Para iniciar este relato, no podríamos comenzar con: “Había una vez un país…” porque aunque el modelo se antoje increíble, la verdad es que existe. Se trata del Reino de Bután, un territorio de 40 mil km², donde viven unos 750 mil habitantes. Está situado en la cordillera del Himalaya entre India y China.
En ese lugar de ensueño, la riqueza no es medida por dinero, se mide a la razón de un “índice de felicidad”. El Producto Interno Bruto (PIB), ha sido substituido por el “FNB”, cuyas siglas significan: Felicidad Nacional Bruta.
Jigme Singye Wangchuck, coronado en 1974, tomó posesión a los 18 años tras la repentina muerte de su padre, entonces declaró que: “La felicidad interior bruta es mucho más importante que el producto interior bruto. Lo que medimos afecta a lo que hacemos. Si nuestros indicadores sólo miden cuánto producimos, nuestras acciones tenderán sólo a producir más. Por eso hay que convertir la FIB de una filosofía, a un sistema métrico”.
Aquella idea no solamente quedó en el discurso, desde ese día toda aplicación de política social se orienta en base a encuestas realizadas a la población para medir su índice de felicidad, y ha producido resultados. En un estudio de 2005, el 45% de los butaneses declaró sentirse “muy feliz”, el 52% reportó sentirse “feliz” y sólo el 3% dijo “no ser feliz”.
El impacto de esta forma de organización, ha encontrado eco haciendo dudar al propio Premio Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz, que sobre la insatisfacción económica mundial a referido: “El gran interrogante implica saber si el PIB, ofrece una buena medición de los niveles de vida”.
Contrario a lo común, donde democracia implica una conquista del pueblo, en Bután sucedió exactamente lo contrario. Su Rey declaró la democracia bienvenida en contra de la voluntad de sus propios súbditos. Por lo tanto, hoy se vive una Monarquía Constitucional, con un Rey, Primer Ministro y representantes populares. El Rey vive en una cabaña modesta y desestimó la intención de su pueblo de construirle un castillo, destinando el dinero para la construcción de escuelas y hospitales.
Ante el materialismo económico y distanciamiento tecnológico de nuestras actuales sociedades, vale la pena tomar como ejemplo a Bután, o ¿será tanto pedir que tengamos que mudarnos para allá?
“La felicidad es interior, no exterior; por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos.” H Van Dyke
Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.
Escrito por: Alberto Boardman





