México abandonó a los jóvenes: prefirió pagar cárceles que cuidarlos en la escuela, revela estudio

31 mayo 2026
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Un estudio en World Development concluye que cancelar las Escuelas de Tiempo Completo eliminó un escudo contra la delincuencia juvenil; la jornada extendida reducía hasta 19% el robo entre adolescentes en municipios vulnerables.

Cientos de adolescentes en México terminarán en la cárcel a raíz de una decisión política: la cancelación del programa Escuelas de Tiempo Completo. Un estudio científico publicado en la revista World Development revela que la jornada extendida reducía un 11% el robo común en municipios vulnerables. Al eliminarla, el Estado arrebató a los jóvenes su principal escudo contra la delincuencia.

Los datos duros del análisis exhiben una contradicción presupuestal profunda en el país. Mantener a una persona tras las rejas cuesta aproximadamente 10,000 dólares anuales(173,768.50 pesos). Esta cifra iguala con exactitud los recursos federales que recibía cada plantel de tiempo completo por ciclo escolar. El Estado mexicano prefiere financiar el castigo penitenciario que la prevención social.

La investigación, titulada «From classrooms to crime prevention» y elaborada por los economistas Francisco Cabrera-Hernández y Bárbara Zárate-Tenorio, describe el llamado»efecto de incapacitación». Este mecanismo funciona de manera inmediata restringiendo el tiempo libre en la calle. Al extender la jornada de 4.5 a 8 horas, se añade un blindaje de 3.5 horas extra diarias.

Para aislar este efecto, los investigadores utilizaron un riguroso modelo econométrico de adopción escalonada en los municipios entre 2010 y 2017. Esto permitió comprobar de forma causal que la reducción del delito se debió exclusivamente a la mayor permanencia en las aulas y no a factores externos. La escuela física actúa como un escudo directo contra el entorno delictivo.

El impacto quirúrgico de la supervisión escolar

La reducción delictiva benefició especialmente a los municipios con menores ingresos económicos y bajo estatus socioeconómico. En estas regiones vulnerables, el programa evitó entre 43 y 50 robos por cada 100,000 habitantes. El impacto positivo se concentró de forma quirúrgica en el nivel secundaria, protegiendo a menores de 12 a 14 años, la edad más crítica del desarrollo.

La adolescencia temprana es la etapa clave donde se inician las conductas antisociales y se trazan las trayectorias criminales a largo plazo. En las primarias, donde los niños tienen entre 6 y 11 años, el efecto del programa en la seguridad fue nulo debido a la baja incidencia natural de delitos cometidos por infantes de esa edad.

Asimismo, el estudio analizó crímenes de alto impacto vinculados a delincuentes de mayor edad. Delitos graves como el homicidio y el secuestro no mostraron variaciones estadísticas significativas tras la implementación del programa. Esto confirma que las Escuelas de Tiempo Completo inciden directamente sobre delitos de oportunidad cometidos por jóvenes rezagados.

Para blindar la veracidad de los hallazgos, el estudio realizó una prueba de robustez con datos del censo judicial penal. Al analizar los casos de adolescentes de 12 a 17 años con procesos formales ante jueces, la reducción del robo común llegó casi a duplicarse, alcanzando un 19%. Esto descarta cualquier sesgo estadístico por cifras negras o delitos no denunciados.

En contraste, las intervenciones superficiales no entregaron resultados tangibles en la seguridad pública nacional. El programa paralelo denominado «Escuelas Seguras» careció por completo de impactos medibles en la reducción del crimen fuera de los planteles. Dicha estrategia dependía de pláticas informativas, folletos y conferencias contra las adicciones.

La investigación demostró que la información por sí sola no modifica las conductas delictivas en las calles de alta marginación. Lo que realmente funcionó fue el cambio estructural en la rutina diaria de los alumnos. El confinamiento positivo y productivo dentro de la escuela demostró ser infinitamente más poderoso que los discursos preventivos.

El dividendo educativo que también se destruyó

La jornada de ocho horas también generó dividendos educativos sustanciales medidos por el sistema de estadísticas oficiales de la SEP. La deserción escolar en el nivel secundaria cayó un 15%, lo que representa 1.5 puntos porcentuales menos respecto a los niveles iniciales. Al haber más horas de clase, los jóvenes crearon vínculos más fuertes con la institución.

A pesar de que los alumnos pasaban casi el doble de tiempo en las instalaciones, los indicadores no muestran hacinamiento. La relación entre el número de maestros por cada 100 estudiantes se mantuvo totalmente estable durante el periodo de expansión del programa. Los recursos federales adicionales se administraron con enfoque de calidad educativa.

El análisis del presupuesto histórico revela que las autoridades destinaron los fondos a rubros de alto impacto social. El 51.9% de los recursos se usó para compensar el salario extra de maestros y directores, dignificando su labor. El 24.1% financió la provisión de alimentos calientes y un 4.3% se invirtió en la infraestructura de comedores dentro de los planteles.

Otras evaluaciones del Coneval ya habían demostrado que este esquema reducía el trabajo infantil, retrasaba el embarazo adolescente y mejoraba el rendimiento académico. Los planteles ubicados en las zonas más pobres recibieron mayores montos presupuestales por alumno, convirtiendo a esta política en un motor real de equidad distributiva.

Del rescate de los adolescentes a la pintura de fachadas

La cancelación total de este modelo para transferir el dinero al actual esquema «La Escuela es Nuestra» (LEEN) cambió las prioridades del Estado. Mientras las escuelas de tiempo completo transformaban la rutina del estudiante con clases, deporte y alimentación, el esquema actual eliminó por completo la jornada extendida y el servicio de comedor regular.

Actualmente, el 100% del presupuesto de este fondo se entrega mediante subsidios directos a comités de padres de familia. Si bien esto permite reparaciones físicas urgentes, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) ha emitido alertas constantes sobre la opacidad y la total ausencia de metas pedagógicas o de nutrición infantil en estas transferencias.

La ciencia económica advierte sobre las repercusiones de este abandono institucional hacia la juventud mexicana. Pintar fachadas o reparar sanitarios no cubre el vacío de protección social ni la vulnerabilidad extrema que sufren los adolescentes fuera del horario escolar básico. Sin un entorno protegido por la tarde, los menores quedan a expensas de la calle.

Eliminar la jornada ampliada destruyó un modelo de prevención del delito no coercitivo altamente eficiente. La evidencia científica concluye que esta decisión provocará un repunte inminente de la delincuencia juvenil menor en zonas marginadas de la República. El colapsado sistema judicial penitenciario terminará pagando un costo mucho más elevado.

VGB

 

 

Información de: La Silla Rota

https://lasillarota.com/nacion/2026/5/31/mexico-abandono-los-jovenes-prefirio-pagar-carceles-que-cuidarlos-en-la-escuela-revela-estudio-601311.html

 

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