Preguntas que Ricardo Anaya no respondería en Coahuila

20 agosto 2015
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Tiene razón el recién electo presidente del PAN, Ricardo Anaya, cuando afirma que su partido requiere de una “profunda transformación”. El partido que suele ser mejor oposición que gobierno, rozó peligrosamente el abismo electoral en las pasadas elecciones federales.

El PAN de Coahuila estuvo lejos de ser competitivo frente a la maquinaria priista, ni siquiera en el distrito 06 de Torreón, con amplia base electoral panista y enviando a uno de sus mejores activos, Jorge Zermeño. El PAN perdió los siete distritos federales. Los azules lograron repetir la “hazaña” de 2014, cuando sucumbieron frente al PRI en los 20 distritos locales. Lejos en el tiempo y arrinconadas en las estadísticas electorales, quedaron las victorias que obtuvieron hace dos años en Saltillo, Monclova y Frontera.

En las elecciones locales celebradas en este año, el PAN tampoco las trajo todas consigo. Salvo en Querétaro y la Baja Sur, en el resto de las entidades, medianía. En Sonora, por ejemplo, ni con la trayectoria y poderío económico de Javier Gándara, junto a la operación del gobernador panista Guillermo Padrés, pudieron refrendar la capitanía política de Manlio Fabio Beltrones, resultando triunfadora la priista Claudia Pavlovich. En Nuevo León, estado que alguna vez gobernó el PAN, y ante una inigualable oportunidad política, el electorado se inclinó a favor de El Bronco, candidato independiente.

Cuando los progenitores de Ricardo Anaya encargaban a su retoño en alguna guardería de la capital queretana, Beltrones ya cobraba como diputado federal. Sin embargo, a pesar de su juventud, Anaya ha demostrado que no es ningún “niño de la política” y, al menos en el discurso, asegura que llevará lejos la transformación de un partido diezmado en lo electoral y tambaleante en su unidad interna.

Pero escudriñemos en las palabras del joven panista. ¿A qué PAN se refiere cuando habla de “transformación”? ¿Al PAN corporativo de Guillermo Padrés, derrotado en Sonora o al PAN dinámico y ganador de Pancho Domínguez en Querétaro? ¿Al PAN práctico y negociador de Gustavo Madero y Rafael Moreno Valle o al PAN anecdótico de Margarita Zavala? ¿Al PAN cohesionado y consistente de Guanajuato o al PAN dividido y acongojado de Coahuila o Nuevo León? ¿Al PAN de los “moches” o al PAN de la “cero tolerancia a la corrupción”?

Tantos “panes” no caben en una misma canasta. Anaya deberá optar por arropar sólo a uno; con el resto aplicará la anunciada “transformación”. ¿A quién acercará y de quién guardará distancia el queretano durante su gestión? Las respuestas se resumen en un número de cuatro dígitos: “2018”. Quien encabece la parte de Acción Nacional inmune a la “trasformación” anayista, tendrá ventaja para la candidatura presidencial. ―Alguien me contó que Anaya prefiere las Tortitas de Santa Clara en lugar de los Chongos Zamoranos―.

Anaya aplicará la misma fórmula para las gubernaturas de 2016 y 2017. En la tierra de los ancestros del todavía presidente del PAN, Gustavo Madero, ¿dónde preferiría comer cabrito su sucesor? ¿En el restaurante la Majada de Torreón o en el Mesón Principal de Saltillo? Y, ¿de quién se haría acompañar? ¿De alguien que lleve su mismo apellido o de algún destacado empresario oriundo de la capital?

Coahuila 2017 representará una de las aduanas más difíciles para el PAN. No sólo porque enfrente tienen a una de las maquinarias priistas más aceitadas del país, sino, primordialmente, por el divisionismo regional y grupal que siempre les ha caracterizado. Si Anaya apuesta por la unidad interna y la competitividad, en Coahuila encontrará dos grupos, aparentemente irreconciliables, por lo que los cambios que realice pasarán, necesariamente, por fortalecer a uno y debilitar al otro, tratando de evitar un choque de trenes de consecuencias irreparables.

No tendrá usted que esperar hasta principios de 2017 para conocer quién será el preferido de la nueva dirigencia. Algunas preguntas pronto se responderán. Para Coahuila, ¿popularidad o estructura partidista? ¿Político o empresario? ¿Abogado o Ingeniero? ¿Maderista o Zavalista?
Por lo pronto, una clave. Ricardo Anaya ha perfilado a Marko Cortés, identificable maderista, para ocupar la coordinación del PAN en San Lázaro. Elabore sus propias conclusiones.

Escrito por: Rubén Olvera Marines

Su Opinión: [email protected]

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