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LOS MEGAPROYECTOS DE LA 4T, “UN BARRIL SIN FONDO”
Es increíble que el Gobierno de AMLO que usa como bandera principal el combate a la corrupción, es el vivo ejemplo de la falta de control y administración de los principales proyectos que absorben el presupuesto del país, convirtiéndolos en un barril sin fondo. La prisa por demostrar los cambios, ha traído consigo grandes improvisaciones y errores que están costando fuertes sumas de dinero.
Quedó la mala costumbre de los políticos de antaño de pensar que, por el fin social, todas las inversiones son a fondo perdido, sin análisis costo-beneficio y de factibilidad. Y para acabarla nos salieron más mañosos, ya que no hay trasparencia en la aplicación de los recursos. El colmo fue el decreto presidencial de bloquear la información de los proyectos, aduciendo que la seguridad nacional está en riesgo. Afortunadamente la SCJN le ha dado para atrás a dicho decreto, pero es notorio el atraso de los proyectos, de la información de los mismos y el desdén de las autoridades a su obligación de rendir cuentas, lo que huele muy mal.
AMLO en lugar de aliarse a las instituciones creadas “ex profeso” para dar trasparencia como es el INAI, COFECE, ASF y otras, las desacredita simplemente porque lo contradicen y no le dan la razón. La Auditoria Superior de la federación (ASF) en su informe preliminar para el 2021 registró irregularidades en el manejo de los recursos por 61000 millones de pesos, de los cuales no se han justificado ni el 5% de las mismos.
Un proyecto tan importante como es el Tren Transistmico que une el golfo con el pacifico lleva ya casi 3 años, plagado de irregularidades y últimamente hasta de accidentes de furgones-tolva que llevan el cemento para los durmientes. Los mismos vicios: falta de pruebas de resistencia, de análisis de materiales, lo que indica contubernios con la constructora y falta de supervisión. Lo grave, es que pone en riesgo el proyecto más importante para México y la región, el mejor diseñado desde hace muchos años y necesario para el sureste del país, estratégicamente ayudaría al país a mejorar fuertemente su competitividad a nivel mundial creando un polo de desarrollo único.
El tren Maya, que parece más un capricho presidencial trae un sobrecosto del 30%, con cambios de ruta, compra-venta de terrenos y expropiación de los mismos discrecionalmente. El abuso sobre ejidatarios y daño ecológico es de todos los días y las protestas no se han hecho esperar. El costo de este chistecito es superior a los 200000 millones de pesos. Su factibilidad está por verse, pero eso sí, ya volvió también administrador y benefactor del proyecto al ejército.
El Aeropuerto Felipe Ángeles desde su planeación provocó críticas de expertos en la materia. No hablemos del costo real que ha implicado entre cancelar el anterior proyecto y la nueva construcción. Hasta un cerro se les atraviesa y el tráfico aéreo complicara la operación del actual Aeropuerto Benito Juárez. Este va ser el primer proyecto que se termine e inaugure, veremos los resultados, terminando con especulaciones al respecto.
El programa de habilitar y modernizar refinerías también sufre de serios atrasos en sus objetivos. La decisión de reconvertir y dar mantenimiento a las viejas refinerías no ha podido refinar la gasolina y el diésel esperado, pero el billete si se ha gastado fuertemente. A favor cuenta que con la pandemia y las circunstancias del mercado petrolero internacional le ha dado factibilidad y la disyuntiva para el Gobierno será el que la inflación le pegue al bolsillo de los mexicanos o subsidiar su costo. Todo implica billete.
La buena “entre comillas” es que la deuda pública federal se ha ido reestructurando, mandado su pago a largo plazo, por lo que el pago del principal e intereses no es presión en el corto plazo para las finanzas públicas. De todas maneras, este “barril sin fondo”, ha hecho que nuestra deuda represente 5 puntos porcentuales más de nuestro PIB y las calificadoras internacionales nos empiecen hacer el feo en los créditos para infraestructura.


