
Chile: el péndulo regresa a la derecha
Tras la reciente debacle sufrida por la izquierda en Bolivia, ahora todas las miradas se dirigen hacia Chile, donde el 16 de noviembre habrá elecciones presidenciales y legislativas. La gran pregunta es si los chilenos aplicarán la misma receta que ya probaron sus vecinos del norte.
En Bolivia, la derecha se impuso sobre un régimen de izquierda que parecía invencible, aunque en realidad ocultaba heridas profundas.
Lo mismo podría suceder en Chile. Las encuestas apuntan en esa dirección. José Antonio Kast, aspirante de la derecha, encabeza cómodamente las intenciones de voto. Será su tercer intento. En 2021 rozó la presidencia: ganó la primera vuelta, pero le faltó apertura política para sumar aliados y terminó sucumbiendo frente al izquierdista Gabriel Boric.
Cuatro años después, Boric podría entregar la banda presidencial a su viejo rival; ironías de la política. Si hay un país donde el péndulo electoral funciona, ese es Chile, siempre oscilando, al menos tras el régimen militar, entre la tentación de la derecha dura y las promesas de cambio de la izquierda.
Pero no adelantemos resultados; las campañas arrancarán a mediados de septiembre. La abanderada de la izquierda, Jeannette Jara, insiste en que puede remontar. Su estrategia descansa en tres pilares: sanar las heridas de las elecciones internas, aglutinar el voto anticonservador y capitalizar su exitosa gestión como ministra del Trabajo, donde impulsó la jornada laboral a 40 horas, una reforma muy popular.
Si Jara logra combinar estos tres factores, podría convertirse en una candidata más competitiva en la recta final. Curiosamente, la gestión de Boric no figura como un activo para la izquierda; al contrario, para muchos, el exlíder estudiantil dejó mucho que desear.
Durante su gobierno hubo avances destacables —ya mencioné la reducción de la jornada laboral—. Lamentablemente, la inseguridad alcanzó niveles inéditos. En lo económico, Boric no hizo realidad las expectativas de los movimientos sociales de 2019, los mismos que lo llevaron al poder.
Aquellas movilizaciones, recordemos, demandaban corregir o cambiar el modelo heredado desde el régimen militar. Sin embargo, luego de cuatro años de progresismo, el crecimiento se estancó, el empleo se debilitó y la deuda escaló a cifras preocupantes.
Con todo, creo que el mayor reclamo hacia la joven promesa de la izquierda latinoamericana sigue siendo no haber enterrado la Constitución pinochetista, como había prometido. Lo intentó en dos ocasiones; en ambas fracasó.
Kast, en contraste, ha sabido capitalizar con maestría los vectores que más preocupan a los chilenos: inseguridad, desencanto económico y el deseo de avanzar en reformas institucionales profundas.
El fundador del Partido Republicano asegura que aquella derrota de 2021, aunque frustrante, le dejó la experiencia necesaria para no repetir errores. Hoy se le nota más confiado, tanto que ya se imagina en La Moneda. Incluso se rumorea que una de sus primeras acciones sería invitar a Donald Trump. Derecha llama a derecha.
Recordemos que, salvo Uruguay, el Cono Sur prácticamente se ha derechizado. Primero fue Santiago Peña en Paraguay, luego Javier Milei en Argentina, después Bolivia y, si las encuestas aciertan, Chile podría sumarse a esta ola en noviembre.
El péndulo chileno nunca descansa, siempre va de la ilusión al desencanto.