“Cine de arte”, ya simplemente ante el solo concepto, más de uno piensa entre decidir invertir dos horas de tiempo en ver una película o simplemente dejarla pasar. Como si esa amalgama de palabras en una sola idea, nos estuviera advirtiendo de antemano, te lo dije, no es cine comercial, hay que pensarle un poquito. Sin embargo, la realidad es que lo anterior representa una verdad a medias. Es cierto que el cine de arte contiene elementos de ejercicio cognitivo, pero la otra mitad se encuentra completamente inmersa en las emociones, en dejarnos sentir, abrir nuestro abanico de percepciones y dejarnos llevar precisamente, por el arte.
Cine, el séptimo arte, el último de los clásicos concebidos. Arquitectura, escultura, pintura, música, danza, poesía… y cine. Riccioto Canudo, escritor, poeta y crítico italiano, fue el primero que lo etiqueto así cuando en 1911 percibió que esta nueva forma de expresión artística influiría de manera intelectual y permanente, y no se equivocó. Claro que también vale la pena aclarar, que precisamente esta última forma expresión, es la única que se encuentra vinculada estrictamente con un elemento externo al ser humano, pero creado por él, la tecnología. Mediante la tecnología logramos tres cualidades, imagen, sonido y edición. La aportación humana nos permite sumar a esta fórmula, la interpretación de los actores, la dirección y por supuesto la habilidad en el mensaje que se desea transmitir a través de un guión. El producto genera dos resultados, por un lado emociones que nos entretienen a través de la tristeza, alegría, odio, amor, esperanza… y por el otro, educación y cultura.
Ahora bien, lo cierto es que tampoco podemos asegurar que la consideración global de séptimo arte, tenga valor para todas las propuestas que se producen y exhiben en las pantallas del mundo. De ahí que quizá, haya resultado necesario a fuerza de costumbre, catalogar y puntualizar que ciertos filmes más allá del objetivo simple y llano de entretener, aportan algo más, tal vez para que como decía el poeta chino Li Tai Po, consideremos que el mundo está lleno de pequeñas alegrías, pero el arte consiste en saberlas distinguir.
Cuando acudimos a una sala de cine, varios factores influyen en nuestra apreciación sensitiva, como de costumbre nuestro cerebro juega un papel fundamental. Fuera de la pantalla, en total oscuridad, nuestro cerebro transmigra de la experiencia real a la virtual.
Por ende resulta muy fácil dejarnos llevar por tramas apasionantes que en la diversidad de los géneros, nos hacen experimentar lo más fielmente posible esa experiencia a través de efectos visuales y auditivos impresionantes, lo que nos lleva prácticamente a hablar de cine comercial.
Pero ¿Qué sucede con el cine de arte? ¿Cuál es la diferencia? De entrada el poco presupuesto con el que regularmente realizan sus producciones, lo aleja automáticamente de la mercadotecnia y publicidad de los grandes éxitos de taquilla. En segundo lugar, más allá de la línea argumental exclusiva del entretenimiento, el cine de arte posee entre sus cualidades estructurales, educar. En éste regularmente solemos encontrar reflejado por una parte, el sentido cultural estricto de la condición humana en toda plenitud, con sus vicios y sus virtudes. La denuncia, la problemática social, la historia en su evolución e involución. Pero por otro lado, a ello hay que sumarle la creatividad y visión para transmitir fielmente al espectador ante un simple cuadro congelado o la fotografía, una dosis suficiente de empatía que impacte sensiblemente su intelecto y emoción. De la idea al sentimiento y nuevamente de regreso a la idea a través del juicio crítico.
Entonces, ¿Por qué resulta importante reconsiderar nuestra apreciación hacia el cine de arte? Déjeme contarle un dato interesante. Existe un experimento realizado por dos psicólogos cognitivos que se denominó “El gorila invisible”. Mediante éste se realizó una prueba a varios sujetos que consistía en exhibirles un video de un partido de tenis, pidiéndoles que contaran el número de veces que se golpeaba la pelota. A la mitad del video un gorila cruzó el campo de juego y ninguno de los espectadores lo notó. Los psicólogos analizaron la capacidad del cerebro para salirse de un patrón. Obviamente los espectadores al estar enfocados en la pelota, dejaron de considerar la posibilidad de que algo existiera fuera de ese patrón. El experimento tiene su “porqué” respecto a la resistencia sobre apreciar el cine de arte. Según el resultado, a las personas que comúnmente suelen ver un cine comercial, marcado por repetitivos clichés o patrones, les resulta complicado apreciar una narrativa diferente. Lo interesante es que una apuesta cinematográfica que nos permite desarrollar nuestras habilidades cognitivas como el cine de arte, nos aporta además, la capacidad de visualizar y comprender la realidad de manera diferente, logramos ser más juiciosos respecto a los patrones y por ende apreciamos mucho más la inventiva, riqueza de contenidos y creatividad. Así que vale la pena darse una buena oportunidad para apreciar y reconsiderar el cine de arte.
No siempre es posible acceder a ver en la pantalla grande y menos de manera gratuita este tipo de cine. Pero vale la pena contarle que en Coahuila, la Secretaría de Cultura que bien lidera Ana Sofía García Camil, está haciendo su parte al presentar del 9 al 20 de febrero, la 57 muestra internacional de cine de la Cineteca Nacional con excelentes propuestas. ¿Le apetece apreciar buen cine? consulte la cartelera en la página www.culturacoahuila.gob.mx.
«Es imposible hacer una buena película sin una cámara que sea como un ojo en el corazón de un poeta.» Orson Welles
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