COAHUILA, ¿SÍ O SÍ AL MANDO ÚNICO?

20 noviembre 2015
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COAHUILA, ¿SÍ O SÍ AL MANDO ÚNICO?

Rubén Olvera Marines

«Es preciso apostar, es preciso escoger»

Blaise Pascal

El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio, esgrimió la particular inmadurez del sistema político durante la firma del convenio para instalar el Mando Único en Michoacán. A saber los alcaldes y gobernadores a quienes dedicó sus palabras, se le escuchó enfático al advertir que la «federación retiraría su apoyo a aquellos estados que no realicen la integración de los cuerpos policiales en un Mando Único».

¿Imaginas el combate a la delincuencia en un estado o municipio sin los recursos y sin la coordinación con las fuerzas federales, incluyendo al ejército? Por supuesto que no. Y sin embargo, no es esto lo más insólito del tema. Lo que verdaderamente caracteriza a los políticos de este país es que en una nación con altos índices de inseguridad, después de casi cinco años de discusión, desde que en 2010 el Consejo Nacional de Seguridad Pública planteó un modelo de seguridad integrado por 32 policías estatales, y a más de un año de Ayotzinapa, no logren aún ponerse de acuerdo y definir el modelo de seguridad más efectivo para el combate de la delincuencia.

Al grado que, en una especie de catarsis, como la del entonces presidente Felipe Calderón, cuando en 2011 reclamó a los gobernadores la lentitud con la que avanzaban y la falta de compromiso respecto a la certificación policial, el hidalguense lleva su mano a la bolsa del pantalón, amenaza con sacar la “roja” y advierte que «expulsará del juego» a aquellas entidades federativas que no se comprometan e instalen de una vez por todas el Mando Único Estatal.

¿Impaciencia o eficacia política? Osorio Chong, al advertir que los estados que no cumplan no tendrán más el respaldo federal, roza los bordes de la autonomía de las entidades federativas y del pacto federal. Mi opinión es que, ambas imágenes, la de un sistema político inconmovible para decidir qué hacer con el eslabón más débil del sistema de seguridad: la policía municipal; lo mismo que usar como moneda de cambio el apoyo federal para la seguridad, describen y sintetizan a la perfección uno de los rincones más sombríos de la ‘caja negra’ del Estado.

Se trata de un estereotipo ganado a pulso por los políticos que proyectan “poca prisa” para avanzar en los temas sustantivos de la seguridad, ante una sociedad francamente incomoda con las distintas corporaciones policiales”—cinco años han pasado desde que iniciaron las discusiones sobre el Mando Único; un año desde que el presidente Enrique Peña perfiló este modelo policial en el Decálogo de Seguridad que emitió en diciembre de 2014—. Pero también, hay que decirlo, “unas cuantas no son 32”; antes de advertir con retirar el apoyo federal a aquellas entidades o municipios que vacilen en la instrumentación del Mando Único, debería precisarse públicamente quiénes y por qué razones —las cuales podrían tener validez técnica y pública— han retrasado su implementación. Por otro lado, quienes tengan una propuesta alterna, dirigida a fortalecer, a cambio de no desaparecer a las corporaciones municipales, pues que la presenten.

No pretendo, con estas líneas, contrariar o reproducir esa idea respecto a lo lento que se están viendo las autoridades como afirmar la urgente necesitad de dejar atrás las discusiones ociosas. Quisiéramos no escuchar frases como “no conozco cómo opera el Mando Único” o “que sí le informé y que no me dijo…”.

De lo que sí estoy seguro es que existe la convicción, incluso entre los propios policías municipales, que algo se tiene que hacer para fortalecer su labor. Ante lo desconocido e incierto, el matemático y filosofo francés Blaise Pascal, recomendaba “decidir” y “apostar”; Pascal nos diría: “la ganancia en seguridad que podría obtenerse del Mando Único (u otro modelo policial municipal) sería siempre mayor a la posible pérdida”.

Su Opinión: [email protected]

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