Tras los atentados, Rafael permaneció durante meses en la Zona Cero, donde la exposición al polvo deterioró gravemente su salud.
Mientras miles de personas huían del World Trade Center la mañana del 11 de septiembre de 2001, un mexicano avanzó en sentido contrario. Rafael Hernández, bombero y paramédico formado en México, siguió el humo hasta las Torres Gemelas y se ofreció para colaborar en las labores de rescate.
Hernández no pertenecía al Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY) ni estaba de servicio. Había planeado pasar el día con unos amigos procedentes de México, pero el impacto del primer avión transformó aquella jornada. Al percibir el olor del incendio, reaccionó con el instinto que había desarrollado desde los 17 años como integrante de los servicios de emergencia.
Su historia se conoció principalmente gracias a una entrevista publicada por Fox News Latino pocos días antes de su muerte, ocurrida el 25 de septiembre de 2011. El medio estadounidense reconstruyó cómo ingresó a la Torre Norte, auxilió a una mujer embarazada y permaneció después durante meses en la llamada Zona Cero.

Le prometió que saldrían juntos de la Torre Norte y se quedó con ella
Cuando llegó al complejo del World Trade Center, Hernández se dirigió a la estación de bomberos ubicada frente a las torres. Mostró la credencial que lo identificaba como bombero mexicano y que acostumbraba llevar consigo.
De acuerdo con su relato, los bomberos estadounidenses aceptaron su ayuda, le proporcionaron una chaqueta y una manguera y lo enviaron hacia la Torre Norte.Mientras empleados y visitantes descendían apresuradamente por las escaleras, él comenzó a subir.
Hernández llegó hasta el piso 28, donde un capitán le impidió seguir avanzando porque no contaba con todo el equipo de protección necesario. En ese punto apareció una mujer identificada solamente como Alison, cuya identidad completa no fue publicada.
La mujer le explicó que tenía nueve meses de embarazo. Se encontraba aterrada, había comenzado el trabajo de parto y ya no podía continuar bajando por sus propios medios. Hernández decidió cargarla y abrirse paso entre la multitud que intentaba abandonar el edificio.
El mexicano recordó que la mujer le pidió que no la soltara. Él le prometió que ambos saldrían juntos y la cargó durante los 28 pisos que los separaban de la calle. Una vez afuera, permaneció con ella hasta que fue recibida por una ambulancia.
Las torres gemelas colapsaron poco después. Hernández consiguió alejarse, aunque estaba exhausto, con fuertes dolores en las piernas y con las consecuencias físicas de haber descendido casi una treintena de pisos llevando a otra persona.
El relato del rescate procede fundamentalmente del testimonio del propio Hernández recogido por Fox News Latino. El nombre completo de Alison y documentos médicos o institucionales que permitan corroborar públicamente cada detalle no aparecen en las fuentes consultadas, una limitación relevante al reconstruir la historia.
¿Qué pasó con la mujer embarazada rescatada durante el 11-S?
Varios años después del ataque, Hernández volvió a encontrarse con Alison durante una ceremonia conmemorativa en la Zona Cero. Según contó al medio estadounidense, ella le informó que había dado a luz a una niña sana y lo reconoció como el hombre que había salvado sus vidas.
El reencuentro tuvo un significado especial para el bombero mexicano. Hernández cargó durante años con el dolor de no haber podido auxiliar a más personas y reconoció que, de haber permanecido unos minutos adicionales dentro de la torre o ascendido a niveles más altos, probablemente habría muerto.
El desplome del complejo causó la muerte de 343 integrantes del FDNY, incluidos seis miembros de la estación ubicada frente al World Trade Center a la que Hernández acudió aquella mañana. A 25 años del ataque, Associated Press documentó que esa estación, conocida como Ten House, continúa operando y funciona también como un memorial informal para visitantes.
Las secuelas: una huella permanente en su salud
La participación de Rafael Hernández no terminó con la evacuación de la mujer embarazada. Aunque sobrevivió al derrumbe, no regresó a su departamento de Queensdurante varios meses.

En un primer momento buscó sobrevivientes y restos entre los escombros. Después participó en la limpieza de la Zona Cero, inicialmente removiendo materiales con las manos desnudas. Él aseguró que estuvo expuesto diariamente al polvo, los residuos pulverizados y el olor a combustible.
