En política nada se entierra bien, y en Sinaloa menos. El fantasma de Héctor Melesio Cuén Ojeda no se ha ido del Palacio de Gobierno. Al contrario, cada mes regresa más fuerte.
La pugna interna de Morena ya no es un rumor de pasillo. Es una lucha abierta entre dos centros de poder: el obradorismo que se resiste a irse y el claudismo que no termina de llegar. Y en medio, como fiel de la balanza, Rubén Rocha Moya.
Rocha ya no es solo un gobernador cuestionado. Es un pasivo político para la Presidencia.
*Primero, Cuén.* Su asesinato, la forma en que se intentó explicar con una supuesta gasolinera y el posterior derrumbe de esa versión oficial, dejó una herida que Morena no ha podido cerrar. Para la opinión pública, el caso Cuén es sinónimo de impunidad y de un pacto de silencio que apesta en Culiacán. Mientras ese crimen siga sin una verdad judicial sólida, Rocha cargará con ese fantasma a todos lados, por igual lo debería hacer Lopez Obrador, si ese Presidente que un arrebato de soberbia confeso que nada sucede o se realiza sin contar con el visto bueno del Presidente quien se entera de todo, así pues el fue orquestador, complice o encubridor.
*Segundo, las detenciones.* La captura de Ismael «El Mayo» Zambada y Joaquín Guzmán López no fue un operativo más. Fue un terremoto que movió el tablero binacional. Cada declaración, cada filtración desde Estados Unidos, apunta a lo mismo: Sinaloa es el epicentro de una investigación que ya no controla México. Y cada vez que aparece el nombre de Rocha en esas narrativas, aunque sea en calidad de mencionado, el daño es para Palacio Nacional.
*Tercero, la presión de Estados Unidos.* Washington ya no pide, exige. La nueva relación en materia de seguridad viene con una condición no escrita pero clarísima: limpieza total en los gobiernos estatales. No es casualidad.
*Cuarto, el retiro de visas.* El mensaje más contundente no viene en un comunicado, viene en silencio. Cuando a políticos morenistas ligados a Sinaloa se les empieza a negar o a retirar la visa americana, el Departamento de Estado está diciendo sin decirlo lo que piensa. Es la forma elegante de marcar a los impresentables. Y ese marcador ya está en la frente de varios del círculo cercano a Rocha así como en la familia del ex Presidente Lopez Obrador.
El riesgo es evidente. Claudia Sheinbaum está intentando construir una presidencia con autonomía o al menos tratar de aparentarla, con resultados en seguridad aun cuando tengan que romper viejos pactos, dar la espalda a quienes les apoyaron sembrando miedo o aportando dinero negro tratando de construir interlocución válida con Estados Unidos. AMLO, desde el retiro, protege a los suyos y apuesta por la lealtad por encima de la gobernabilidad.
Si Claudia sostiene a Rocha, se pelea con Washington y carga con el fantasma de Cuén. Si lo suelta, se pelea con AMLO y con el núcleo duro de Morena.
Esa es la verdadera pugna. No es ideológica. Es de supervivencia. Y mientras no se resuelva, todo el proyecto de la 4T seguirá secuestrado por un gobernador que, en lugar de dar votos, hoy solo da problemas.
Incluso si analizamos el actual escenario quedo claro que muchos actores incluyendo por supuesto gente de Morena en Coahuila ya dieron la espalda al Presidente López Obrador criticando salvajemente el regreso de Rocha a la Gobernatura, ello a un a sabiendas de donde venia la instrucción y de quien Protege al ya citado Rocha, una traición que da la espalda al obradorismo a cambio de la búsqueda de mantener el poder.
Un fantasma de mucho fondo que puede acarrear grandes problemas para México.


