Impuestos no frenarán obesidad

15 julio 2015
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mini-COMIDAEn los últimos años, algunos países como Nueva Zelanda y Dinamarca han promovido políticas públicas en las que se establece un impuesto a los alimentos con alto contenido calórico como grasas saturadas y azúcares. Estas políticas han fracasado.

En ese mismo sentido, en enero de 2014, el gobierno mexicano introdujo el impuesto de un peso por litro a las bebidas azucaradas esperando que el consumo de esta categoría de redujera en pro de la salud.

Sin embargo, la agencia de investigación de mercados Nielsen señala que el consumo de bebidas carbonatadas bajó en un año sólo 182 litros de los 11 mil millones de litros de refresco al año que se consumen en el país.

El estudio El fracaso: Por qué el impuesto al azúcar no frenará la obesidad (Fizzed out: why a sugar tax won’t curbo obesity, en inglés) dado a conocer por la Asociación de Contribuyentes Neozelandesa (Taxpayers’ Union) reveló que las causas de la obesidad son multifactoriales y las bebidas carbonatadas contribuyen muy poco con la ingesta calórica diaria y de azúcar.

Por ejemplo, en Nueva Zelanda las mujeres disminuyeron su consumo de azúcar en 11.2% y los hombres en 6.6%, en un periodo de 11 años (1998 a 2009), sin embargo, la tasa de obesidad en mujeres subió 7.2% y en hombres 10.7 por ciento.

Incluso, la Encuesta de Nutrición en adultos neozelandeses muestra que sólo 5% de la ingesta total de energía proviene de las bebidas no alcohólicas, y 1.6% de la ingesta total de energía de azúcar es consecuencia del consumo de esos productos.

Otro caso es el de Dinamarca, que en 2011 experimentó con un impuesto a las grasas saturadas, lo que provocó un alza en el costo operativo y una reducción en la competitividad de las empresas danesas, lo que generó una inflación de 4.7%. Un año después de aplicado el impuesto, 90% de los daneses seguían consumiendo la misma cantidad de productos con grasas, por lo que el gobierno eliminó la medida tributaria.

La experiencia en otros países demuestra que las personas de los estratos más bajos gastan proporcionalmente más de sus ingresos en satisfacer las necesidades alimentarias, por lo que este tipo de políticas se convierten en medidas perjudiciales además de que no consiguen el objetivo de disminuir los ingredientes que se supone dejarán de consumir los ciudadanos.

El combate a la obesidad debe cambiar su rumbo y adoptar un enfoque más holístico que considere una dieta en general y actividad física, para lograr un verdadero efecto.

Sería bueno hacer una breve radiografía de los causantes de la obesidad en México.

Pues a decir del especialista en materia de salud, la vida sedentaria, los excesos de comidas procesada y la llamada “garnacha” contribuyen de forma considerable a la problemática de la obesidad, incluso hay quien asegura que en 80 por ciento.

Sería bueno hacer un replanteamiento y definir los impuestos y mecanismos que se requieren para enfrentar y combatir ese padecimiento por demás alarmante en materia de salud y costos para el país.

 

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