ALBERTO BOARDMAN
«Uno no va al teatro para escapar de sí, sino para restablecer el contacto con el misterio que somos todos.» Jodorowsky
Ante el monopolio tecnológico y televisivo que en esta época nos toco sufrir, hay cada vez menos acceso a contenidos de verdadera calidad artística y cultural como el teatro. No importa si se trata de una ciudad pequeña o una gran metrópoli, el teatro siempre será un símbolo indiscutible de cultura. Al teatro le sucedió algo similar a lo acontecido con las grandes bandas del siglo pasado. Con la llegada comercial del disco, sus presentaciones en vivo se volvieron incosteables. Aún y cuando es claro que nunca pudiera superarse la experiencia de escucharles presencialmente, el disco terminó por menguar esa forma natural de apreciación. Así, televisión cine y demás, han ido desplazando el teatro. Cada vez con menos frecuencia, experimentamos momentos en donde lágrimas y risas de virtuosos y villanos se mezclan por igual, haciendo del arte literario más humano, a través de una palabra o gesto con pasión actoral.
Por eso es de celebrarse cuando nace una nueva apuesta cultural y más aún, cuando ajena a cualquier orden gubernamental, es simplemente enarbolada por verdaderos amantes del arte. Hace unos días, tuve la oportunidad de disfrutar la premier de una obra que ha tenido a bien presentar la recién creada «Casa Alameda». Instalada en una de las mansiones más emblemáticas del centro de Saltillo, precisamente frente a la Alameda Zaragoza, este recinto cultural promete dar un impulso revitalizador a las artes: exhibiciones pictóricas, esculturales, talleres y teatro. Entonces acudí a la representación de «Las Vampiras Morales y sus amores criminales» con guión original de Hugo Arguelles. La casa posee un zaguán posterior (esa vieja pieza donde los antiguos solían conversar, tomar el fresco y disfrutar el olor de las flores), donde se instaló una pequeña escenografía que seguramente no dista mucho de la que originalmente fue parte de la casa. Justo ahí, como espectador logré sentir la intimidad de ser un convidado más, un fantasma quizá que observaba desde muy cerca la tragedia macabra aderezada de humor, sobre dos típicas hermanas quedadas, de esas que seguramente en la niñez de muchos, habrá de permear algún un recuerdo. María Adelfa (Gabriel Neaves) y Rosa Fulvia (Homero Craig), cumplen magistralmente el papel de transportarnos evocando tiempos, costumbres, canciones, sentimientos de culpa y el más fino humor negro que puede entregarse a través de teatro efectivo, real, teatro que vale la pena apoyar. Vaya a la casa y disfrute la obra mientras se encuentre en Saltillo, porque según me confiaron en entrevista, las Vampiras Morales amenazan pronto con visitar otras ciudades del estado.
Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.
Contacto: [email protected] – Twitter: @AlBoardman