Al igual que otros trabajadores inmigrantes que fueron contratados para limpiar el área, recibió únicamente mascarillas y guantes de protección limitada. La exposición prolongada dejó una huella permanente en su salud.
Con el paso de los años, Hernández presentó numerosos padecimientos:
- Problemas respiratorios y episodios de congestión.
- Asma y deterioro pulmonar.
- Apnea obstructiva del sueño.
- Dificultades digestivas.
- Agotamiento al caminar distancias cortas o subir escaleras.
- Necesidad de dormir conectado a un equipo de asistencia respiratoria.
Llegó a tomar cerca de una docena de medicamentos diariamente y dejó de trabajar de tiempo completo. La resistencia física que había desarrollado como bombero y paramédico desapareció progresivamente.
La dimensión del daño causado por la nube tóxica continúa documentándose. En 2026, Reuters informó que el Programa de Salud del World Trade Center atendía a más de 150 mil personas y había expedido alrededor de 85 mil certificaciones por enfermedades relacionadas con la exposición. Más de nueve mil integrantes registrados habían muerto desde 2001, aunque las autoridades advierten que no siempre es posible establecer qué papel tuvo el 11-S en cada fallecimiento.
Su caso abrió la discusión sobre los migrantes que laboraron en la Zona Cero
Rafael Hernández murió el 25 de septiembre de 2011 en su departamento de Queens, apenas unas semanas después de conceder la entrevista en la que relató su participación en los rescates. Las fuentes periodísticas presentan una discrepancia sobre su edad: la entrevista lo identificó como un hombre de 51 años, mientras que el reporte posterior sobre su fallecimiento señaló que tenía 49.
La oficina del médico forense de Nueva York determinó que murió por causas naturales y mencionó como factores la obesidad, la apnea obstructiva del sueño, el agrandamiento del corazón y el abuso de alcohol. Por ello, su muerte no fue clasificada oficialmente como consecuencia de la exposición en la Zona Cero.
Amigos, compañeros y otros trabajadores inmigrantes cuestionaron la resolución. Argumentaron que Hernández había desarrollado problemas respiratorios después del 11-S y que, antes de morir, padecía dolores en la espalda, dificultades pulmonares y episodios en los que debía interrumpir una conversación para recuperar el aliento. La controversia fue documentada por Fox News en enero de 2012.
Hernández había llegado a Estados Unidos en 1999 sin documentos migratorios. En México había trabajado como bombero paramédico profesional para la Cruz Roja y dejó en su país a dos hijas y un hijo. Antes de los atentados trabajaba en un establecimiento comercial de Queens y también colaboraba como bombero voluntario.
En 2010 alcanzó un acuerdo dentro de una demanda contra la ciudad por las labores de limpieza realizadas sin protección adecuada. Además, encabezó un grupo de apoyo quincenal denominado Frontiers of Hope, en el que trabajadores inmigrantes compartían experiencias sobre sus enfermedades y las consecuencias psicológicas de haber laborado en la Zona Cero.
De las Torres Gemelas al huracán Katrina: una vida dedicada al rescate
El 11-S no fue la única emergencia en la que Rafael Hernández participó voluntariamente. Cuando el huracán Katrina devastó parte de la costa estadounidense en 2005, viajó a Luisiana para ayudar a la población, nuevamente sin esperar una convocatoria formal.
Para él, responder ante una tragedia era parte inseparable de su identidad. Consideraba que entre los bomberos existía una hermandad inmediata, más allá de fronteras, nacionalidades o instituciones.
Antes de morir planeaba regresar a México para reencontrarse con su familia y explorar la posibilidad de trabajar como consultor en rescates y atención de desastres. También quería dejar atrás el peso emocional del World Trade Center.
Rafael Hernández sobrevivió al derrumbe de las Torres Gemelas, pero su historia quedó vinculada para siempre al 11-S: la del bombero mexicano que corrió hacia el fuego, descendió 28 pisos cargando a una mujer embarazada y dedicó sus últimos años a exigir reconocimiento para los trabajadores olvidados de la Zona Cero.
Información de: Infobae


