Algo que vale la pena contar: “Una pizca de probabilidad tiene tanto valor como la libra de un quizá” J. Thurber

27 febrero 2015
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boardmanSeguramente habrá usted visto esos anuncios en los que ocho de cada diez gatos prefieren Whiskas y, nunca se ha preguntado, ¿por qué los otros dos no?

Luego, relativamente hace poco, en una película de ciencia ficción titulada “Guerra mundial Z” hay un diálogo interesante mediante el cual el protagonista pregunta cómo fue posible que solamente en medio oriente,  estuvieran preparados para un evento tan impredecible como podría ser una invasión zombie y el interlocutor le explica todo un rollo sobre la “teoría del décimo hombre”. Esto me llevó a investigar sobre el asunto y he aquí algunas reflexiones.

Más allá de la ciencia ficción, ¿Existe realmente la teoría del décimo hombre? En lo personal, me atrevería asegurar que sí. Tanto, como sé que existen también los cisnes negros de Nassim Nicholas Taleb, la prospectiva de escenarios como una ciencia seria y por supuesto, el postulado acerca de la ignorancia de segundo grado. Y es que resulta imposible imaginar que gran parte de nuestro proceso evolutivo como ente social, hubiese tenido éxito sin la perspectiva radical de esa variable en la ecuación humana.

Pero, vayamos por partes, según la teoría del décimo hombre se establece que: “Siempre que nueve miembros de un consejo de sabios, muestren unanimidad en negar o afirmar un acuerdo, deberá existir también un décimo, uno, que necesariamente deberá estar en contra de los otros nueve. Solamente así, al menos uno de entre los diez, trabajará para prevenir la amenaza más inverosímil”

Nos encontramos ante: probabilidad, estadística, visión holística, creación de escenarios y prospectiva puras. No importa que el décimo hombre se encuentre en el fondo de acuerdo con los otros nueve, su trabajo consiste en analizar la hipótesis contraria a la lógica y establecer parámetros de respuesta ante lo inesperado. Es la única manera efectiva de encontrarnos preparados ante un evento futuro no dimensionado.

Y es que si lo filosofamos un poco, realmente ¿Qué tanto es lo que sabemos comparado a lo que ignoramos? la respuesta es que no existen parámetros posibles. Para proyectarlo consideremos el concepto de la “ignorancia en segundo grado”. Realmente nunca sabemos que tanto se desconoce, porque si supiéramos lo que se ignora, nos prepararíamos para responder a ello y por ende, ya no sería desconocido. ¡Clarísimo! ¿Verdad?

Es como aquella máxima de Bertrand Russell que decía: “Como osamos hablar de leyes del azar” ¿No es acaso, el azar la antítesis de cualquier ley?”

 

Ahora bien, como regularmente suele suceder, toda reflexión filosófica siempre tiene una aplicación práctica. Ya que establecimos que por lógica, la única manera de comprobar la factibilidad de un hecho, requiere por fuerza determinado porcentaje de discrepancia para avalar la imposibilidad de una verdad absoluta, podemos ir más allá si sacamos provecho de esa variable, lo que nos permitiría crear tanto escenarios como respuestas posibles ante un hecho imprevisto.

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