Algo que vale la pena contar: Es rey quien nada teme, es rey quien nada desea.

17 septiembre 2015
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boardman«Es rey quien nada teme, es rey quien nada desea; y todos podemos darnos ese reino.» Séneca

Entre cada novedad tristemente repetitiva y cansina de mis lecturas contemporáneas, siempre procuro regresar de vez en vez a la frescura de los clásicos. Hoy platicaremos sobre Lucio Anneo Séneca (4 a.C.– 65 d.C) quien sin duda, amén de su provechosa obra, tiene una historia interesante que vale la pena contar. Séneca, filósofo y pensador moralista, fue siempre admirado, influyente y respetado. Ganó tanto amigos, como enemigos. Algo interesante es que probablemente sea una de las pocas figuras históricas que durante su vida, fue condenado tres veces a muerte.

La primera ocasión fue durante el Gobierno de Calígula, quien celoso de sus virtudes, ordenó su ejecución. Sin embargo, una confidente del Emperador convenció a éste de que cancelara la sentencia, argumentando que era muy probable que Séneca muriera primero debido al asma que padecía.
Pero antes que Séneca, primero murió Calígula a quien le sucedió Claudio. Gracias a sus escritos y críticas, el filósofo seguía ocupando un lugar respetado en la opinión pública, así que Claudio ordenó por segunda vez su muerte. De nueva cuenta, ante diversas intervenciones de defensa, finalmente se le conmutó la pena por un exilio forzado a Córcega.

Al llegar Nerón al poder, Séneca, quien había sido tutor del muchacho, se convierte en uno de sus más influyentes asesores. Pero debido a la locura creciente del Emperador y siendo cada vez mas influenciado por voces contrarias al filósofo, terminó desterrándolo y dictando una nueva sentencia a muerte, la tercera es la vencida.

Cuando el Tribuno llegó a casa de Séneca informándole dicha orden, el filósofo decidió suicidarse en el acto para evitar crueldades y torturas. Primero se cortó las venas, pero como esto no funcionó, pidió a su médico de cabecera le suministrara cicuta, envenenamiento que tampoco logró su cometido. Finalmente lo depositaron en una bañera con agua muy caliente donde los vapores terminaron por asfixiarle. Tres sentencias a muerte, pero cientos de sentencias de vida nos dejó el respetable Séneca.

«A vivir se aprende toda la vida, y toda la vida se ha de aprender a morir.» Séneca

Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.

Escrito por: Alberto Boardman

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