Comenzamos 2016 y continúa un gran desinterés de los mexicanos por la lectura. Y me refiero a la lectura de libros, no de estados de Facebook, historias compartidas en Watshapp, memes y correos electrónicos. Y frecuentemente lo comprobamos cuando en cualquier reunión o contacto con amigos o conocidos preguntamos, ¿y ahora qué estás leyendo? y la evasiva se hace presente, no tengo tiempo. Es un hecho, cada vez son menos los mexicanos que leen de adeveras y una de las razones principales, en la que seguramente usted coincidirá, es que históricamente la educación impartida en el país ha fallado respecto a la iniciación y formación de lectores.
A principios del siglo pasado, cuando de manera formal logró incorporarse la literatura en los niveles educativos, el stock de libros existentes se reducía a obras clásicas: Ilíada, Odisea, Shakespeare, Cervantes, todos gran literatura clásica, indispensable sí, pero no de fácil digestión para lectores primerizos.
En lo personal recuerdo que las obras que nos recetaban los maestros en los tres primeros niveles de instrucción pública, seguían siendo las mismas que habían estudiado nuestros padres veinte o treinta años antes. Entonces, por lo que a nuestra generación se refiere, nos formaron practicando el ejercicio de la lectura más como una obligación que como un acto de libertad de pensamiento, cuando esencialmente esa es la idea. ¿Realmente a estas alturas, las nuevas formas de educación han logrado transformar el clásico “machete” es decir, aprender todo de memoria, sin razonar o comprender? Si así fuera, seguramente el número de lectores iría en aumento.
Cuando tenía ocho o diez años, aprendí a amar la literatura de manera personal. Disfrutaba de los mundos imaginados por H. Rider Haggard, Emilio Salgari, Mark Twain y Julio Verne; luego fui fortaleciendo aquella formación lectora con García Márquez, Cortázar, Borges y Fuentes, hasta que hoy, ahora sí, leo con gusto y apreciación lo mismo a Shakespeare y Cervantes que a Hawking o Michio Kaku y disfruto enormemente a Neil Gaiman o Stephen King. Pero primero empecé amando la literatura, de lo sencillo a lo complicado, no al revés como lo planteaba el sistema educativo.
La clave está en aprender a leer amando los libros, y para ello hay que evolucionar con el pensamiento propio de cada edad. Que nuestros niños y jóvenes no consideren la lectura como una imposición, cuando en realidad se trata de la más virtuosa libertad.
Escrito por: Alberto Boardman





