LA SUCESIÓN EN COAHUILA, ¿ALTERNANCIA O ALTERNATIVA? POR:RUBÉN OLVERA MARINES

15 julio 2016
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olveraLA SUCESIÓN EN COAHUILA, ¿ALTERNANCIA O ALTERNATIVA?

RUBÉN OLVERA MARINES

Conforme se acerca el proceso electoral de 2017, en Coahuila se teje un entramado conformado por tres fuerzas  políticas que ponen en aprietos hasta al más entrenado de los analistas en su intento de predecir el resultado electoral del próximo año.

Por principio de cuentas, cada una de las fuerzas políticas que se perfilan para competir por la gubernatura y las 38 ‘mini’ alcaldías, se presentan ante el mercado electoral como los patronos de la democracia. Ninguna de las tres deja espacio para la otra. A cada uno de ellos, partidos y aspirantes, se les escucha decir “O yo o el caos”. ¿Cómo contabilizar las simpatías reales (positivas) por determinada fuerza cuando todas presagian el caos?

La pregunta más certera para las encuestadoras pasaría por establecer por cuál partido o candidato se votaría, en lugar de tratar de saber por cuál sí lo haría el elector. La respuesta, probablemente, no gustaría mucho al partido en el gobierno. Si tomáramos más en serio a los ‘negativos’, tal vez encontraríamos mayor certeza en las encuestas electorales.

Los resultados de las recientes elecciones en donde predominó la alternancia sobre la continuidad, catapultaron, casi hasta rozar el cielo azul de los pueblos y las ciudades coahuilenses, a una de las fuerzas en comento, el partido Acción Nacional. La derrota del PRI ante el PAN en siete estados que renovaron gubernatura, incluyendo a los vecinos Chihuahua y Durango, colorea el  discurso de la alternancia pura, caracterizada por un cambio de partido.

Pero la democracia tiene un sinfín de manifestaciones. Hay quienes aceptan que  la alternancia es una condición para la democracia, sin embargo, aseguran,  no es suficiente. Otros van más allá, y sostienen que la alternancia pura (cambio de partido) pude sustituirse por una alternancia simple, a través de un cambio en la forma y en las personas que dirigen el gobierno, sin la condición, en apariencia indispensable, de un cambio de partido. Es decir, hay una fuerza al interior del propio PRI que dibuja un escenario de fortalecimiento democrático en Coahuila, a partir de dar por terminado al régimen de los últimos años, sin que para ello desaparezcan los colores verde y rojo que han gobernado por más de noventa años.

¿Es posible hablar de alternancia sin un cambio de partido? Porque los teóricos de la alternancia, en un régimen multipartidista, no la reconocen como tal si no se presenta una rotación de partidos.  En cambio, la fuerza política que pertenece al partido en el gobierno, pero que no necesariamente comparte la visión del actual gobierno, describe una alternancia (simple, pero alternancia) con un cambio de mando en el gobierno.

Esta segunda fuerza se presenta, entonces, más como una alternativa, que permitiría la rotación de las élites en el gobierno para, por lo menos, refrescar con ideas nuevas a la administración pública estatal.

Sin embargo, la tercera fuerza, la que representa el estatus quo, también aspira a prevalecer, prolongar el momento histórico y sus añoranzas. Y no por ello, se debe catalogar a esta fuerza como autoritaria. En efecto, la continuidad se aleja del modelo democrático perfecto, pero no rompe totalmente con él –siempre y cuando el poder no descienda al culto de la personalidad-. Porque, ante la eventualidad del continuismo, sus incondicionales podrían argumentar  que ratificaron su presencia por medio del voto, en una elección formalmente libre y competida.

El recorrido que hemos emprendido para conocer las tres fuerzas políticas que medirán músculo rumbo a la sucesión de 2017  muestra algunos elementos comunes en las versiones y contradicciones de cada una de ellas.

El discurso respecto al  fortalecimiento democrático de Coahuila no puede ceñirse a la razón de la alternancia. Sugerente, sin duda, la rotación entre partidos, pero, desde su perspectiva, las otras fuerzas políticas, ambas del PRI, esgrimen sus argumentos. La primera, apostando por el cambio de rostro. La segunda, oferta preservar las condiciones que durante los últimos años esculpió la ‘marca Moreira’.

Los patronos de la democracia en realidad son peregrinos, tu voto será el verdadero y único mesías que los guíe hacia la tierra anhelada.

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