¿Hasta qué punto convendría al PRI coahuilense adelantar una campaña de desprestigio en contra de las eventuales candidaturas independientes? La entrevista que recientemente otorgó el gobernador Rubén Moreira, en donde describió “tres tipos” de candidaturas independientes que podrían presentarse en el próximo proceso electoral de 2017 ―“delincuentes, empresariales y patitos”―, no sólo parece tener dedicatoria personal para tres de los personajes opositores más movidos de los últimos días, también podría entenderse como la voz de ataque frente a un todavía incipiente movimiento político que se gesta al margen de los partidos.
¿Quién podría afirmar que el gobernador Rubén Moreira no le sabe o no le gusta hacer política? Pocos, ni siquiera sus detractores. Es por ello que causaron revuelo sus comentarios respecto a las candidaturas independientes, porque ¿o tienen un cálculo político concreto para asegurar una reforma política estatal que acote las candidaturas independientes o de plano con ellas reveló una animadversión personal, no hacia este tipo de candidaturas, sino hacia los personajes políticos que podrían aspirar a ellas?
Habría que tomar en cuenta que desde el intento de desafuero de López Obrador, los movimientos opositores más exitosos han surgido de personajes políticos aparentemente débiles electoralmente, pero que crecieron en parte gracias a los ataques y dardos que les lanzaron desde el poder. Y si no me crees, pregúnteles cómo les fue a Guillermo Padres y Rodrigo Medina cuando pretendieron desprestigiar por todos los medios y con todas las argucias a los candidatos opositores, uno de ellos independiente. En ambos casos, los candidatos oficiales iniciaron arriba en las encuestas, pero para los opositores Claudia Pavlovich y EL Bronco, las embestidas y filtraciones gestadas en su contra desde el poder, al contrario de afectarles, los hicieron crecer.
Hoy, el exgobernador panista de Sonora y el próximo exgobernador de Nuevo León, quisieran mejor desaparecer. Supongo que si no se arrepienten, hubieran querido no haber confiado en sus “eficaces” aparatos de inteligencia o al menos no haber incomodado el proceso electoral. Le escuche a un político decir: “cuando no tienes la seguridad de acertar o cuando tu dardo no está bañado en veneno letal, mejor deja de apuntar”.
Más allá de las filias y fobias respecto a las candidaturas independientes, hoy la verdadera discusión se encuentra, curiosamente, al interior de los propios partidos. El Informe Latinobarómetro 2015 es devastador para la democracia y los partidos en México. Respecto a la satisfacción por la democracia, nuestro país ocupó el último lugar de las dieciocho naciones encuestadas (imagina que a pesar de los escarceos autoritarios de Nicolás Maduro, la democracia en Venezuela se percibe mejor que en México). El sistema de partidos también se llevó un gran raspón, cuando sólo el 32% de los encuestados dijo sentirse cercano a algún partido.
¿Te suena políticamente correcto que los integrantes de los partidos políticos de la actualidad discutan respecto a la calidad moral de los candidatos independientes, antes de haber resuelto la inconformidad ciudadana respecto a la capacidad de los partidos políticos que representan para fortalecer la democracia y asegurar un buen gobierno?
El presidente de la Fundación Colosio Coahuila, David Aguillón, artífice de los recientes carros completos del PRI, recientemente afirmó que «Los partidos son necesarios para la democracia, en ninguna parte del mundo existe democracia sin partidos”. Es correcto, pero ahora insuficiente. De hecho, esa siempre había sido la aparente contradicción en los resultados de estudios como el de Latinobarómetro. Los ciudadanos generalmente mostraban su acuerdo en la democracia como sistema de gobierno, sin embargo, contradictoriamente, rechazaban a sus ápices, los partidos.
Si los partidos eternizan sus propios problemas, el 68% de los ciudadanos identificados como no partidistas, podrán refrendar su apoyo a la democracia, sin que, necesariamente, en la boleta electoral seleccionen a alguno de ellos.
DIPUTADOS FEDERALES
Con la designación de Armando Luna y Javier Guerrero como presidentes de las comisiones de Derechos Humanos y Desarrollo Social de la Cámara de Diputados, comienzan a mover sus plumas los analistas partidarios de la teoría de que el próximo candidato del PRI porta una placa de legislador federal.
Escrito por:Rubén Olvera Marines


