vida con el más guapo de Los Durán Herrera y esa fue su dicha y su penitencia… Ojo alegre que fue siempre el Maestro Durán se las traía con las mujeres y como en aquellos tiempos el mujerío no estaban empoderadas, lo único que le exigía era no descararse, aunque no siempre lo logró…
No fue una vida fácil la de Doña Fidela Flores Segura, muchos hijos, poco dinero, un marido inquieto en todos los sentidos y a cuál más de nosotros, difícil, unos más que otros…
No la recuerdo porque no la olvido, pero esta noche uno de febrero Enero la tengo impresa en mi mente y corazón…
Ya estaba muy malita y la cuidábamos Jaime mi hermano y yo…
En algún momento él dijo “Voy por el Hermano Vicente para que nos haga favor de orar”, y regresó con él. Hizo oración con ella y luego nosotros cuatro….
Y salieron . Yo me quedé con ella en su habitación y se fue yendo…
La persigne. Y así como ella esperó mi vida y me dio la bienvenida, así yo la despedí, estábamos juntas como en mi principio y su fin…
Vivo sin el menor remordimiento de que los últimos ocho años de vida los hubiera pasado en una Casa de Cuidados para el Adulto Mayor, donde ese ángel con tenis y boina, el doctor Carlos Ignacio Vargas Ramírez y las enfermeras por él capacitadas, la cuidaron con amor….
Esos ocho años fueron para mí, los mejores de su vida: ya no tenía que trabajar para nadie. Todos trabajaban para ella…
Mamá, me costaron muchos años de mi vida entender su dureza de carácter precisamente conmigo, por fortuna me lo explicó aquel septiembre, meses antes de su muerte. La entiendo ahora y se lo agradezco mucho: soy el resultado de su esfuerzo y al final de estos años de su ausencia, aunque me esté mal en decirlo, no es malo….
Veo y cuido a mis hijos, a sus hijos, mis nietos, en la medida en que me lo permiten sus papás y ahora cuando ellos lo necesitan, cuido y alimento a mi bis, como yo vi que lo hizo usted con sus nietos, por los míos, Marcos y Sol, empezando ….
Mis nietos le llamaban Bis, ahora a mi me dicen Bis y me da el mismo gusto que a usted, porque así me lo dijo, cuando pregunto “Que es eso de Bis” y le dije que era para no decirle bisabuela, y expresó: “Mira, se oye bonito”..
Claro que se llevó la receta secreta de sus tortillas, de su carne con chile, del mole de los tamales, de sus hojarascas porque nadie ha podido igualar, vaya, ni siquiera lo hemos intentado por miedo a la comparación ya que siempre quedaremos rabonas…
La extraño y pido a Papá Dios que la tenga a su lado.
Y sé que sí, sé que sí, que vive en el cielo de las mamás que dieron todo por sus hijos y que algún día tenían que descansar en el mejor lugar..
Quiero que sepa que estos años de ausencia, a hijos, nietos y bisnietos nos pesan como si fueran siglos…..
A sus hijos, quizá a unos más que a otros, nos faltará vida para valorarla….
Que Papá Dios nos la bendiga siempre
Estos dolores que siento con síntomas de Covid, al que por cierto y por fortuna, solo he visto pasar, no son por Covid, son la suma de los años de su ausencia en nuestras vidas.
Doña Fide gracias por ser siempre y para siempre, mi Mamá, la abuela de mis nietos y la Bis de mis Bis….
Siga en paz. ¡ Se la merece tanto !


