En junio del próximo año tendremos los coahuilenses la posibilidad de elegir Alcaldes, Diputados y Gobernador; aunque lo más probable es que el PRI conserve el poder estatal, existe un buen número de miembros de la oposición que han hecho públicas sus aspiraciones de contender contra quien sea el candidato del sistema.
Coahuila hoy padece una importante crisis financiera en sus harcas públicas, herencia no solo del descarado endeudamiento en que la administración de Humberto Moreira incurrió, sino también, a consecuencia de la desatención que siempre ha existido en el tema de las pensiones. Los constantes operativos de Fuerza Coahuila para retirar automóviles con adeudos de tenencia, no son otra cosa que la pública desesperación del Gobierno por allegarse de recursos para sortear los problemas acaecidos de su pésima administración.
Quien sea el próximo Gobernador no solo verá mermada su capacidad de acción por el pasivo económico que arrastrará, también será el heredero de instituciones políticas en descredito; la procuración de justicia, el combate a la corrupción, y el desarrollo social y económico serán un remedo de chiste, que además adolecerá, si es de oposición, de una constante presión mediática.
Para sacar al PRI del palacio rosa se necesita un solo candidato opositor, son tantos y tan distintos que será difícil conseguirlo, pero si la alternancia llegara a suceder, pobre de aquel que tenga que enfrentar las penas que padece Coahuila; por eso el candidato opositor no debe ser producto de una vil encuesta pragmática, sino de quien tenga el carisma, la capacidad administrativa, el liderazgo democrático, la altitud de miras, y principalmente la honorabilidad para sacar a nuestro estado del atolladero de inmundicias en que se encuentra. Coahuila está necesitado de una mujer u hombre de Estado, no de un político más.
Una pregunta.
¿Para qué quieren la gubernatura?





