MI OPINION. De políticos a poetas.
Cuando tu filosofía en la vida es enamorarte del servicio público, pero privilegiando ante todo el servicio a los demás, cuando tu costumbre es enamorarte de la vida y de los libros, cuando tu conducta es bregar entre las palabras y los textos, cuando escribes tus cuitas personales y las del mundo entero, cuando reflexionas exponiéndote ante los demás, en artículos y acrósticos que publicas con cierta regularidad; estas irremediablemente transitando de la política a la poesía.
Tan apasionado como ingrato es el servicio público, quién recorre sin miedo esos caminos, habrá de tener ciertos rasgos de locura y de poeta, que son casi lo mismo, para siquiera poder entender que el servicio publico bien vale la pena, pero que sus entrañas son cuartos lúgubres que te inquietan el alma.
Sabiendo, que el alma del poeta, es lúgubre e inquieta; da miedo pensar, que la poesía y la política, entrañan, halos de pureza y son destinos comunes, de almas excelsas.
¿Vas de más a menos o creces en tu estatus, si trasciendes de político a poeta?.. La pregunta es mañosa, porque trascender conlleva una connotación de revivir a un rango mejor. De pasar de un submundo material, al mundo espiritual.
El político ha de aprender de la gente, de su necesidad y de sus aspiraciones; el poeta se alimenta del dolor y de las lágrimas, se emociona con el ruido del silencio y la estridencia de la pasión.
Un poeta leerá las penas de su pueblo y llorará con él, en silencio; escribirá versos lastimeros y sobrevolará esas penas colectivas, como llevándolas por el aire, acercándolas a Dios, para expiarlas. El político, tiene otros dioses a quienes adorar, tiene otras penas que sobrellevar, tiene otras formas que trocar, distraído está del ánimo social. Los poetas al rescate del político; más políticos… que devengan en poetas.
Platón, que vive entre los años 427 y 347 AC, pensaba con tanta claridad, que podemos extrapolar sus enseñanzas y aplicarlas a estos tiempos tan posteriores: “La virtud debe anteponerse a las riquezas y placeres, que ni siquiera merecen el nombre de bienes en comparación de aquélla; no solamente debemos honrar a Dios y pedirle auxilio, sino que debe ser el principio y como el inspirador de nuestras palabras así como de nuestros consejos y resoluciones; el hombre debe abstenerse de hacer mal a otro hombre, aun en el caso de haber recibido injurias y daños graves de su prójimo; Dios tiene lugar o hace veces de ley para los sabios, es decir, para los hombres virtuosos, así como los necios o viciosos no tienen más ley que el deleite”.
¿Describía Platón la filosofía de un político o de un poeta, o solo la de un hombre común, que al crecer en el mundo real, podía optar por lo uno o lo otro, o hasta trascender de político a poeta?
El político no puede dudar, el político no debe flaquear, como líder tendrá tanta claridad de ideas e ideales, que conducirá con certeza y dignidad a los ciudadanos que le toque mandar. Un poeta, en cambio, dudará hasta de Dios, pero escribirá con letras de sangre, y con sudor de letras, para dudar hasta de su Dios, pero venerándolo en un solo himno, al unísono.
El político y el poeta tienen itinerarios distintos, y es porque vuelan a alturas distintas.
El político y el poeta son tan parecidos como distintos, pero paradójicamente, sus caminos son paralelos, pero cuidado, estas líneas podrán cruzarse en algún momento de la vida, y exigir lealtad. Para un político, perder la cordura, es tanto como estar incapacitado para ejercer la conducción de las masas (pero, ¿quién puede atreverse a conducir sabiamente a las masas, disímbolas y dispersas, estando cuerdo?), pero en cambio, para un poeta, el permanecer en la cordura, es un hito de parsimonia, que le vetara su instinto y su capacidad de bilocación, o su necesidad de extra corporalidad; aunque, todo ello, en suma, conforme la desquiciada cordura del poeta.
Un político que entristece porque siente que deja de serlo para empezar a ser poeta, está en la mejor etapa de su vida, y, por Dios, ha de darse cuenta.
Dedico este artículo a un político, poeta y amigo, que medita su devenir y busca afanosamente su suerte; rescatando afectos. ¡Que sepa que no está solo!
Escrito por:Adrián Garza Pérez





