AVISO DE CURVA Rubén Olvera Marines

23 agosto 2019
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La antípoda del PAN

A pesar de perder dos gubernaturas frente a Morena, las elecciones locales del pasado 2 de junio rescataron al PAN del abismo electoral en el que lo sumergió Ricardo Anaya en julio de 2018.

Me explico. Es cierto que Acción Nacional dejó ir dos gubernaturas, sin embargo, creció considerablemente en el porcentaje de votos recibidos. Mientras que, en las elecciones federales de 2019, en coalición con el PRD y con Movimiento Ciudadano, el panista Ricardo Anaya alcanzó el 22.27% de las votaciones (sin coalición, el PAN obtuvo el 17.65%), en 2019, en los seis estados que celebraron elecciones, el PAN consiguió, en promedio, el 29.25% de los sufragios.

Nada que presumir, pero al menos logró contener la debacle, consolidándose como la segunda fuerza electoral del país, y además se estacionó como una oposición de cuidado frente a las aspiraciones del carro completo de Morena.

Sorprendidos por esta antípoda política (más votos, menos gubernaturas), la actual dirigencia nacional que encabeza el michoacano Marko Cortés tendrá mucho que explicar y reflexionar en la próxima Asamblea Nacional del partido a celebrarse el 21 de septiembre.

Por principio de cuentas, deberá hacer un balance certero respecto a lo sucedido en Baja California y Puebla. El estado fronterizo representaba para el PAN, y para el país en su conjunto, un símbolo de la alternancia, ya que en 1989 se convirtió en la primera gubernatura de la época posrevolucionaria que ganara en las urnas un partido de oposición. Además, siendo que Acción Nacional logró reelegirse durante cuatro sexenios más, el modelo de administración pública implementado, junto al de Guanajuato, era considerado por los blanquiazules como un estandarte de buen gobierno y de conexión electoral con la ciudadanía. El modelo se agotó, y el poder terminó desgastando al gobierno panista.

El estado de Puebla simbolizaba el éxito de un gobierno local de coalición encabezado por el PAN. Junto al PRD, Alianza y Convergencia, el panista Rafael Moreno Valle alcanzó logros interesantes en materia de educación y desarrollo económico y social, sin descuidar, por supuesto, el ámbito electoral; mezcla que permitió al PAN y sus aliados reelegirse en las dos elecciones estatales siguientes, y catapultar a Moreno Valle hasta convertirse en un cuadro presidenciable de Acción Nacional. El pasado 2 de junio, el morenista Miguel Barboza terminó con lo que parecía se convertiría en un bastión panista al estilo Guanajuato.

Sin embargo, en las pasadas elecciones locales, de alguna manera Marko Cortés logró enderezar lo torcido, impidiendo el carro completo morenista. Tamaulipas se convirtió en el nuevo bastión azul, ya que el PAN y el gobernador Francisco García Cabeza de Vaca ganaron 21 de las 22 diputaciones locales en juego, dejando a Morena con un distrito. Al mismo tiempo, obtuvieron buenos resultados en Durango y Aguascalientes, reteniendo las capitales de ambos estados.

Con un balance así es fácil concluir que los integrantes de la Asamblea Nacional se dividirán entre la rechifla y el aplauso. La gestión de la dirigencia nacional se justificará diciendo que las derrotas en Baja California y Puebla, dada la inercia electoral a favor de Morena, resultaban inevitables. En cambio, Marko Cortés, con su tradicional estilo triunfalista, presumirá el crecimiento en el porcentaje de votos respecto a la elección de 2018, lo mismo que el “Zapato” aplicado a Morena en Tamaulipas.

A diferencia de Morena y del PRI (Morena porque llegó al poder. Y el PRI por todo lo contrario), el PAN no necesita rediseñarse. Como partido que aspira, junto a sus aliados, a mantenerse en las preferencias de los estados que actualmente gobierna y, sobre todo, a incrementar su bancada en la Cámara de Diputados en las próximas elecciones federales intermedias, bastará con formularse una estrategia electoral y de alianzas adaptada a las coordenadas políticas de los tiempos actuales.

Ya que, en el PAN, se dice, habita su propia antípoda, en la próxima Asamblea Nacional deberá decidir sin titubeos entre dos modelos: regresar al anodino discurso incendiario y confrontativo de Ricardo Anaya o voltear hacia los verdaderos intereses y necesidades del electorado como lo hizo reciénteme el PAN de Tamaulipas. Atento aviso.

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